Ya lo decía Stefan Bollmann, las mujeres que leemos somos peligrosas. Los libros han supuesto durante siglos una ventana al mundo para un género al que tradicionalmente se nos ha relegado a un papel secundario y pasivo en la sociedad.

Ya en el siglo XIV aparecen reproducciones de mujeres viviendo momentos privados e íntimos a través de la lectura, algo que en aquella época se consideraba una amenaza, pues sacaba a la mujer de su rol subordinado y la llevaba a un lugar donde el placer personal, el conocimiento y el disfrute estaba literalmente en sus manos.
1. "Mujer leyendo en un interior", Carl Vilhelm Holsøe

"Y a todos sus talentos, una dama aún debe agregar algo más sustancial, en la mejora de su mente mediante una lectura extensa".
–Jane Austen en Orgullo y prejuicio
Durante el siglo XIX, en plena época dorada para la literatura, surgieron preocupaciones sobre la lectura de las mujeres como un peligro para las estructuras matrimoniales y familiares.
La literatura ayuda a pensar, a conocer otras vidas y por eso se convirtió en una amenaza por el temor que despertaba con respecto a que las mujeres fueran seducidas por los libros y descuidaran sus deberes domésticos.
Por suerte, los intentos por domesticar el "salvaje acto" de la lectura fueron en vano y no nos puede gustar más comprobar que a lo largo de los siglos ha habido mujeres que leen y que cada día más, lo seguimos haciendo.
2. "Reflexiones", Ethel Porter Bailey

3. "La criada", William McGregor Paxton

4. "En el desayuno", Laurits Anderson Ring

5. "Mujer leyendo en un sofá", William Worchester Churchill

6. "Niña leyendo", Jean-Honoré Fragonard

7. "Lectura pacífica", Fernand Toussaint

8. "Sol de la mañana", Harold Knight

Sobre mujeres que leen, recordamos "A las olvidadas", una iniciativa de recogida de libros dedicados por la gente que busca alejar mentalmente a las mujeres presas de su realidad, generar debate y reflexión en torno a este colectivo, y que nos tiene absolutamente enamorados.
h/t: Her Campus