Diez de las pinturas más perturbadoras de la historia del arte

Diez de las pinturas más perturbadoras de la historia del arte

El arte y todas sus disciplinas existen para provocarnos sensaciones, removernos las entrañas e incluso incomodarnos. Este es el caso de algunas de las pinturas más perturbadoras de la historia.

Bien sea por su técnica, el concepto que esconden detrás o lo que representan de manera gráfica, hay algunos cuadros que se quedan grabados en la retina del espectador y la espectadora por provocar sentimientos oscuros y grotescos.

Muchas son las pinturas que producen este efecto, pero nosotros queremos hacer un repaso por diez de ellas.

1. Saturno devorando a su hijo, Francisco de Goya

Perteneciente a sus llamadas Pinturas Negras, Saturno devorando a su hijo es, sin duda alguna, uno de los cuadros más desagradables, explícitos y terroríficos del genio de Fuendetodos. En ella, el dios Saturno aparece retratado como una figura monstruosa, con los ojos emanando pura locura mientras engulle a su hijo por miedo a ser destronado.

Con expresión terrible, Goya nos sitúa ante el horror caníbal de las fauces abiertas, el gigante avejentado y la masa deforme del cuerpo sanguinolento de uno de sus hijos.

2. El rostro de la guerra, Salvador Dalí

En 1940, en pleno exilio europeo y el continente al borde del colapso, Salvador Dalí pinta El rostro de la guerra. No se trata de una obra bélica en sentido tradicional, sino una representación del trauma, la repetición de la violencia y la imposibilidad de escapar del conflicto reflejado en un rostro que transmite horror y desesperación.

El cuadro muestra este rostro suspendido en un paisaje desolado. De sus ojos y su boca salen otros rostros idénticos que se repiten hasta el infinito.

3. El mundo de Cristina, Andrew Wyeth

El cuadro que inspiró una de las escenas de Madres paralelas de Pedro Almodóvar, es esta pintura figurativa que Wyeth realizó con 31 años. En ella, vemos a una joven de espaldas, sentada en un campo de hierba, en un sombrío paisaje de la costa de Maine.

Transmite tensión, angustia, desazón y dramatismo, como la escena de una historia que deberíamos completar en nuestra cabeza. La realidad es que se trataba de la vecina del autor, Anna Christina Olson, quien padecía una condición muscular degenerativa y, sin embargo, se negaba a usar silla de ruedas.

4. Estudio basado en el Retrato del Papa Inocencio X de Velázquez, Francis Bacon

Aunque esta tenebrosa pintura fue realizada en 1953 por Francis Bacon, está inspirada en el retrato de Inocencio X que Diego Velázquez pintó en 1650. Es tan desasosegante como la secuencia de una película de David Cronenberg en la que se dan de la mano el terror y la ciencia ficción.

Esta reinterpretación, que consta de un estilo expresionista e inquieto, muestra al Papa (o su fantasma) sentado en un trono, encerrado tras unos barrotes difuminados y lanzando al aire un grito ahogado. Bacon creó alrededor de cincuenta escenas similares durante las décadas de 1950 y 1960.

5. El grito, Edvard Munch

El grito más icónico del arte contemporáneo y que inspiró a la famosa máscara del asesino Ghostface de la saga slasher Scream, es una de las obras expresionistas más importantes de la historia. Cuentan que el origen de esta obra fue un atardecer real cerca de Oslo. El cielo se tiñó de un rojo sangre y Munch sintió una profunda ansiedad, percibiendo lo que describió como un grito infinito que atravesaba la naturaleza.

Aunque no sobresale técnicamente, los colores y el sentimiento tan universal que transmite, la han convertido en un icono. Además consigue provocar en el/la espectador/a lo que pocas pinturas consiguen.

6. Niña con máscara mortuoria, Frida Kahlo

Frida siempre ha hecho alarde de su cultura y su folklore en su obra. Llevó la esencia de México por todo el mundo. En este óleo, que no es de las obras más conocidas de la artista, llama la atención la estampa plasmada. Frida da forma a una niña (que podría ser la propia pintora) luciendo una máscara de calavera. Junto a sus pies, se sitúa otra careta que encarna a una bestia sanguinaria. 

El simbolismo está estrechamente vinculado con la festividad del Día de Muertos, con la inevitabilidad de la muerte y con los desoladores sentimientos que dibujaron la infancia de la pintora. Su subtítulo, Ella juega sola, refuerza la idea de tristeza y desamparo.

7. La pesadilla, Johann Heinrich Füssli

Como si de un episodio de parálisis del sueño se tratara, la oscura pintura de Füssli muestra a un demonio posado sobre el cuerpo dormido de una joven a la que está a punto de poseer. En el fondo, de entre las sombras, surge la cabeza de un caballo fantasmagórico que observa la inquietante escena.

También conocida como El íncubo, resulta ser una de las obras más emblemáticas de este pintor, reflejando los temas preferidos a lo largo de su obra: satanismo, horror, miedo, soledad, erotismo. El pintor recrea en esta obra un mundo nocturno y teatral, con fuertes contrastes lumínicos, que inspirará toda la imaginería satánica del siglo XIX.

8. Cráneo con cigarro encendido, Vicent Van Gogh

Van Gogh, a pesar de tener una atormentada vida, siempre fue luminoso y colorido en sus cuadros llenos de amarillos y azules vibrantes. No es el caso de esta calavera fumadora. La terminó en 1886 y a pesar de ser una de las pinturas más tenebrosas del pintor, su significado es cómico ya que satiriza todas las veces que los estudiantes de la academia de Bellas Artes de Amberes debían pintar esqueletos para dominar la anatomía sobre el lienzo.

Muchos entendidos, además creen que el pintor holandés más icónico de todos los tiempos quiso hacer una reflexión sobre la fugacidad de la vida y lo irremediable de la muerte.

9. Untitled (1975), Zdzislaw Beksinski

Que esta creación del artista polaco Zdzislaw Beksinski no tenga título, no hace más que sumar magnetismo y misterio al concepto que plantea. A través de este ser sin rostro y arácnido que parece avanzar hacia el espectador, Beksinski hace un alarde de su característico surrealismo oscuro y perturbador.

El pintor investiga a través de su obra, temas como la mortalidad, la destrucción, la supervivencia y el puro miedo existencial. Esperamos que sus distópicas obras de mundos apocalípticos y bélicos sean la invención de un artista, no de un visionario.

10. La cama inglesa, Guillermo Lorca

Esta pintura del pintor chileno Guillermo Lorca, fue usada por la escritora argentina Mariana Enríquez para la portada del libro Un lugar soleado para gente sombría. En ella, un leopardo que mira desafiante a la cámara, parece probar la comida que está a punto de devorar: una joven que yace en la cama.

El contraste entre la víctima que parece entre confusa y aterrada, y el depredador pone al espectador en tensión. Aquí el miedo no es evidente, sino que es fruto de la incomodidad, la irracionalidad y el no saber cómo va a acabar la escena que Lorca nos plantea.

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