Todos los artistas a la hora de crear, pueden atender a un plan preestablecido fijado en forma de boceto, o desarrollar su proceso creativo sobre la marcha movidos por el espontáneo arte de la improvisación.
Y así, sobre la espontaneidad y la improvisación construye Guillermo Fernández-Díez su arte plástico. Como él mismo confiesa, nunca tiene una idea preconcebida sobre el trabajo que va a llevar a cabo.

Betty at Swindon, 2014
Collage
108 x 72 cm
Comenzando siempre por un ojo, sus retratos y sus seres avanzan sobre la marcha, de manera que la obra discurre por el camino más desconocido posible; así, el resultado puede ser una monja, un soldado o unas mujeres-pájaro porque prefiere encontrarse con lo que va pasando en lugar de dirigir la escena.
"Me resulta casi imprescindible empezar una obra sabiendo muy poco de ella, sin preocuparme por un planteamiento previo y sin bocetos preparatorios".
En su obra, el asunto de la identidad le resulta lejano, casi obsceno. No se plantea quién quiere que sea el protagonista, si tiene tal o cual carácter, sino que va trabajando mientras la figura va apareciendo lentamente sobre el papel.

Lorenzo de Kootoo, 2014
Mixta sobre cartulina
50 x 70 cm

Gobernador, 2017
Collage
50 x 60 cm
Según Guillermo, su intervención tiene que ser mínima a la hora de dibujar algo, colocar unos recortes, una boca o un objeto, declara actuar sólo lo imprescindible.
Como un mero ejecutor de sus musas, su misión es dispersar los elementos con los que trabaja, dejarlos que vayan recorriendo rítmicamente el soporte, hasta que de repente todo se acomoda y surge la obra, casi por sí misma.
Fijando sus referencias en los collages que se realizaban en los años 20, cree fervientemente en huir en lo posible de la autoría o de la pertenencia para favorecer lo contrario, que las obras sean cosas de todos, del común. Guillermo entiende de esa manera las cosas del arte, y no sólo las suyas, sino del arte en general.
"Me gusta pensar que estos retratos imaginarios llegan por su propia cuenta, ellos solos, viajeros que se quedan un rato en mi estudio y luego se marcharán por donde han venido".
Como artista, no le interesa manifestar sus sentimientos, proclamar elogios o denuncias, mostrar una actitud determinada o un estado de ánimo en concreto.

Chamán, 2015
Mixta sobre papel
65 x 48 cm

Kootoo Flying Circus VII, 2017
Lápiz sobre papel
40 x 56 cm

Cold Papageno, 2016
Mixta sobre cartón
100 x 70 cm
Otra cosa es lo que subyace en el subconsciente y que aflora no se sabe cómo ni por qué y por eso tampoco le interesa interpretar lo que dibuja; si sus creaciones vienen de ese lugar oculto de la mente, no quiere saber mucho de ello, porque confiesa que la gracia está en no saber y en no pretender saber.
Sus personajes deben ser de otro mundo porque la extrañeza es esencial para él. En sus figuras se mezclan lo andrógino con lo animal y deja libertad para que el espectador pueda completar imaginativamente los personajes o las escenas que pinta.

White N, 2020
iPad drawing
22 x 25 cm

Double Anne, 2012
Mixta sobre papel
70 x 50 cm

Trust your heart, 2018
Mixta sobre cartulina
60 x 100 cm
En cuanto a las técnicas empleadas, el artista afirma que el resultado es lo que quiere ver, de modo que la técnica sirve a la imagen final y le da lo mismo si la obra se hizo de esta o de aquella manera. No le encuentra misterio a lo formal.
Os invitamos a sumergiros en el mundo de Fernández- Díez si sois de los que no soportáis los ideales y huís de los patrones preestablecidos, si sois de los que creéis que en el arte, como en la vida, todo es improvisación.

Mo Michelle, 2018
Collage
80 x 60 cm

Lake Leuci, 2016
Tinta sobre papel
45 x 59 cm
Guillermo Fernández-Díez: Web