Katsushika Hokusai, conocido simplemente como Hokusai nació en Edo, actual Tokio, en 1760 y murió en 1849.
Fue un pintor y grabador japonés, adscrito a la escuela Ukiyo-e del periodo Edo. Es uno de los principales artistas de esta escuela conocida como «pinturas del mundo flotante».
También es conocido por la diversidad de nombres que utilizó a lo largo de su carrera profesional, Shunro, Sori, Kako, Taito, Gakyonjin, Iitsu y Manji.
Cuando hablamos de Katsushika Hokusai, también hablamos del universo del Ukiyo-e, esas estampas japonesas realizadas con planchas de madera que revolucionaron la forma de entender la imagen mucho antes de que Occidente estuviera preparado para ello. Popular en el Japón del siglo XVIII, este estilo retrataba escenas cotidianas, paisajes, actores, geishas y momentos del llamado “mundo flotante”, una visión de la vida ligada al placer, la belleza y lo efímero.
Lo más curioso es cómo estas obras llegaron a Europa: muchas estampas Ukiyo-e se utilizaban simplemente como papel de embalaje para proteger cerámicas exportadas desde Japón. Lo que en su país era algo cotidiano, en Occidente se percibió como una auténtica revolución visual. Sus composiciones rompían con las reglas clásicas de la perspectiva y sus colores parecían venir de otro lugar.
La fascinación fue inmediata. Tras la Exposición Universal de París de 1867 nació el fenómeno del “Japonismo”, que acabaría influyendo profundamente en artistas como Claude Monet, Édouard Manet, Pierre-Auguste Renoir o Vincent van Gogh.
Entre todos los artistas del Ukiyo-e, Hokusai destacó por encima del resto gracias a una mirada obsesiva y llena de vida. Sus paisajes y figuras transmitían movimiento, energía y una forma completamente nueva de observar el mundo. Décadas después, su influencia sigue intacta.
