Sensory Activation: la pintura de Isabela Córdoba Torres

Sensory Activation: la pintura de Isabela Córdoba Torres

La pintura de Isabela Córdoba Torres se sitúa en un territorio de convergencia entre arte, ciencia y experiencia corporal, donde la abstracción se convierte en un medio para explorar los procesos mediante los cuales percibimos, interpretamos y transformamos el mundo.

Su proyecto Sensory Activation parte de una inquietud transversal: ¿cómo traducir a un lenguaje visual las dinámicas que articulan la actividad sensorial, la organización del sistema nervioso y la experiencia subjetiva?

Texto por John Ángel Rodríguez Castro.

Lejos de buscar una representación literal de estructuras biológicas, Córdoba Torres encuentra en la acuarela un dispositivo material capaz de aproximarse a la fluidez, la indeterminación y la transformación que caracterizan tanto los procesos perceptivos como las formas en que la vida se reorganiza a través de la experiencia.

La práctica de Isabela Córdoba Torres se desarrolla a partir de una trayectoria interdisciplinaria que comprende las artes visuales, la música, la actuación y el diseño. Esta formación no constituye simplemente un antecedente biográfico, sino un marco desde el cual comprender su interés por las relaciones entre cuerpo, energía, percepción y expresión.

En este recorrido, el texto The Energetic Performer, de Amanda Brennan, representa un detonante conceptual para su investigación durante la maestría en Actuación para Cine en la Royal Central School of Speech and Drama de Londres.

La lectura de este trabajo influyó en el desarrollo de sus inquietudes en torno a la dimensión energética del cuerpo y sus posibilidades expresivas, proporcionándole un punto de partida para explorar cómo el movimiento, el gesto y la presencia corporal pueden traducirse a otros lenguajes artísticos.

Desde esta perspectiva, su posterior investigación pictórica puede entenderse como una expansión de aquellas
preocupaciones hacia la materialidad de la acuarela, donde el gesto deja de manifestarse exclusivamente a través del cuerpo en movimiento para adquirir nuevas formas de expresión mediante la mancha, la transparencia y la interacción entre pigmento, agua y superficie.

El desplazamiento de la actuación hacia la pintura no implica, en este sentido, un abandono del cuerpo como lugar de experiencia, sino una reconsideración de sus capacidades expresivas. Si en la actuación el gesto moviliza una presencia corporal situada en el tiempo, en la acuarela el movimiento se sedimenta en la mancha, la transparencia y la relación entre pigmento y superficie.

La energía deja de manifestarse exclusivamente como acción física para adquirir una existencia material y visual. En este tránsito, el gesto pictórico conserva algo de su impulso originario, pero también queda sometido a las condiciones específicas del medio: la absorción del papel, la capilaridad del agua, la dispersión del pigmento y los límites que emergen durante el proceso de secado.

Esta relación entre cuerpo y percepción puede ponerse en diálogo con la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty, para quien la percepción no constituye una recepción pasiva de información procedente del exterior, sino una modalidad fundamental de nuestra existencia corporal en el mundo.

Desde esta perspectiva, percibir supone establecer relaciones, organizar diferencias y participar activamente en la constitución de aquello que aparece ante nosotros. La pintura de Córdoba Torres puede comprenderse, entonces, como una exploración de las condiciones sensibles que hacen posible la experiencia, antes que como una representación de objetos reconocibles.

Sus composiciones abstractas invitan a una mirada que oscila entre la identificación de formas orgánicas y la experiencia de configuraciones que permanecen abiertas, sin resolverse en una figura definitiva.

El interés de la artista por la neurociencia y la neuroplasticidad amplía esta investigación. El sistema nervioso transforma estímulos mediante complejos procesos electroquímicos, mientras que la percepción involucra interacciones entre la actividad neuronal, la memoria, la atención y las condiciones corporales y ambientales.

La neuroplasticidad, por su parte, designa la capacidad del sistema nervioso para modificar su organización y funcionamiento en respuesta a la experiencia, el aprendizaje y otras condiciones. Estas dinámicas proporcionan a Córdoba Torres un campo de investigación desde el cual interrogar la relación entre estructura y transformación, continuidad y cambio, organización e indeterminación.
Sin embargo, la relevancia de este vínculo no reside en establecer una correspondencia directa entre los mecanismos neuronales y las operaciones de la pintura. Su productividad es fundamentalmente poética y epistemológica: permite trasladar preguntas surgidas de la observación científica a un ámbito donde la materia, el gesto y la percepción generan otras formas de conocimiento.

Las imágenes microscópicas, las visualizaciones de estructuras biológicas y las representaciones
asociadas a procedimientos de observación del sistema nervioso funcionan como referencias que atraviesan el proceso creativo sin determinar por completo su resultado.

Al ingresar en el espacio de la abstracción, estas referencias dejan de operar como documentos explicativos y se convierten en detonantes de relaciones visuales, ritmos y configuraciones materiales.

En este punto, el concepto de metamorfosis adquiere una importancia particular. Las manchas, las membranas y las formas que evocan tejidos o estructuras celulares parecen situarse en un estado de transformación continua. No se presentan necesariamente como organismos identificables, sino como configuraciones que emergen, se expanden, se interrumpen y se reorganizan.

La pintura no reproduce la apariencia estable de una entidad biológica; explora las condiciones bajo las cuales
una forma puede aparecer y transformarse. La metamorfosis se convierte así en un principio de articulación entre la observación científica, la experimentación material y la experiencia emocional.

La relación entre estas dimensiones encuentra un contrapunto teórico en Catherine Malabou, cuya reflexión sobre la plasticidad examina la capacidad de las formas para recibir, producir y perder su configuración. Aunque la plasticidad neuronal y la transformación pictórica pertenecen a registros diferentes, su puesta en relación
permite formular una pregunta compartida: ¿cómo emerge una nueva forma a partir de una organización previa y de las fuerzas que la modifican?

En Sensory Activation, esta pregunta se manifiesta en una pintura que no busca clausurar la imagen, sino sostenerla en un estado de apertura. Las formas parecen conservar las huellas de un proceso que no termina en el momento de su fijación sobre el papel.

La elección de la acuarela resulta decisiva para esta investigación. Su aparente ligereza esconde un proceso de considerable complejidad técnica, en el que la precisión del gesto convive con la contingencia de la materia. El agua transporta y dispersa el pigmento; la superficie absorbe, retiene o desplaza sus huellas; las transparencias producen superposiciones que alteran la percepción de profundidad y densidad.

La artista debe intervenir dentro de un campo de posibilidades que nunca controla por completo. Cada decisión modifica las condiciones de las siguientes, de modo que la pintura se desarrolla como una secuencia de acciones, respuestas y reajustes.

Esta dinámica introduce una tensión productiva entre intención e imprevisibilidad. La acuarela exige una atención sostenida a las condiciones materiales del trabajo, pero también la capacidad de reconocer posibilidades que aparecen durante su ejecución. La precisión no se opone a la espontaneidad: ambas se articulan en una práctica que requiere observar, anticipar y responder.

En este sentido, el medio ofrece una analogía material con ciertos aspectos de la experiencia perceptiva, sin que ello implique equiparar el comportamiento del agua con el funcionamiento neuronal. Lo que comparten es, más bien, la posibilidad de que una configuración emerja de la interacción entre múltiples condiciones, ninguna de las cuales explica por sí sola el resultado final.

El interés de Córdoba Torres por la mancha y la improvisación también permite establecer una relación crítica con la tradición de la abstracción gestual, particularmente con la práctica de Jackson Pollock. En ambos casos, el gesto y el comportamiento de la materia participan activamente en la construcción de la imagen.
No obstante, mientras que el gesto de Pollock se asocia frecuentemente con la extensión corporal del movimiento sobre el lienzo y con la organización rítmica de la superficie, la acuarela de Córdoba Torres se desarrolla mediante una economía distinta de medios, en la que la transparencia, la difusión y la concentración del pigmento adquieren una relevancia específica.

La comparación no supone una filiación estilística directa, sino que permite situar su trabajo dentro de una historia más amplia de la pintura que ha cuestionado la primacía de la representación figurativa y ha explorado el
potencial expresivo de la acción material.

En este contexto, la noción de sensación desarrollada por Gilles Deleuze en Francis Bacon: The Logic of Sensation ofrece otra vía de interpretación. Para Deleuze, la pintura no se limita a representar aquello que vemos, sino que puede hacer visibles fuerzas, intensidades y relaciones que no se reducen a una imagen reconocible.

Desde esta perspectiva, las configuraciones de Córdoba Torres pueden abordarse como campos de intensidad en los que las manchas y las transparencias producen tensiones sin necesidad de remitir a un objeto estable. La obra no describe simplemente una estructura celular o una membrana: organiza condiciones para que el espectador
experimente visualmente la aparición de relaciones, densidades y ritmos.

El silencio que parece habitar estas composiciones constituye otra dimensión significativa de su lenguaje. No se trata de un vacío carente de actividad, sino de una suspensión que permite atender a los acontecimientos mínimos de la superficie.

Las transiciones cromáticas, los límites difusos y las zonas de concentración del pigmento producen una temporalidad pausada, en la que la mirada debe adaptarse a una organización que no se revela de inmediato. La experiencia de la obra se construye mediante una observación sostenida, susceptible de activar asociaciones con formas orgánicas, paisajes microscópicos o procesos de transformación.

Estas asociaciones, sin embargo, permanecen abiertas y dependen también de la memoria visual y la
sensibilidad de cada espectador.

La mimesis adquiere aquí un sentido distinto al de la reproducción fiel de una realidad exterior. En Sensory Activation, imitar no significa copiar una estructura científica, sino investigar cómo las formas pueden traducirse, desplazarse y adquirir nuevas condiciones de aparición.

La abstracción opera como una práctica de interpretación: las imágenes científicas son observadas, seleccionadas y transformadas mediante las posibilidades específicas del medio pictórico. El resultado no constituye una ilustración de la neurociencia, sino una exploración de los límites y las posibilidades de traducir entre sistemas de conocimiento que organizan sus objetos de maneras diferentes.

Esta operación plantea, a su vez, una cuestión relevante para el arte contemporáneo: ¿qué sucede cuando las imágenes producidas para observar y explicar fenómenos científicos ingresan en una práctica artística que no tiene la obligación de demostrar una hipótesis ni de ofrecer una descripción verificable?

En lugar de buscar una síntesis definitiva entre arte y ciencia, Córdoba Torres trabaja en el intervalo que separa y
conecta ambos campos. La ciencia aporta procedimientos de observación y modelos visuales; la pintura introduce indeterminación, sensibilidad y una temporalidad material que altera el estatuto de esas referencias. El diálogo no elimina las diferencias entre las disciplinas, sino que las convierte en parte del proceso creativo.

La importancia de esta práctica reside, finalmente, en la manera en que articula investigación y sensibilidad sin reducir una a la otra. La experiencia interdisciplinaria de Córdoba Torres le permite abordar la pintura como un espacio de interrogación en el que el cuerpo, la materia y el conocimiento científico se encuentran sin perder sus
particularidades.

Sensory Activation propone una abstracción que no se distancia del mundo para refugiarse en una autonomía puramente formal, sino que vuelve sobre sus procesos menos evidentes: las dinámicas de la percepción, las transformaciones de la vida y las relaciones que hacen posible la emergencia de una forma.

En estas pinturas, la metamorfosis no constituye únicamente un motivo visual. Es también una manera de comprender la práctica artística como un proceso abierto, en el que observar implica interpretar, intervenir supone transformar y producir una imagen significa negociar entre intención y contingencia. La acuarela ofrece el medio para sostener esa negociación, mientras que la investigación sobre la percepción y el sistema nervioso proporciona un horizonte conceptual desde el cual interrogarla.

Entre la precisión del gesto y la autonomía de la materia, entre la observación científica y la experiencia sensible, Córdoba Torres construye un lenguaje pictórico que invita a reconsiderar la abstracción como un lugar donde el conocimiento no se limita a ser representado: también puede ser transformado.

Texto por John Ángel Rodríguez Castro, curador y fundador de Grey Cube Projects.

Isabela Córdoba Torres: Instagram

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