El fotógrafo Spencer Tunick prepara una nueva instalación en Granada. Una intervención colectiva con cuerpos anónimos convertidos en materia prima del arte.
Spencer Tunick (Nueva York, 1967) es un fotógrafo y artista visual reconocido por sus instalaciones masivas con cuerpos desnudos en espacios públicos. Su obra explora la relación entre el ser humano y el entorno urbano o natural, despojando al cuerpo de su carga sexual o individual para transformarlo en un elemento abstracto dentro del paisaje.

Sus acciones se han desarrollado en ciudades como Nueva York, Sídney, Ámsterdam, Ciudad de México o Barcelona, entre otras.
Ahora llega a Granada con un nuevo proyecto: Retrato Alhambra 1925, una propuesta artística impulsada por Cervezas Alhambra.
Retrato Alhambra 1925 es una intervención artística participativa que tendrá lugar en los paisajes naturales de Granada. Cientos de personas voluntarias se integrarán en la escena, pintadas de un verde especialmente creado para la ocasión, en sintonía con el color de los olivos andaluces.
La propuesta parte del deseo de conectar arte, naturaleza y tiempo pausado: un homenaje visual al ritmo lento, a lo que se saborea con calma, y a la belleza de lo colectivo. El proyecto toma su nombre del año en que nació Cervezas Alhambra, y se inscribe en su apuesta por apoyar iniciativas culturales que inviten a mirar —y vivir— de otra manera.
Con motivo de esta nueva obra, Tunick conversó con Cultura Inquieta sobre arte, censura y el poder transformador de la participación colectiva.
CI: Vivimos tiempos extraños, de mojigatería y censura. Mostrar un simple pezón puede parecer un acto escandaloso. ¿Cómo lo llevas?
Spencer Tunick: Creo que lo que hacemos genera cambios lentos. No se trata de rendirse, sino de seguir empujando los límites y, por supuesto, de protestar. Las protestas son legales en Instagram incluso si hay pezones. Si conviertes tu arte en una protesta y lo documentas como tal, puedes protegerte y defenderte si te censuran.
Pero el trabajo que hago con Cervezas Alhambra no es una protesta. Es una celebración del arte, de la conexión con la naturaleza y de desconectar un poco del caos que nos rodea.
CI: Parece que la polémica te ha seguido durante años, aunque no era tu intención. ¿La controversia alimenta de alguna forma tu obra?
Spencer Tunick: Bueno, a mí me encanta la tensión que se genera entre el cuerpo, como abstracción, y el espacio urbano. Me atrae esa imagen. En los 90 estaba centrado en crear estas obras. No pensaba en si me arrestarían, estaba en lo que yo llamaba “la zona América”, una zona idealizada de “libertad”.
Mi intención nunca fue provocar detenciones, sino hacer arte. No buscaba confrontaciones, ni hacer desnudos frente a comisarías o escuelas. Siempre intenté alejarme de eso y centrarme en mis obras, que hacía al amanecer para captar una ciudad casi onírica. Intento evitar la controversia.
CI: En muchos sentidos, el arte es transformador. Si no, no sería arte.
Spencer Tunick: Sí. El arte transformador no solo se contempla, también se vive. Y en el mundo del arte hay pocos espacios donde alguien pueda formar parte de la obra. Existen instalaciones que se pueden recorrer, pero ser el propio medio artístico es algo raro para el público. Kusama, por ejemplo, deja que la gente entre y ponga pegatinas en una sala, pero es poco común.
Lo que me entusiasma de mi trabajo es que involucra al público. Les da la oportunidad de formar parte de algo de lo que normalmente están excluidos. Por eso me siento afortunado de invitar a personas a hacer algo tan surrealista como posar pintados de verde entre los olivos.
Crear una abstracción verde entre esos árboles que marchan por las montañas de Granada será todo un reto. Y me emociona poder compartirlo.
Todavía me asombra que haya gente interesada en participar. Yo sigo emocionado por hacer estas obras. La mayoría de artistas pueden crear 10 o 20 piezas al año. Yo solo hago una o dos grandes intervenciones anuales.
Sigo con ganas de viajar, de trabajar con el color. Desde 2012 he estado explorando el uso del cuerpo pintado de verde. Casi 15 años ya.
Así que cuando Cervezas Alhambra me preguntó si quería hacer algo en Granada, pensé en ese verde. Lo ajustamos al verde oscuro, con toques amarillos, típico de allí.
Y quien quiera participar en Retrato Alhambra 1925 puede apuntarse. Seremos cientos.
Además, con la pintura corporal, quien sea más tímido puede mantener el anonimato. Todo estará cubierto: cara, genitales… Y a todas las personas que participen, la organización les regala una copia impresa de la instalación.
España está en mi corazón. Y me hace mucha ilusión volver y ofrecer a nuevas personas la oportunidad de formar parte. De volverse verdes.

El arte de Tunick invita a disolver el yo para formar parte de un cuerpo colectivo que, por un instante, desafía los límites del paisaje, la censura y la rutina. Granada será el escenario de esta experiencia irrepetible, abierta a quienes deseen vivirla.
Autoría de la foto de portada: Marcus Bonato.