Imagínate esto: estás deambulando por internet, en un foro dedicado a hablar de cosas paranormales y misteriosas, cuando de golpe, después de navegar sin rumbo en un mar de scroll infinito hay una imagen que capta tu atención.
Se trata de una fotografía un poco inclinada, sientes una sensación de inestabilidad, el espacio, tan cotidiano como inquietante, tiene una alfombra y paredes amarillas, su luz, con ese zumbido interminable característico y ese color fluorescente y cálido, prolonga la imagen, no sabes dónde empieza ni dónde termina, solo sabes que no te gustaría estar aquí.
Estos lugares son conocidos como Backrooms, estos espacios liminales que después inspiraron una infinidad de leyendas urbanas, relatos terroríficos e historias inquietantes. Un usuario anónimo explicaba:
«Si no tienes cuidado y te sales de la realidad en las áreas equivocadas, terminarás en las Backrooms, donde no hay nada más que el olor a alfombra húmeda, la locura del amarillo monocromático, el interminable zumbido de las luces fluorescentes y aproximadamente seiscientos millones de millas cuadradas segmentadas de manera aleatoria, en las que puedes quedar atrapado. Dios te libre si escuchas algo deambulando por ahí, porque puedes estar seguro de que ya te escuchó».
Aunque pueda parecer un fenómeno muy nicho de foros como 4chan, realmente, estos espacios van más allá de los límites de tu ordenador, y es que, probablemente, has estado en una Backroom y no lo sabes.
No son pocas las personas que han destacado cómo hay lugares que nos resultan extrañamente inquietantes, por mucho que sepamos que no corremos ningún peligro. Si todavía no sabes de lo que estamos hablando, vamos a ponerte cinco ejemplos para ver si tú también has sentido esa sensación de extrañeza.
El aeropuerto de madrugada:
Si te digo que me expliques cómo se siente un aeropuerto de madrugada, probablemente se te ocurran palabras como «tranquilo» o «silencioso», pero si te hago esa misma pregunta mientras te encuentras en ese espacio, probablemente tus respuestas tengan más relación con esa sensación de desorientación o confusión, sentimos como si ese no fuera nuestro sitio, como si no tuviésemos que estar allí.
Sientes que estás solo y adormilado en un lugar que, aunque no haya empleados, sigue despierto y sigue funcionando como un reloj. Los aeropuertos son lugares enormes que están diseñados para estar llenos de gente, en cambio, de madrugada están completamente vacíos, tanto que lo único que puedes escuchar es el zumbido de la ventilación y el eco de tus propios pasos mientras caminas por pasillos, puertas, salas y zonas casi idénticas. «¿Ya he pasado por este acceso?», piensas mientras aceleras el ritmo inconscientemente.
El pasillo de un hotel vacío:
Algo similar sucede con los hoteles vacíos, con sus pasadizos interminables y repetitivos, adornados con una moqueta que alarga su longitud, papel pintado con el cual parece que estés caminando en la misma posición, lámparas o jarrones que se suceden una y otra vez y habitaciones idénticas preparadas para recibir a gente, pero, quizás, no hay nadie dentro.
Además, a diferencia del aeropuerto, en esta Backroom no tienes referencias del exterior, no hay ventanas que te indiquen qué momento del día es ni cuánto tiempo ha pasado desde que has entrado allí.
Pero sobre todo, la sensación que te invade es la incertidumbre de no saber qué hay detrás de cada puerta.
Un aparcamiento subterráneo:
Siguiendo en la línea de no tener contacto con el exterior, tenemos los aparcamientos subterráneos, donde no solo no tienes ventanas, sino que además, su salida es compleja de encontrar en ese laberinto lleno de rampas, columnas, plantas y pasillos de hormigón.
Esa ausencia de ventanas es compensada por una deslumbrante luz blanca, creando una atmósfera fría e irreal y un juego de sombras que engaña a tu cerebro, haciéndote creer que quizás no estás solo y que quizás ese ruido reverberado que has escuchado hace un instante no era un motor de un coche, sino un rugido de un ser grotesco.
Lavanderías de autoservicio:
Aunque en comparación con los anteriores ejemplos, es un espacio más reducido que tan solo consta de una habitación de pocos metros cuadrados, aun así cumple con todas las características de una Backroom.
Para empezar, tenemos el constante traqueteo de las lavadoras y secadoras, unas máquinas metálicas y grandes posicionadas en una alineación casi hipnótica. Suelen estar bastante vacíos, pero en el caso de estar acompañado, las otras personas tienden a comportarse de forma monótona, apagada y distante. Toda esta escena está iluminada con los típicos fluorescentes que bañan el espacio, dando una sensación de ensoñación.
Quizás por eso Daniel Scheinert y Dan Kwan seleccionaron la lavandería como el lugar donde trabajaban los protagonistas de la película Todo a la vez en todas partes. Una film donde los personajes verán su realidad alterada y sentirán aquella sensación de desorientación que también nos transmiten las Backrooms.
Un centro comercial completamente desierto:
Llegar a un espacio diseñado para albergar a una multitud y encontrarlo totalmente vacío es una experiencia realmente extraña, como cuando vas a un centro comercial y está completamente desierto.
Caminas por sus pasillos, con precaución, intentando llevar a cabo la labor por la que habías venido al mall, pero te incomoda la atenta mirada de los maniquíes en sus escaparates, que, aunque nadie les esté vigilando, siguen cumpliendo su función.
Las escaleras mecánicas siguen subiendo y bajando, los expositores siguen iluminados y los carteles publicitarios siguen mostrando esos rostros sonrientes que te invitan a disfrutar de tu experiencia cuando algo en tu interior te dice que no deberías estar allí, que huyas antes de que sea demasiado tarde porque incluso aquello que parece tu salvación, estar acompañado, sigue siendo igual de terrorífico en un espacio tan desamparado.
¿Pero qué pasa cuando encuentras una backroom en la trastienda del lugar donde trabajas?
Eso es lo que le sucede a Clark, el dueño de una tienda de muebles que se siente desganado y frustrado con su vida, una noche descubre que entre las paredes del sótano de su local hay una extraña puerta que le llevará a una dimensión paralela de pasadizos infinitos.
Esta es la trama de la exitosa película Backrooms, que ha llevado ese fenómeno de culto de internet a la gran pantalla, cuya historia ha fascinado -y aterrorizado- a decenas de millones de espectadores en todo el mundo y que ahora llega por fin a Filmin.
A partir del 25 de septiembre no tendrás que ir a ninguna lavandería, parking o aeropuerto de madrugada para experimentar el fenómeno de Backrooms, sino que podrás ver la película protagonizada por Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, conocida por sus papeles en las cintas La peor persona del mundo y Valor Sentimental, también en Filmin. Backrooms está dirigida por Kane Parsons, un joven director de tan solo 21 años que empezó su carrera de forma amateur colgando videos inquietantes en YouTube.
Si todavía piensas que jamás has sentido esta sensación, que Backrooms no es otra cosa que una simple imagen de internet y que nada de esto te resulta familiar, ahora es el momento de ponerlo a prueba con esta película.
