La historia de la prostitución está, sugiere, profundamente entrelazada con la de la fotografía; buscadores de placer, de amor y de inspiración han recurrido una y otra vez a las puertas de los burdeles.
"Trata sobre el anhelo de contacto humano", dice el galerista Daniel Cooney de Scarlet Muse, una exposición que abarca 150 años de prostitución contados en fotografías.

La muestra incluye el trabajo de más de una veintena de fotógrafos que hicieron amistad, cortejaron, emplearon, o eran ellos mismos profesionales del sexo. Esto no es un cuento sobre las "casas de mala reputación" en la medida en que la selección de Cooney no pone el foco sobre lo "cutre o sucio", sino que utiliza la naturaleza provocativa de los trabajos para revelar el palpitante deseo de su núcleo.

Scarlet Muse incluye trabajadores sexuales de todos los géneros, y nos muestra como, tras décadas de desgaste, la "mirada masculina" de mediados del siglo XIX comienza a desintegrarse. Comenzando con Auguste Bruno Braquehais, el fotógrafo sordo del siglo XIX cuya modelo le silencia con un dedo sobre los labios mientras separa las piernas, las dinámicas de poder nunca son tan claras como podría parecer.

En conjunto, estas imágenes se convierten en un catálogo de amores conseguidos y amores perdidos, del apetitos saciados e insatisfechos, y de personas que en algún momento han iluminado a otras personas.

















