A una media hora de la ciudad vasca y tras varias curvas pronunciadas, encontramos una iglesia renacentista rodeada de verde y cerca de un rÃo que levanta poca sospecha sobre lo que esconde en su interior.

Esta basÃlica de 1530 en la que se ha casado y bautizado mucha gente de la zona es a dÃa de hoy el hogar de Tas Careaga.
¿Quién es Tas Careaga? Tas nace en Venezuela, pero por circunstancias familiares acaba junto a su padre y sus hermanos en Bilbao —el lugar de origen de su familia— con tan solo un año.
Quizá esas circunstancias y un entorno atÃpico tengan mucho que ver con su personalidad. Solo hacen falta cinco minutos de charla con él, para darse cuenta de que la ilusión de convertir en realidad aquello en lo que cree es su motor, y lo que le ha llevado a ser skater o programador web y a fotografiar, a pintar o llevar a cabo la locura de comprarse una iglesia hecha escombros.

En realidad, buscaba una casa de campo peculiar cuando encontró un anuncio de «Se vende terreno con edificiación en ruinas». Lo que no se imaginaba es qué era esa edificación abandonada y mucho menos que después de 3 años largos de obras acabarÃa viviendo en una iglesia.Â
"Estar aquà es un poco experimento, yo siempre he sido bastante urbanita", confiesa. Pero ya lleva más de un año y medio preparándose el café en lo que un dÃa fue un altar.
A excepción de las partes más técnicas, en las que ha contado con la ayuda del estudio de arquitectura Garmendia Cordero, el propio Tas se ha encargado del diseño de los 160 metros de planta y sus 3 alturas, asà como de la producción de todo: dirigir la obra, elegir los materiales o diseñar y montar la cocina y otros muebles  —como la mesa o las sillas— amigos y cervezas mediante, eso sÃ.
Lo mismo que hubo amigos que le cuestionaban con que "se le habÃa ido la olla" o que le vacilaban con que "se habÃa comprado un decorado del oeste" cuando se enteraron de su proyecto, hubo quienes conociéndole, sabÃan que si se habÃa embarcado en semejante desafÃo era porque el resultado merecerÃa la pena.Â

Es consciente de que vivir en una iglesia no está al alcance de cualquiera no solamente por la inversión económica, sino por el esfuerzo personal que supone; también es consciente de que mientras él viva aquÃ, la iglesia estará cambiando constantemente porque no es precisamente alguien conformista y el suyo es un hogar muy vivo en el que todo tiene su historia, su valor sentimental o su utilidad detrás.
Desde la ducha o la pista de skate exterior, hasta los muebles de casa de su abuela, pasando por cada una de las fotografÃas o cuadros que cuelgan de las paredes, la mayorÃa de ellos firmados por amigos o por él mismo.
En cuanto a qué es lo mejor y lo peor de vivir en un sitio de estas caracterÃsticas, la respuesta es la misma: "Estar aislado".
Poder disfrutar de un hogar asà en semejante entorno, conlleva perderse planes improvisados y tener menos vida social, aunque nos consta que ejerce de buen anfitrión.


Agradece la repercusión que está teniendo el que ha sido uno de sus mayores retos y le hace ilusión saber que hay personas de todas partes del mundo que valoran el resultado de tanto esfuerzo invertido, un esfuerzo que no cuestiona ni por un segundo que haya merecido la pena;Â
"Solo con lo que he aprendido y lo que ha surgido a raÃz de esto —le han salido encargos para diseñar algunos espacios— me ha compensado".
De hecho, ya tiene en mente otro par de proyectos, uno de ellos otra iglesia aún más grande por la zona.
Aunque parezca mentira, aún no le han hecho ofertas de compra en firme, pero muchos ya soñamos con esa posibilidad. ¡Gracias por abrirnos las puertas de tu casa, Tas! Te seguiremos la pista.












