"No hay cabida", un corto documental sobre vivir a lo rural o alienarse en la ciudad

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Cuando uno llega a la edad adulta y empieza a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, puede caer en la cuenta de que la felicidad no es la que nos han vendido de que las grandes ciudades son lo mejor y están llenas de grandes oportunidades.

La vida esperada (o la que los demás esperan de ti) es esa en la que consigues un trabajo, una pareja, te hipotecas y tienes hijos y, además, en ese orden porque es lo responsable, lo que hay que hacer a pesar de asfixiarnos y perdernos en el camino por conseguirlo.

 

No hay cabiba un corto documental de Alberto del Valle 1

 

"No hay cabida" es el corto documental que supone la ópera prima del cámara Alberto del Valle y que abre un importante debate que va más allá de su premisa, ¿dónde está la felicidad, en vivir en el campo o en la ciudad?

La idea de prosperidad, en la sociedad en la que nos ha tocado vivir, está relacionada a conseguir metas materiales y objetivos que nos dignifican como personas pero que tienen un coste muy alto, el de perder valores relativos a la empatía, la solidaridad y, lo más importante, relativos al sentimiento de comunidad.

 

No hay cabiba un corto documental de Alberto del Valle 2

 

La crisis económica, el elevado precio de las hipotecas y los alquileres, los trabajos precarios, el estrés de los ritmos cosmopolitas, las jornadas laborales interminables o los inteminables viajes de vuelta a casa en transporte público, están empujando a mucha gente a preguntarse si hay vida más allá de las ciudades, si hay vida en general.

Esa angustia existencial está llevando a que pequeños pueblos que estaban muriendo, estén renaciendo gracias a los sueños, las ilusiones y las ganas de muchos valientes dispuestos a romper esquemas sociales y disfrutar de lo importante.

 

No hay cabiba un corto documental de Alberto del Valle 3

 

Del Valle, a través del seguimiento que hace a personas con proyectos de reubicación vital, nos plantea cuestiones como hasta que punto merece la pena vivir en las celdas de asfalto en una ciudad superpoblada en la que, sin embargo, la soledad flota en el aire como parte de la malsana polución.

En "No hay cabida" los desencantados testimonios se mezclan con historias esperanzadoras como la de El Páramo Negro, un lugar en plena meseta castellana, donde hoy se da una encrucijada de caminos personales y culturales compartida por ancianos resistentes y jóvenes que regresan en busca de una respuesta a sus preguntas.

 

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O la historia de "Los muros de adobe" del Barrio de Abajo, en Tabanera del Cerrato (Palencia), donde los fotógrafos Lúa y Dani expusieron sus fotografías a tamaño natural de un grupo de urbanitas que sentían que ya no tenían cabida en la ciudad.

Como es de lógica aplastante, solo un valiente puede narrar la historia de otros valientes y es que Alberto del Valle inició su carrera audiovisual a finales de los años 90 cuando tomó una de las decisiones más importantes de su vida, dejar de lado su profesión hasta el momento y comenzar sus estudios en imagen.

 

NO HAY CABIDA Laureles

 

A partir del año 2007 sus inquietudes le llevan a formar parte de diversos colectivos con los que poder desarrollar trabajos más creativos detrás de la cámara, especialmente cortometrajes hasta que, en 2012, junto con un amigo, forman la productora RENACUAJO FILMS, un proyecto personal que nació básicamente de la ilusión.

Esa ilusión que igual debemos replantearnos dónde está e ir a buscarla para darle cabida.

 

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se traslada diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar" Eduardo Galeano

 

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Renacuajo Films: Web

 

 

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