Juan Moro, fotografías a la clandestinidad de los cuerpos

Una entrevista de Galo Abrain

Uno puede penetrar en la mente de un fotógrafo a través de sus imágenes. Si se mira con atención; los colores, las figuras, la disposición y los encuadres, son mejor que una sesión entera de psicoterapia para encontrarse con los miedos, anhelos y excitaciones, de su creador.

 

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La obra de Juan Moro, este fotógrafo madrileño apalancado en Zaragoza desde hace la tira de años, es prueba tácita de lo recién mencionado. Sus instantáneas, divididas entre lo autobiográfico, el desnudo y el retrato, se convierten desde el primer momento en un altavoz de sí mismo, haciendo gala de esa inquebrantable relación entre el artista y su obra.

Para la entrevista, nos hemos visto en su apartamento, otra prolongación de sí mismo, a la hora del vermut, que estrenamos con unas cervezas Aurum, acumuladas al final de la velada como para darle ideas de performance, y un paquete de cigarrillos Camel, pasión de la casa.

En lo que a Juan respecta, no es necesario demasiado rato con él para darse cuenta de que el rock´n roll se desliza por su cuerpo como las incontables cicatrices teñidas por tinta de su piel. El tipo podría ser un coloso bíblico, así lo parece en sus autorretratos, la personificación de un temible Jerjes, pero, en la realidad; esa narrativa en ocasiones tan vacía, le falta altura para ello. No obstante, sin esa carencia tal vez tampoco habría ahondado tanto en sí mismo, descorchando así ese ego atropellante, cualidad indispensable para todo artista de valor.


Comienzo preguntándole por lo propio, por sus orígenes, empezando la casa por los cimientos, por una vez, para que el tejado no me reviente como de costumbre.


P. ¿Dónde nace esto de la fotografía?
R. Se trata de una suma de variantes. Mi padre es un gran aficionado a la fotografía, parte de mi familia son fotógrafos, y mi tía tuvo una agencia de fotografía bastante famosa. Digamos que es una cosa que he vivido, un impulso latente nacido de ver carretes, que te pidan hacer fotos, cosas así. Y, bueno, una vez finalizado mi periodo en el ejército, ahí es cuando germina de nuevo ese impulso renovado y decidido, y es cuando hago mis estudios completos de fotografía en Spectrum Sotos (reconocida escuela de fotografía zaragozana).

 

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P. ¿No hubo fotografía antes de Spectrum?
R. Sí, claro. Yo he practicado muchos deportes extremos; barranco, escalada, salto base, etc., y siempre me gustó inmortalizar los recuerdos. Por cierto, en analógico, que ahora suena de otro mundo, pero que no hace tanto era como se hacía. Estuve bastantes años también de fotógrafo oficial de los campeonatos de salto base, además de para varios equipos de paracaidismo con submarcas como Pro-Base, y en los mundiales de WingSuit. Fue un periodo de 8 años de mi vida de saltar de cualquier sitio, y de fotografiar a los mejores.

P. ¿A qué esas ganas de escacharrarse?
R. A mi me motivaba la adrenalina, y el poder volar como un pájaro. Ya lo dijo Da Vinci: "Una vez hayas probado el vuelo siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al cielo, porque ya has estado allí y allí deseas volver". Pues a mí me pasaba igual.

P. A todo esto, y entrando un poco en la actualidad ya que hablas de analógico, abordemos el fetichismo del aparato, ¿con qué equipo curras habitualmente?
R. Yo habitualmente trabajo con Canon, pero visto lo visto, con el formato de imagen que hago, me gustaría trabajar con Fuji, medio formato, o Hasselblad para el formato digital.


P. Antes de adentrarnos en tu obra, cuéntame, ¿Cuáles son tus influencias?
R. Uhm, buena pregunta…Lo primero la música. Soy un gran fan de The Doors, Led Zeppelin, y ahora de esos chavales que son la hostia de Greta Van Fleet. Luego, en el territorio nacional, me flipa Extremoduro, Barricada… Para mí existe una gran relación entre esa pasión musical y mis autorretratos, por ejemplo, Extremoduro, considero que es una "poesía en estado bruto", y mi obra en ese sentido siento que se inspira, siendo una fotografía en "estado bruto", o "puro", según se quiera. Por otro lado, a nivel fotográfico, mis favoritos, que son la base de mi creación aunque parezcan muy dispares, son: Alberto García Alix, por esa dureza de narrar la vida tal y como es, en un rango urbano y musical, luego Sebastião Salgado, que cuenta las experiencias a las que nos somete la existencia sin paliativos, con esas historias llenas de personajes y vivencias extremas, y por último Jan Saudek, al que admiro por ese cruce entre la pintura y la fotografía, y ese llamativo realismo cómico y erótico que posee.

 

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P. Vayamos ahora al meollo, a ti. ¿Por qué esa pasión por el autorretrato?
R. Para mí el autorretrato es una mezcla de realidad y fantasía. Lo que vives y lo que sueñas. Esa unión permite una fotografía agridulce, sometida a las circunstancias de su contemplación. A mí el autorretrato me nace con una fotografía de Alberto García Alix, "Una pequeña historia de amor", en la que sale sujetando un condón. Fotografía, por cierto, de la que tienes un original ahí detrás. Gracias a él descubro que esa forma de representación nos permite descubrir nuestros yo interiores, nuestras luces y sombras. Uno de los mejores ejemplos para ello es mi serie "Tormentas", donde me expongo en mis yos pasados, presentes y futuros.

P. ¿Cómo eliges tus proyectos?
R. Bueno, tras muchos años en el ejército, cambié de estrategia respecto al trabajo y si no me gusta no lo cojo. Claro, mis proyectos nacen en mí, pero luego he trabajado de fotógrafo para La Razón, y un montón de sitios, aun así, agradezco que sea decisión mía.
Hago un pequeño paréntesis porque Juan menciona sus años en el ejército sobrevolándolos, evitando caer en picado hacía ellos. Entre líneas, lo que me está diciendo cuando le intento sonsacar algo es: "si te lo contara, tendría que matarte". Aprecio mi pellejo, mejor hablemos de fotos.

 

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P. Tú trabajas mucho el desnudo. ¿Cuándo el cuerpo se ha convertido en una provocación tan censurable?
R. A ver, todo está inventado en la fotografía. Pero los fotógrafos artísticos de los años setenta u ochenta vivían la imagen como una rebelión, y sí, había censuras, pero, hoy en día, un fotógrafo que realiza desnudo, o se autorretrata desnudo como es mi caso, se enfrenta a una incomodidad generada que se vive y materializa mucho en las redes. Al final, para mí, se ha convertido también en una forma de provocación al sistema.

P. Sin embargo, eres muy activo en redes. Te dejas querer por el altavoz que generan.
R. Sí, es una rebeldía. Las redes son el mundo en que vivimos y si a mí me censuran, imagino, que algo estoy haciendo bien.

P. Una pregunta que viene muy a cuento es ¿cuál es la diferencia para ti entre erotismo y pornografía?
R. Creo que es una línea muy fina. Viene completamente sometida a los ojos del espectador y su interpretación. Existen imágenes infinitamente más pornográficas en las que los modelos están vestidos, que un desnudo. Todo depende del enfoque, del espíritu de quien lo retrata. Sí es verdad que, por ejemplo, mi fotografía tiene un toque agresivo. Está en clave baja, con una ausencia de iluminación bastante fuerte que genera un universo barroco donde la luz es el foco que deseo capte la atención del espectador, pero mantiene una sutileza dura con la que aspiro a que la imagen se quede grabada en la retina, que es la forma más absoluta de fotografía, la que trasciende.

 

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P. ¿Qué te mola del desnudo?
R. Pues últimamente que no se vea nada. Me atrae que el espectador vea una conjunción de sombras, alimentando el ejercicio de su imaginación, y que de ahí saque sus conclusiones.

Otro paréntesis. Juan parece aquí invadido por el espíritu de Diane Arbus, cuando dijo: "La fotografía es un secreto de un secreto. Cuanto más te dice, menos sabes". La entrevista ya lleva un rato y las Aurums hacen su efecto. Va soltando la lengua. Y, aunque de palique más despreocupado, y ya que nos ponemos con las citas, también pienso en Juan como un Richard Avedon, diciendo: "A través de mis fotografía puedo hablar de manera más intrincada y profunda que a través de las palabra". Pero volvemos al redil. Sus fotos lo dicen todo, pero las palabras te cuentan el nacimiento de su absoluto.


R. Por cierto, que en eso también hay mucho morbo. Una palabra importante. Ahora mismo la vida es un 80% morbo y un 20% de realidad.

 

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P. ¿Qué encuentras en el autorretrato que no encuentras en fotografiar a otros?
R. Bueno el autorretrato es una libertad con sacrificios ¿no? Eres el juez y el verdugo de tu creación, dependes únicamente de ti, pero eso le da miedo a mucha gente. Existe un autoconocimiento, una catarsis emocional traducida a la imagen fija.

P. Vaya, te ha quedado de puta madre esa frase.
R. Sí, anda, esa cítamela literal.

P. Hecho. ¿Por qué crees que a la gente le da miedo?
R. Por que es necesario asumirse en todas sus formas. La autosuficiencia es un deseo doloroso. Siendo el actor y director de tu vida, encuentras la libertad de hacer cuanto deseas, pero a veces eso es más jodido que qué te manden hacer algo.

P. ¿Cómo se organiza el trabajo de tus autorretratos?
R. El trabajo principal se organiza como si fuese un libro llamado "Latidos de tinta", y dentro de él hay capítulos. Entre ellos "Tormentas", ya mencionada, "Dentro de la tormenta", una introspección agresiva de planos más salvajes, y después "Las cuatro estaciones", retratos que realizo con mujeres en los que cuento una historia de amor basada en el invierno como la separación, la primavera como la elocuencia, el verano como la lujuria y el otoño como la degradación de los hojas del amor. También hay otras que se alejan del autorretrato, y no siempre en blanco y negro, como la reciente "Tredecim in ictu oculis", en líneas similares, pero completamente distintas.

 

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P. Hablando de mujeres. He visto por ahí que te han tildado de machista y de cosificar la feminidad por retratar mujeres desnudas.
R. Sí, ya ves. Muchos parecen olvidar que también he hecho mucho desnudo masculino. Pero vamos, para mi el cuerpo de la mujer es una máquina perfecta. En él encuentro una belleza que no veo en el masculino. No hay esas líneas, esas curvas y formas que, independientemente de su aspecto físico, invitan a la búsqueda de la belleza en la figura femenina. Mi fotografía, como ya hemos dicho, es también una expresión de mis impulsos, de mis deseos y pasiones, y claro, si a mí el desnudo femenino me atrae, no puedo sino representarlo. Además, en mi caso existe un elogio a la mujer en fotografiarla. No es simplemente una expresión sexual, aunque no queda ausente, es también rendir homenaje a los seres que otorgan la vida, "al origen del mundo", como rezaba ese cuadro de Courbet.

P. Bien, así para rematar, parlem de "Gente de mal vivir".
R. "Gente de mal vivir" es un proyecto de retratos que comenzó con artistas de aquí, de Zaragoza, y que poco a poco se ha ido extendiendo por toda España, me tienta decir el mundo. Puede encontrarlo cualquier en mi web. Hay retratos desde Ana Curra, el Gran Wyoming, Santi Rex, Paula Ortiz, en fin, mucha gente cojonuda que se ha dejado robar el alma, ¡más de cuatrocientas!

P. Como decían los indios americanos ¿no?
R. Exacto. Mira aquí tengo un librazo de Edwar S. Curtis, el primero en fotografiar a los nativos americanos. Atento a que maravilla de fotografías.

 

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P. ¿Cómo lo logró?
R. Pues como todo fotógrafo; mezclándose, conviviendo con ellos, generándoles confianza, respeto. El fotógrafo es un psicólogo en potencia que debe jugar con el personaje que va a retratar. Si el personaje al que vas a retratar no tiene confianza en ti, la fotografía se ve moribunda, carente de toda vitalidad.


Y supongo que Juan Moro, también llamado a veces Indio Moro, ¿por qué será?, ha sabido domesticar mi confianza porque, tras la entrevista, las fotos que me hace sacan todo aquello que el ve en mí, y que a mí me encanta.

Toca seguir la juerga en su estudio de la calle Lourdes de Zaragoza. Tiene un nuevo decorado, hecho por él, que es digno de una película retrofuturista. Chúpate esa Kevin Reynolds… Juan tiene proyectos interesantes, y la precariedad de la COVID no ha matado sus ansias creativas. Una suerte, si este puto virus nos quita ya eso, mejor será que se nos lleve a todos por delante de una maldita vez.
Gracias Juan. Al conocerte nos conocemos, al conocernos, nos descubres.

Una entrevista de Galo Abrain

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