En el contexto de nuestro formato Anatomía de una obra, tuvimos la inmensa suerte de poder hablar con Leiva: uno de los artistas más relevantes e incombustibles de la música española.
Plenamente sumido en la vorágine que supone una promoción, José Miguel Conejo Torres, más conocido como Leiva, tuvo la amabilidad de venir a nuestra casa a contarnos cómo se siente con el estreno de su película documental Hasta que me quede sin voz y su nominación al Goya por la canción que lleva el mismo nombre.
Te dejamos con la entrevista completa
Nos confesó que acudía a nuestra cita con cierta resaca porque la noche anterior se había emborrachado como un teenager, pero siempre manteniendo esa presencia de bohemio rockero que lo caracteriza y su entusiasmo por comunicar y relatar con honestidad brutal.
«Todo lo veo, casi siempre, como un golpe de suerte. Tengo una patología en una cuerda vocal, es como si se me hubiera parado un lado, pero que se ha quedado para siempre. Tengo mucha suerte porque es una lesión que me permite funcionar, precisamente, justo, me deja ser cantante».
En un momento de la entrevista, Leiva confiesa que la pérdida del anonimato lleva implícita muchas molestias, pero que es un peaje que asume con deportividad. Haciendo alarde de esa deportividad, el cantante decidió ser el objeto de una película documental de la que dice sentirse muy satisfecho, pero que vivió como una puta pesadilla.
Sabiendo el difícil tránsito que iba a suponer el rodaje y abrirse en canal para contar cosas que nunca se había atrevido a pronunciar en voz alta, el cantante ha conseguido sacar el proyecto adelante rodeado de gente a la que quería para hacer el trámite más fácil.
Así, en Hasta que me quede sin voz, Leiva narra en primera persona un retrato crudo y sin artificios de la espiral de frenetismo vital que atraviesa, y concede un acceso insólito a su intimidad en su momento profesional más álgido y decisivo: un problema irreversible en una cuerda vocal desafía su presente y su futuro.
Rodado desde septiembre de 2023 en Nueva York, y fruto de la colaboración en la dirección entre Mario (Forniés), Lucas (Nolla) y Sepia (amigos íntimos del artista), la película propone una inmersión única sin testimonios ajenos ni recreaciones, sólo la cámara acompañando su día a día.

La gestión de su problema en la voz (incluido el paso por quirófano) articula un viaje íntimo e intimista en el que conoceremos las piedras angulares de su vida: un accidente en la adolescencia, sus inicios con Pereza, su barrio, su familia, Rubén Pozo y su estrecha relación con Joaquín Sabina.
«En el momento que se acabó Pereza, la ilusión de generar un proyecto nuevo pudo con la ruina que hubo».
Durante casi la hora que nuestra compañera Raquel estuvo compartiendo reflexiones, anécdotas y opiniones con el artista, Leiva nos habló de sus inicios como músico a los 13 años, el auge de Pereza, su relación artística y personal con Rubén Pozo, las vicisitudes que conllevan la popularidad y la fama, sus problemas vocales, su suerte y de cómo mantiene intactas su pasión por la música y la ilusión por seguir componiendo para él y para otros artistas.

El artista que teloneó a The Rolling Stones y que sueña con telonear a Paul McCartney y llevarse a Camarón a una isla desierta, ha sido la banda sonora de toda una generación, puede que de varias. Lleva más de dos décadas haciendo de la música un lugar donde caben la amistad, el vértigo, la carretera, la herida y también la celebración.
«A día de hoy, Rubén y yo somos como hermanos porque tomamos buenas decisiones. Fue precioso lo que hicimos con Pereza y nos separamos en el momento justo. Ya íbamos a empezar a pensar raro el uno del otro».

Ha sido un auténtico placer encontrarnos con él en un momento en el que hemos podido (ad)mirar su gran recorrido y asegurarnos de que nos queda Leiva para rato, que nos quedan canciones y conciertos hasta que todos y todas nos quedemos sin voz literal y metafóricamente.