Postal a los que no pueden irse de vacaciones

Postal a los que no pueden irse de vacaciones

El verano puede ser esa tramposa época de año en la que la felicidad disfrazada de sonrisas en las playas, retiros en villas de ensueño o exaltaciones de la amistad en festivales, sólo está al alcance de unas cuantas personas.

Y sí, aunque las "merecidas" vacaciones no deberían ser una costumbre, sino un derecho, hay muchas personas que no se las pueden permitir tal y como los idílicos estándares de las redes sociales y el imaginario popular las establecen.

La realidad está muy lejos de esa triste obligación de ser felices en la temporada estival, más bien está marcada por la ansiedad que provoca ver como sólo parecen ser felices otras personas.

Serigrafía, Q train, Nigel Van Wyeck.

Irse una semana de vacaciones fuera de casa se ha convertido en un lujo inalcanzable para millones de españoles. Según los datos de Eurostat, una de cada tres familias en España (el 32,2 %) no puede permitirse tomarse ni una semana de descanso al año, superando con creces la media europea, que se sitúa en el 27,5 %.

Esta cifra coloca a España como el país más afectado entre las cuatro grandes economías de la Unión Europea, por delante de Italia (35,7 %), Francia (23,2 %) y Alemania (20,9 %). Países del este y sur de Europa como Rumanía (61,4 %), Grecia (46,6 %), Bulgaria y Hungría (ambos 39,1 %) presentan cifras más alarmantes.

No sabemos si en este alto porcentaje formado por familias, se incluye ese alto porcentaje de jóvenes con sueldos precarios que no comparten su vida con nadie y afrontan hipotecas o alquileres desorbitados.

Al difícil hecho de haber estado trabajando todo el año para pagar facturas y hacer la existencia más liviana dándonos algún capricho furtivo como ir a un concierto o salir a cenar con los amigos algún fin de semana, hay que sumar el no poder escapar de nuestra realidad ni tan solo unos días en verano.

Signals, Óleo sobre tabla, Nigel Van Wyeck.

Además, a la idea de no ser merecedor de un descanso o de una desconexión que nos permita recargar la batería para afrontar otro año laboral, debemos sumar el daño que hacen las redes llenas de miles de personas mostrando un life style, que impostado o no, crea una brecha social que afecta a nuestra salud mental.

Realmente, hay muchas personas que desde su posición no privilegiada, pueden recurrir a pensamientos de consuelo como que las vacaciones están sobrevaloradas, viajar no es tan necesario o que al menos, son propietarios de su propio piso. Pero son espejismos que encierran una verdad mucho más desoladora: (sobre)vivimos mucho peor que nuestros padres.

Por si fuera poco, a la sentencia de tener una alta probabilidad de ser parte de ese porcentaje que no tiene ni para pagar la gasolina que lo/la lleve a pasar unos días a su pueblo, súmale los discursos positivistas con los que te bombardean los coaches motivacionales y/o espirituales.

Que si las vacaciones son un estado mental. Que si se puede viajar muy lejos con el poder de la imaginación. Que si son un momento perfecto para reconectar con uno mismo. Que si es una manera de redescubrir el placer de las pequeñas cosas como regar las plantas, dormir sin prisa, leer un libro o desayunar fuera.

Thief, Óleo sobre lienzo, Nigel Van Wyeck.

También te dicen que no pasa nada si no puedes ir a Bali, si no puedes tomar el sol en un velero, si no puedes practicar un deporte de riesgo en un paraje exótico o si no puedes estar en el palco vip de una discoteca de moda.

Y no decimos que no, porque hay mucho de verdad en todo eso, pero también pensamos que nos gustaría tener la oportunidad de descubrir, no de redescubrir. También, os gustaría saber más de nosotros y nosotras en situaciones que nos son ajenas, en lugares que no conocemos y con personas que no son con las que tratamos habitualmente.

Seamos de viajar o de leer en casa, de explorar nuevos lugares o de regar las plantas con música de fondo, quizás el verano ideal sería aquel en el que tengamos la ocasión de hacer lo que queramos hacer, en el que seamos quienes queramos ser y en el que suframos un apagón digital.

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