En una era en la que se nos exige estar en forma, comer bien, tener un trabajo que nos llene, ganar un sueldo que nos permita viajar tres veces al año, ser personas social y sexualmente activas, no envejecer, leer libros, consumir películas, ir a los mejores conciertos, etc... se nos exige una cosa más: tenemos la obligación de ser felices.
Estar siempre bien es el nuevo imperativo. No basta con ser la pareja, el amigo/a, el currante/a, el hijo/a, el hermano/a, y el gymbro/gymsis perfectos/as, además debemos estar siempre sonriendo, luchando, produciendo, creando e intentando superarnos para ser la mierda de persona vitamina que cualquiera querría tener al lado.
Es realmente agotador pelear por alcanzar las expectativas de esos y esas que han decidido que la vida debe convertirse en una carrera de fondo cuya meta es un éxito ilusorio. Éxito que ha sido creado en las entrañas de las redes sociales que se deben a un capitalismo imperante que ahora, se esconde tras las sombras de las nuevas religiones que están surgiendo: la autoayuda y el coaching.
Yo intento respetar lo que cada persona quiera creer si le ayuda a seguir adelante, a sentirse mejor y a encontrarse con ella misma. Pero lo que a una persona le sirve, a otra le resbala y estamos viviendo un momento vital en el que estamos rodeados de psicólogos y psicólogas de bar y lo que es peor, alguna vez también lo hemos sido nosotros y nosotras.
Yo me he metido mil veces en la piel de salvador de nadie y con eso de «consejos vendo que para mí no tengo» por bandera, le he arreglado la vida a amigos, familiares y conocidos (a desconocidos también); y además lo he hecho en el tiempo que me duran dos birras y tres cigarros.
La de veces que he escuchado frases de mierda y la de veces que yo se las he dicho a alguien.
Esta reflexión intrascendente que hago, viene inspirada por un post que me regaló el otro día el algoritmo de Instagram y que me arranco una carcajada. Lorena Gascón, más conocida como la psicóloga japuta, nos ofrecía un decálogo sin desperdicio con diez frases que no debemos creernos y que no debemos decir nunca tampoco. Analicemos estas frases de autoayuda que no ayudan una mierda.
1. Si quieres, puedes. Claro que sí, llevo queriendo ser millonario desde que empecé a trabajar y por lo que sea sigue sin llegarme el mes al fin del sueldo.
2. Sal de tu zona de confort. Pero qué manía con abandonar los sitios en los que estamos a gusto. No necesito tanta emoción en mi vida.
3. No te quejes, actúa. Quejarse es gratis y actuar siempre implica algún coste. Está la vida muy mala como para ir derrochando.
4. Rodéate sólo de gente positiva. Claro, porque la gente negativa lleva colgado un letrero en el pecho que advierte de su toxicidad y su corrosividad.
5. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Ya te digo yo que si algo ha estado a punto de matarte, tocado o tocada te deja.
6. Tienes que amarte primero, para que te amen. O no. Sólo tienes que dar con alguien que se ame menos que tú.
7. Todo depende de ti. Si todo dependiera de mí, la clase política no estaría jugando al Risk con el mundo. Tampoco me habrían hecho ghosting las veces que me lo han hecho.
8. Todo está en tu mente. ¿La precariedad, la ansiedad, el cansancio, el estrés, las arrugas, la carne flácida, la falta de amor y el hartazgo también?
9. Sé tu mejor versión siempre. Pero y si lo que ya soy es la mejor versión de mí que puedo ser, ¿cómo lo arreglamos?
10. Elige ser feliz. No sabía que podía elegirse. ¿Qué he estado haciendo todos estos años?
Antes de darle a alguien alguno de estos consejos, piensa que Mr. Wonderful solo hay uno. Si alguien te los da a ti, ya te he dejado unas cuantas ideas de respuesta.
Sobrevive si puedes, es lo único con algo de verdad que vas a leer en este contenido.
