Hay rituales que sobreviven al paso del tiempo y se transmiten de generación en generación porque son seña de identidad y reflejo de una manera de ser y vivir.
Si alguna vez has tenido la suerte de pertenecer a un pueblo o de pasar las vacaciones en ese sitio que vio crecer a tus padres o a tus abuelos, sabes perfectamente que cuando llega el verano, las sillas en las puertas de las casas son parte del mobiliario urbanístico de una comunidad.
Cuando el frío deja de sacudir los pueblos, las calles empiezan a llenarse de la vida que ha sobrevivido a otro invierno gracias al calor de un brasero o de una buena chimenea.

Se llenan los parques, se llenan las terrazas, se llenan las plazas y se llenan las puertas de las casas para «tomar la fresca» porque vivir de puertas para afuera, más que una tradición es una religión.
Seguro que para ti también es familiar esta escena:
Es julio, y tras un día de los de 40 grados a la sombra, llega la noche y una procesión de vecinos y vecinas, que se mueve marcada por el ritmo que imponen las chicharras y los grillos, salen con sus sillas a la calle de manera litúrgica.
Escogen su sitio estratégicamente ordenando el espacio de debate con sillas de plástico rojas con marcas de refresco, sillas de mimbre, hamacas y sillas de camping. No importa el modelo, sólo se necesitan ganas de preguntar por la vida y de arreglar el mundo.

Se sientan con su botijo, su pieza de fruta, su bolsa de pipas, sus agujas y sus hilos o su abanico y no sólo ven la vida pasar, la comentan, la analizan y la diseccionan con la claridad y la sabiduría que dan los años y la experiencia.
Mientras uno y una toma la fresca, puede aprender recetas de cocina, asistir a interpretaciones libres de los últimos sucesos bélicos y políticos del mundo, conocer cómo era la vida antes de Internet, empaparse de la lista de dolencias que padece cada miembro de esa particular comunidad y repasar el árbol genealógico de cualquiera que pase y dé las buenas noches educadamente.
Salir a «tomar la fresca» ha sido durante siglos tan vital y tan imprescindible que hasta ha sido propuesto como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Es por eso que Kave Home, la firma de muebles y decoración catalana, presenta «Estar fuera. Una manera muy nuestra de estar», un homenaje a la vida mediterránea.

La propuesta toma como referencia esas escenas costumbristas como sacar la silla a la fresca, reivindicando la vida compartida. La colección que acompaña a este manifiesto de marca refleja el estilo de vida mediterráneo, diseñada con materiales pensados para convivir con la luz, el clima y el paso del tiempo.
«Estar fuera. Una manera muy nuestra de estar» es la campaña que rinde homenaje a vivir el exterior y entenderlo como una cultura social.
Comer en el porche, refugiarse bajo la sombra de una parra o sacar las sillas a la calle al caer la noche forman parte de una manera abierta y compartida de habitar el espacio y que se convierte en el punto de partida de la colección.
Como marca nacida en el Mediterráneo, Kave Home recoge y reinterpreta esta herencia desde el diseño, poniendo en valor una forma de vivir en la que el exterior se convierte en una prolongación del interior, sin renunciar al confort ni a la sensación de hogar.

Diseñar desde el Mediterráneo implica tener en cuenta el contexto: materiales que conviven con el sol y el paso del tiempo, la importancia de la luz, el uso real de los espacios y las distintas formas de disfrutar del exterior.
En esta línea, la colección destaca por la combinación de materiales en una misma pieza y por la ampliación de la paleta cromática, con tonos como grafito, verde y topo, pensados para integrarse de forma natural en el paisaje.
La colección ha sido concebida para acompañar el paso de los años, adaptarse a diferentes entornos y responder a una forma de habitar donde el exterior no es un añadido, sino una extensión natural del hogar.
Nosotros mismos hemos podido comprobarlo en una experiencia tan mediterránea como la tradición de «tomar la fresca». Kave ha organizado una comida que fractura la frontera entre el exterior y el interior.
El encuentro tuvo lugar el 19 de marzo de 2026 en una masía catalana que inevitablemente nos conectó con esta esencia tan nuestra. De esta brotaba una larga alfombra terracota, como una lengua de amapolas que atravesaba el campo marcando el recorrido hasta una mesa alargada.
Lejos de ser meros espectadores, nos convertimos en una parte activa de este ritual, ya que, tras seleccionar una silla según nuestro gusto personal teníamos que llevarla hasta la mesa, tal y como tantas veces han hecho nuestros predecesores.

Como si de una procesión contemporánea se tratara todos los invitados atravesaron esa pasarela terracota rodeada de brotes verdes y flores silvestres donde el diseño, el paisaje y la performance se fundían en uno. Algunos de los asistentes comentaron que les recordaba a una escena un poco daliana.
Al llegar a nuestro destino nos recibía una mesa perfectamente dispuesta, rodeada por la naturaleza y bañada por una cálida luz del sol de la tímida primavera que ya anuncia su llegada.
Allí nos esperaba una propuesta gastronómica competente mediterránea en la que cada plato reforzaba la narrativa del evento: volver a lo esencial.

En resumen fue una propuesta cuidada al mínimo detalle y una celebración del diseño, de la naturaleza y de la vida mediterránea que demostró que el recorrido es igual de importante que el destino.
“Estar fuera. Una manera muy nuestra de estar” es, en definitiva, la expresión contemporánea de una cultura que ha hecho del espacio compartido, la vida al aire libre y la cercanía su esencia.
Fotografía de la portada: Thea SMC.
Kave Home: Instagram