Que Juan Ignacio Delgado Alemany sea conocido en el mundo como Ignatius Farray es culpa de un profesor y de un clásico de la literatura.
Gracias a Librotea

En el instituto, Ignacio se convirtió en Ignatius por La conjura de los necios, de John Kennedy Toole y un docente que le adjudicó el nombre de su rotundo y rocambolesco protagonista.
Sin quererlo, ya había nacido un cómico diferente, tan capaz de histrionismo como dispuesto a traspasar límites (consigo mismo y con su público) que otros nunca se atreverían a cruzar. Después de ese encuentro con la literatura en el instituto, Ignatius se convirtió en un avezado lector.
Pasó por la facultad de Ciencias de la Información en la Complutense y, de ahí, emprendió una temporada en Londres acompañado de Lolita, de Nabokov, y el Tristam Shandy de Laurence Sterne, cuyo refinado y surrealista sentido del humor le marcaría para su carrera de cómico.
Otro de sus referentes fue Stewart Lee, de quien destaca su libro How I escaped my certain fate: the life and deaths of a stand-up comedian.
Antes de dejar Londres, otra lectura muy distinta también le causaría gran impacto: Tu rostro mañana, de Javier Marías.
Entre los títulos que Ignatius confiesa haber devorado está Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy, al igual que El malogrado, de Thomas Bernhard, de quien asegura que “todos los libros de Bernhard son desquiciados y grandilocuentes. Yo le intento copiar siempre”.
La poesía es otra de sus pasiones. Destaca El emperrado corazón amora, de Juan Gelman, y también muestra predilección por la generacion beat como “pilares de la cultura alternativa contemporánea”.
Gracias a Librotea de El País




