Albert Camus en su obra El extranjero, nos cuenta la historia de Meursault, un hombre franco-argelino indiferente y apático que sobrevive ante el amor, la pérdida, la violencia y la amistad sin sentir absolutamente nada.
Puede que en algún momento de tu vida adulta, hayas echado de menos esa intensidad y esa emoción con la que vivías las vísperas y las situaciones en tu infancia, tu adolescencia y tu juventud temprana. Es algo totalmente normal.
Lo que es más singular (e incluso alarmante) es ese estado en el que nos podemos ver inmersos e inmersas sin darnos cuenta y en el que no experimentamos ningún tipo de emoción ni ante lo bueno, ni ante lo malo que nos pasa.
Podemos llegar a pensar que no estamos mal del todo porque no sentimos enfado, preocupación o ansiedad, pero es una sensación muy extraña la de percatarnos que nuestro estómago o nuestro corazón no laten ante un viaje inminente con amigos y amigas; ante una quedada con alguien que quieres y llevas tiempo sin ver; ante la preocupación de un familiar por algún asunto o ante ciertos proyectos que llevabas tiempo queriendo que se materializaran.
Transitar un estado de anestesia emocional es extraño porque no nos hace ser conscientes de la plenitud de la realidad que nos rodea. Estar emocionalmente anestesiado/a es caer en pensamientos conformistas como agradecer que uno/a sigue vivo/a y con salud. Pero no se trata de estar vivo o viva, se trata de sentir que uno o una lo está.
La psicología define anestesia emocional como un estado mental caracterizado por la incapacidad o dificultad para experimentar emociones. La persona se siente desconectada de sus emociones y del mundo que habita y la habita. Aunque puede parecer una forma de protegerse del sufrimiento, esta desconexión afecta la calidad de vida, las relaciones interpersonales y la capacidad de disfrutar de momentos significativos.
Los expertos y las expertas indican que puede surgir como respuesta a eventos traumáticos, estrés prolongado o incluso como síntoma de trastornos psicológicos. Identificar este estado y entender sus causas es fundamental para abordar sus efectos y recuperar la totalidad de uno/a mismo/a.
Recuperar la conexión con las emociones es clave para vivir de forma auténtica y equilibrada.
¿Qué es la anestesia emocional?
La anestesia emocional es un estado psicológico caracterizado por la incapacidad o dificultad para experimentar emociones, ya sean positivas o negativas. Es como si la persona se sintiera apagada o desconectada de su mundo emocional, lo que puede afectar significativamente su vida personal, social y profesional. Aunque puede parecer que la falta de emociones protege del sufrimiento, también priva a la persona de experimentar alegría, amor y conexión.
Este fenómeno a menudo se manifiesta como una respuesta adaptativa ante situaciones de estrés extremo, trauma o acumulación de emociones intensas. Cuando el cerebro percibe que lidiar con las emociones es demasiado abrumador, puede activar una especie de mecanismo de apagado para protegerse. Sin embargo, esta desconexión emocional, que inicialmente parece una solución, se convierte en un problema cuando persiste en el tiempo.
La anestesia emocional puede expresarse de diferentes formas. Algunas personas sienten un vacío constante, mientras que otras describen su estado como una falta de entusiasmo por las cosas que antes disfrutaban. Puede acompañarse de comportamientos como el aislamiento social, la incapacidad para empatizar con los demás o la dificultad para tomar decisiones que requieran una implicación emocional.
Un caso típico es el de alguien que, tras un evento traumático, como la pérdida de un ser querido, no logra llorar ni expresar tristeza, sintiéndose insensible. Aunque esto puede ser temporal, en algunos casos la anestesia emocional se cronifica, afectando relaciones y la calidad de vida en general.
Reconocer este estado es el primer paso para superarlo. Entender que la anestesia emocional no es “no sentir nada”, sino una forma de represión o desconexión emocional, es clave para iniciar un proceso de recuperación hacia una vida más plena y conectada.
Causas de la anestesia emocional
La anestesia emocional no aparece de la nada; suele ser consecuencia de factores psicológicos, biológicos y ambientales que afectan la capacidad de una persona para procesar y expresar emociones. Identificar estas causas resulta fundamental para entender por qué se desarrolla este estado y cómo puede abordarse.
1. Exposición a eventos traumáticos
Una de las principales razones es la exposición a eventos traumáticos, como abusos, negligencia en la infancia, o experiencias de violencia. Estas situaciones llevan al cerebro a activar un mecanismo de defensa para protegerse del dolor emocional, generando una desconexión que se mantiene incluso cuando el peligro desaparece. Este tipo de respuesta se observa comúnmente en personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT).
2. Estrés crónico
El estrés crónico es otro factor de riesgo relevante. Cuando se vive bajo una presión constante, el cuerpo y la mente pueden entrar en un estado de agotamiento emocional. Para evitar sentirse abrumada, la persona puede apagar sus emociones, como una especie de autoprotección frente al colapso.
3. Trastornos psicológicos
Los trastornos psicológicos, como la depresión o la ansiedad, también pueden contribuir. En estos casos, la anestesia emocional no solo es un síntoma, sino que agrava el malestar general, dificultando la recuperación.
4. Medicamentos o sustancias
En algunos casos, la desconexión emocional puede relacionarse también con el uso de medicamentos (como antidepresivos) o sustancias que afectan el sistema nervioso central y la consciencia. Si bien estas herramientas son útiles para manejar ciertas condiciones, incluso necesarias, también pueden reducir la intensidad de las emociones como efecto secundario.
Si sientes que no sientes nada, no sientas pedir ayuda.
Gracias a Javi Soriano, graduado en Psicología por la Universidad de Valencia con Máster en Investigación Psicosocial.
