Antes de ser adultos, todos hemos vivido una infancia que nos ha dejado marcados a diferentes niveles. A veces, por cosas que nos han pasado, otras veces, por cosas que nos han dicho.
Lo que nos acontece en nuestros primeros años de vida, en muchos casos, puede ser más determinante que las cosas que transitamos en nuestra madurez.
Es por eso, que habiendo sufrido el dolor y la pesadumbre de algunas cosas que nos han podido decir incluso desde el amor y el afecto, es importante saber qué no tenemos que hacer y decir a las nuevas generaciones que tienen la oportunidad de no experimentar muchas de las cosas que experimentamos nosotros.

Gracias a La mente es maravillosa.
En este contenido, vamos a hacer un repaso por cinco frases que pueden afectar al desarrollo emocional de un niño o una niña y te vamos a dar alternativas a las mismas para que el mensaje que lances sea constructivo.
Según un estudio realizado con una muestra de más de 200 niños, Reem Raouda, una coach especializada en crianza consciente, ha destacado cinco frases que padres, madres o cuidadores repiten, sin notar que pueden causar un deseo de lucha o de huida en los más pequeños.
"Porque yo lo digo"
En lugar de abrir una conversación, esta frase cierra el diálogo e impide que los niños se expresen. Tampoco les ayuda a entender por qué no pueden o no deben hacer algo.
Opta por respuestas que validen sus sentimientos, fomenten su desarrollo emocional y les ayuden a comprender las razones detrás de las decisiones que tomas. Por ejemplo:
- “Sé que no estás contento, pero te explicaré el porqué”.
- “Voy a explicarte por qué ahora no es posible, y luego me cuentas cómo lo ves tú”.
- “Lo sé, no es lo que quieres oír, pero esto es importante y quiero que lo entiendas”.

"Si no obedeces, perderás "x" privilegio"
Raouda indica que esta frase puede interpretarse como una amenaza, y lo único que logrará es que los niños se pongan a la defensiva y sientan miedo. A largo plazo, puede afectar la confianza entre el adulto y el niño.
En vez de castigar, enfoca la situación en las elecciones con consecuencias naturales, para que los límites sigan estando, pero el pequeño gane responsabilidad.
- “Cuanto antes terminemos, antes podremos hacer eso que te gusta”.
- “Si quieres seguir jugando, primero necesitamos ordenar este rincón juntos”.
- “Cuando estés listo para hacer esta actividad (por ejemplo, guardar los juguetes), haremos otra actividad (por ejemplo, ir al parque)”.
"Deja de llorar. No te pasa nada"
Nunca es bueno ignorar o menospreciar las emociones de un niño. Decirle que deje de llorar, solo le envía un mensaje claro: sus emociones no son válidas y llorar no es bueno. Así, la consecuencia será que no querrá colaborar contigo.
Reem Raouda sugiere escuchar con empatía. De esa manera, se calmará más rápido y confiará en ti. Prueba con esto:
- “Estoy contigo hasta que te sientas mejor”.
- “Veo que estás triste/enfadado. Cuéntame qué sucede”.
- “Entiendo que estés enfadado. Está bien sentirse así. Estoy aquí para ayudarte”.
"¿Cuántas veces tengo que decírtelo?"
El tono de esta pregunta suele transmitir enojo y frustración, lo que puede hacer que el niño se sienta torpe, culpable o poco capaz. Además, se presupone que él se comporta así de forma intencional.
Empleando otro tipo de oraciones, le invitas a entender mejor lo que se espera de él y le ofreces contención en lugar de reproche.
- “Como ya te pregunté, necesito saber qué es lo que te estorba”.
- “Ya hablamos de esto antes, ¿te parece que lo repasemos juntos?”.
- “Veo que todavía te cuesta recordar esto. Vamos a buscar una forma de ayudarte”.

"Tú sabes que puede hacerlo mejor"
Aunque este tipo de frases buscan apelar a su capacidad, en realidad afectan el desarrollo emocional del niño. Puede sonar a juicio o decepción, y el chico podría sentirse avergonzado o desvalorizado.
Para evitarlo, prueba con expresiones que transmitan confianza, sin que exista un castigo. Raouda resalta que, de ese modo, se pasará del castigo a la colaboración.
- “Creo en ti. Estoy aquí cuando me necesites”.
- “Sé que puedes intentarlo otra vez. ¿Quieres ayuda?”.
- “Hablemos sobre qué es lo que te impide dar lo mejor de ti”.
- “Todos cometemos errores. Lo importante es qué hacemos después”.
Las palabras tienen un poder enorme, sobre todo en la infancia. Por eso, cambiar estas frases que afectan el desarrollo emocional de los niños por otras más empáticas no significa ceder tu autoridad, sino construir una relación basada en el respeto y la comprensión. En definitiva, se trata de acompañar, guiar y hacer que se sientan seguros siendo quienes son, para convertirse en adultos emocionalmente sanos.
Te dejamos con esta escena de Criadas y señoras que resume a la perfección este mensaje.