"¿Qué es el arte? Si lo supiera tendría mucho cuidado de no revelarlo, yo no lo busco, lo encuentro" decía Pablo Picasso, y es que nosotros, como Picasso, creemos también que el arte y un artista es algo tan intangible como el amor o cualquier otro sentimiento, algo imposible de delimitar o de definir con unos cuantos atributos imprescindibles. Frank Lloyd Wright no pensaba igual.

Frank Lloyd Wright está considerado una auténtica eminencia dentro de la arquitectura estadounidense; se le reconoce como un visionario que cambió todos los patrones establecidos.
A lo largo de una carrera que duró más de 70 años, Lloyd Wright diseñó exclusivos y vanguardistas estilos arquitectónicos y además se dedicó a compartir sus conocimientos con muchas generaciones de arquitectos futuros, lo que le reportó beneficios económicos en las épocas en las que no pudo dedicarse a la construcción.

En los años 30, tras una época de crisis, él y su tercera esposa formaron la Confraternidad Taliesin con sede en su estudio de Taliesin en Spring Green, Wisconsin.
En el estudio, Frank impartía enseñanza a todos esos arquitectos aspirantes del país que tenían un referente en el famoso creador; los estudiantes llegaban a pagar 675 dólares, de la época, por la matrícula, más de lo que les costaría una educación en Yale o Harvard.
Además de la cuantiosa cantidad que abonaban, el alumnado realizaba tareas domésticas, sembraban, cuidaban el jardín o lavaban la ropa, por lo que se acusó a Wright de vender su sabiduría a altísimos precios, a precio de explotación.
LLoyd Wright, además de ser conocido por sus diseños, era conocido por tener un ego descomunal (se autodenominaba el mejor arquitecto vivo) y por ser un auténtico genio de la promoción y el marketing creativo.
Muchas cosas de las que pensaba Wright y que pregonaba sentando cátedra, se recogen en los diez atributos que, según él, debería tener un artista de éxito:

