Naturaleza y ciencia determinan que no hay un sexo superior
Que existe un sexo superior es más una idea basada en creencias arcaicas que un hecho científico.
Que existe un sexo superior es más una idea basada en creencias arcaicas que un hecho científico.
En muchas de las conversaciones que podemos entablar con cualquier persona, un tema recurrente es cuál es nuestra estación del año favorita.
Junto a la ansiedad, el ombliguismo y otros males propios del siglo XXI hay uno que es totalmente endémico: la insatisfacción crónica.
En muchas ocasiones, hay heridas y traumas que marcan tanto una existencia que pueden convertirse en generacionales.
Las cataratas de sangre son tan espectaculares que los primeros investigadores creyeron que eran testigos de un crimen espacial cometido por la propia naturaleza.
Los números forman parte de tu vida desde el momento en el que naces a una hora, un día, un mes y un año concretos.
La ternura no niega la muerte ni el shock ni el dolor. Convive con ellos. Es un café compartido a las siete de la mañana cuando no has dormido. Es una mano que no suelta. Es seguir respirando cuando no sabes por qué.
Sin las personas que amamos, las ciudades, los pueblos y las casas sólo serían conglomerados inertes y grises de hierro, cemento y hormigón.
El término «nuevas masculinidades» se vende como el penúltimo antídoto contra el patriarcado, pero tiene un trasfondo tramposo.
¿Qué ocurre cuando nos hemos quedado sin lágrimas al vaciar la casa en la que vivían esas personas a las que tanto amas y ya no están?