Las fobias, a menudo son irracionales, pero las hay de todo tipo y tienen una razón de ser. La Psicología profundiza en cuáles pueden ser las posibles causas de todas ellas.
Una de las fobias de las que menos se habla es la falofobia o el miedo a los genitales masculinos que, en la mayoría de los casos, se relaciona a una experiencia traumática.
Como explica la psicóloga Valeria Sabater, este rechazo irracional hacia el pene puede surgir a cualquier edad tanto en hombres como en mujeres. Quien la padece suele tratar su problema como un tabú, a pesar de que ve afectada y limitada su vida sexual.
Hay dos maneras de tratarla: mediante la terapia de desensibilización y reprocesamiento por los movimientos oculares (EMDR) en casos de que el origen sea traumático, o mediante la terapia cognitivo-conductual (TCC) si estamos ante condicionamientos sociales o inseguridades.

Cuáles son sus síntomas
La experiencia fóbica vinculada a los genitales masculinos se incluye dentro de lo que conocemos como erotofobias. Es una experiencia angustiosa y paralizante que una persona experimenta al ver, pensar o entrar en contacto con esta parte de la anatomía de los hombres.
La sintomatología asociada a la falofobia varía de una persona a otra. Sin embargo, siempre hay ejes comunes, porque este tipo de patología pertenece al grupo de los trastornos de ansiedad. Ello explica que el síntoma nuclear siempre es la evitación del estímulo fóbico (en este caso, el pene).
- Síntomas físicos: taquicardias, sensación de ahogo, molestia abdominal, mareos, temblores, náuseas, tensión muscular, etc.
- Síntomas emocionales: aparece un temor extremo, angustia o desagrado paralizante al pensar en los genitales masculinos, verlos o estar en situaciones de índole sexo afectivas, donde pueda tenerse contacto con un pene.
- Síntomas cognitivos: es frecuente imaginar escenarios horribles o descontrolados cuando se está expuesto al miembro masculino. Es más, al iniciar alguna relación, la mente no deja de obsesionarse y pensar que, en algún momento, se entrará en contacto con este órgano.
- Conductas de escape: el o la paciente, por lo general, explican que una parte significativa de su conducta se basa en evitar cualquier situación donde puedan aparecer imágenes de genitales masculinos, como películas, videos de contenidos sexuales, etc. Asimismo, es recurrente huir de esos momentos de intimidad con la pareja e incluso sentir ganas de escapar cuando se está cerca de un hombre.

Posibles orígenes de la falofobia
Aunque casi siempre se baraja la posibilidad de un trauma que la ocasione, hay un trabajo divulgado en Learning & Memory que nos habla también de esos mecanismos neurobiológicos no experienciales que no están asociados al aprendizaje:
- Condicionamientos sociales: la manera en que se trata la sexualidad en la cultura, las religiones o en el seno de una familia nos condicionan. Por ejemplo, si alguien crece en un entorno donde se habla de la sexualidad de manera negativa, como algo vergonzoso, sucio o inmoral, puede desarrollar sentimientos de rechazo.
- Vivencias traumáticas: estas pueden incluir abusos, situaciones de agresión, acoso o incidentes humillantes que involucren desnudez o contacto íntimo.
- Educación sexual distorsionada: la falta de una educación sexual adecuada conduciría al desarrollo de percepciones distorsionadas o temores irracionales sobre el cuerpo y la sexualidad.
- Ansiedad generalizada: quienes padecen trastornos de ansiedad o que ya evidencian otras fobias, son más susceptibles de desarrollar la fobia en cuestión.
- Herencia genética: la genética no nos predispone al 100 % a la hora de evidenciar esta fobia específica, pero hay un riesgo. Si algún miembro de tu familia sufre o sufrió trastornos de ansiedad y fobias, se eleva el riesgo de padecer este tipo de condiciones psicológicas.

Cómo puedes saber si padeces falofobia
Si sientes que tu vida se está viendo condicionada, debes pedir ayuda profesional. Hay una serie de alertas que avisan de que puede que estés padeciendo esta fobia:
- Impacto en las relaciones sociales: si tu miedo a los genitales masculinos afecta a tus relaciones sociales o amorosas, es una señal clara de que necesitas ayuda.
- Deseo de superar este miedo: si sientes que deseas superar esta fobia, pero no sabes por dónde empezar o si intentaste manejarlo por tu cuenta sin éxito, un terapeuta puede guiarte y ofrecer herramientas efectivas.
- No tienes vida sexual: la fobia a los penes puede perjudicar tu vida sexual y tu bienestar emocional. No dejes que este miedo te provoque carecer de relaciones sexuales saludables y placenteras o de poder construir vínculos felices.
- Evitación persistente y extrema: cuando te das cuenta de que cambias tu rutina o evitas actividades, lugares o personas por miedo a encontrarte con situaciones relacionadas con este estímulo fóbico, es conveniente que consideres un proceso terapéutico.
- Deterioro de tu equilibrio psicológico: en caso de que el miedo a los genitales masculinos te cause cierto aislamiento social, ansiedad generalizada, sentimientos de inutilidad, desesperanza y tristeza persistente, no lo dudes, habla con un psicólogo.

Cómo se supera este miedo
No hay nada disfuncional, negativo o erróneo en quien transita por estas realidades clínicas. A menudo, son improntas de heridas no sanadas que derivan en trastornos de ansiedad, como las fobias. Lo primero es romper el tabú y no sentir reparo a la hora de hablar con un terapeuta porque hay tratamientos que son realmente efectivos. Te los contamos:
- Terapia EMDR: esta trata fobias cuyo origen es un trauma. En este caso particular, aborda y cambia creencias negativas arraigadas desde hace tiempo y que suelen mantener la falofobia.
- Terapia cognitivo-conductual: este método es eficaz para las fobias en general. A través de la reestructuración cognitiva, desafía y cambia las creencias distorsionadas sobre los penes. Y expone de modo gradual y controlado al objeto fóbico (con imágenes, realidad virtual o hablar del tema), ofreciendo técnicas de regulación emocional que reducen la ansiedad.
- Psicoeducación: si el origen de la fobia es cultural, religioso o educativo, es clave psico-educar en el plano sexual al paciente. La información precisa y sin prejuicios sobre el cuerpo humano y la sexualidad permitirá eliminar creencias erróneas o temores infundados. Funcionan los talleres formativos, hablar con otras personas sobre las miedos y experiencias fallidas, realizar dinámicas, juegos, etc...