Seguramente, en algún momento de nuestras vidas, hemos tenido la inmensa suerte de recibir un abrazo o de darlo. Abrazar es uno de los gestos más sencillos que existen, pero uno de los más poderosos y es que pocas cosas son más reconfortantes que sentirnos protegidos y queridos.

Cuando pasamos un mal trago y se lo contamos a alguien de confianza, de alguna manera, esperamos que extienda sus brazos y nos estreche contra su cuerpo en un acto en el que sentimos un profundo alivio, suspiramos y nuestro pecho se hincha de paz.
Deseamos que ese momento se prolongue en el tiempo lo más posible, creemos que en ese refugio que se nos ha creado, no puede pasarnos nada malo.
En un reciente estudio se ha demostrado, una vez más, que los abrazos pueden tener un impacto medible en el estado de ánimo y el estrés después de un conflicto social; aumentan los sentimientos positivos y reducen los negativos en días en los experimentamos problemas en nuestras relaciones, ante pérdidas o ante un mal día en el trabajo.
"Un comportamiento muy simple y directo como es abrazar podría ser una forma efectiva de apoyar tanto a hombres como a mujeres que están experimentando conflictos en sus relaciones", explica Michael Murphy, investigador del Laboratorio para el Estudio del Estrés, Inmunidad y Enfermedad de la Universidad Carnegie Mellon.
Murphy y sus colegas entrevistaron a 404 adultos por teléfono todas las noches durante dos semanas, se les preguntó sobre su estado de ánimo, si habían experimentado un conflicto y si habían recibido un abrazo ese día; previamente, cada persona se sometió a un examen físico y completó un cuestionario sobre su entorno social.
Se comprobó que los días que habían tenido conflictos y no habían recibido un abrazo, aumentaban los sentimientos y los pensamientos negativos, denominador común que aparecía independientemente del género, la edad, la etnia o el estado civil de los sujetos.
Curiosamente, el estudio también plantea una paradoja: por un lado, queda demostrado que las personas que perciben apoyo y afecto administran mejor el estrés, pero, en otros estudios, se demuestra que el exceso de apoyo puede ser contraproducente.
"Ésto pude deberse a que las personas que dan afecto crucen ciertas líneas relacionadas a dar consejos no solicitados o, directamente, intentar resolver los problemas que deben gestionar los afectados; este tipo de comportamientos puede hacer sentir incompetentes, sin intención, a los que perciben apoyo", dice Murphy.
Es mejor limitarnos a abrazar porque como Murphy declara, "[...] la investigación sugiere que el contacto físico puede provocar cambios fisiológicos beneficiosos, como reducciones en la actividad cerebral y cardíaca relacionada con el estrés y la liberación de la hormona oxitocina, que mejora el estado de ánimo".
A pesar de que los resultados actuales no son definitivos y que hay que tener en cuenta que hay gente a la que no le gusta que la abracen, Murphy asegura que proporcionar un abrazo es una razón convincente para llegar, literalmente, a los seres queridos que están pasando por un mal momento.
Ya sabéis, abrazad y dejad que os abracen, creednos, todo parecerá más fácil.





