Puede que haya muchas personas que hayan sido autosuficientes a la hora de crear sus propios caminos con esfuerzo y tesón, pero la mayoría han tenido algún guía que ha quitado piedras para allanar esos senderos.
Es indiscutible, si tienes un talento grandioso, es más fácil llegar lejos, pero una palabra de apoyo en un momento dado, o la confianza de alguien que tenga fe en nosotros pueden ser el empujón necesario para alcanzar la meta soñada.
Es el caso del escritor Albert Camus que encontró en su profesor Louis German a esa persona que marcó un antes y un después en su existencia y su carrera.
Albert Camus (1913-1960) fue un novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista argelino-francés. Debe su pensamiento al influjo de los razonamientos filosóficos de Schopenhauer, Dostoyevski, Nietzsche y el existencialismo alemán.

Se le atribuyó la conformación del pensamiento filosófico conocido como absurdismo, a pesar de que en su texto El enigma el propio Camus reniega de la etiqueta de «profeta del absurdo». Además, pese a su alejamiento consciente con respecto al nihilismo, rescata de él la idea de libertad individual.
Formó parte de la resistencia francesa durante la ocupación alemana y se relacionó con los movimientos libertarios de la posguerra. En 1957 se le concedió el Premio Nobel de Literatura por «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de la actualidad».
Fue justo a raíz de este hecho, cuando Camus reconoció que su éxito fue en parte gracias a los esfuerzos y dedicación de su profesor Louis Germain, quien fue su guía durante la primaria, secundaria e incluso en la preparación de su examen de ingreso para continuar sus estudios.

Existe una carta que da testimonio de ello y que se tradujo del francés. En ella, Albert escribió:
19 de noviembre de 1957
Querido señor Germain:
He esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted.
Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo.
Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Le mando un abrazo de todo corazón.
Albert Camus
Quizás, el gran éxito de Albert Camus no fue recibir el Nobel. Quizás, su gran éxito fue haber sido una persona agradecida y consciente de que no hay camino que pueda llevarse a cabo sin alguien que nos sostenga cuando las fuerzas nos fallen para seguir andándolo.