A mediados de abril de 2024, desde Cultura Inquieta animábamos a los mayores a participar en una nueva entrega de nuestro certamen de escritura para sabios y sabias de más de 65 años. Ahora, puedes seleccionar tus cartas favoritas para que sean una de las 10 ganadoras, con 2.000 euros en premios.
La II edición de Palabras mayores ha salido adelante gracias a la colaboración de Iberdrola.
Votación cerrada
La votación del concurso está cerrada desde el lunes 22 de julio a las 10:00 h. No serán contabilizados los votos otorgados después de esa fecha y hora.
Tras intensas semanas de lectura y de emoción al formar parte de tantas vidas y recuerdos, hemos seleccionado 25 cartas finalistas de entre las que se han subido a Instagram y las que hemos recibido en nuestro buzón, para someterlas al veredicto popular. Serás tu, lector de Cultura Inquieta o lector en general quien a través de tus votaciones en este artículo decidas quiénes serán las 10 ganadoras.

El plazo de votación pública se cerrará el próximo lunes 22 de julio, a las 10:00 h en horario de España peninsular. Con 2.000 euros en premios repartidos de la siguiente manera:
- 600 euros para el escrito ganador.
- 400 euros para el segundo puesto.
- 300 euros para el tercer puesto.
- 100 euros para los puestos del cuarto al décimo.
Como en la edición anterior, el jurado formado por miembros de Cultura Inquieta ha contado con el autor Adolfo Gilaberte para seleccionar las 25 cartas finalistas y las 25 historias que más nos han llegado.

Se nos han caído lágrimas, nos hemos reído y sorprendido: detrás de los años, hay mucha vida, lucha, pérdidas y muchísimo amor. Nos duele no poder premiar cada carta recibida. Ha sido muy difícil preseleccionar 25 historias porque todas y cada una de ellas merecen ser compartidas con el resto del mundo.
Gracias, de corazón, a los familiares que les han animado y les han dado aliento para compartir pedazos de sus vidas, a las residencias, centros de mayores y asociaciones, pero sobre todo, a nuestros mayores, os abrazamos muy fuerte y os mandamos un mensaje de que sois, habéis sido y seréis muy necesarios para un mundo más bello, mucho mejor.

Siempre es buen momento para tratar de devolver a nuestros mayores una mínima parte de lo que ellos y ellas arrojan al mundo con generosidad, con ilusión y con un amor inagotables. Queríamos empaparnos de sus historias y mirar a través de sus ojos y sentir con su pieles.
Proceso de votación
¿Cómo voto las cartas que me gustan?
Puedes votar las cartas que te gusten pulsando en el corazón (con el texto "Me encanta") que se encuentra después del texto de la carta.
¿A cuántas cartas puedo votar?
No hay límite, puedes votar tantas cartas como desees en un periodo de 24 horas.
¿Cada cuánto tiempo puedo votar?
Puedes votar las cartas que quieras cada 24 horas.
Disfruta la lectura de las 25 finalistas, porque sin duda lo merecen.
Las cartas finalistas recibidas a través de Instagram
1. @jimenalee_

"Jimena: Recibí tu cariñosa carta en el paquete de las medias. Veo que estás muy contenta en la universidad y me hablas de tus profesores, en especial el de Literatura. Te confieso que nunca tuve un "profe" de Literatura y mi mejor profesor han sido los libros que he leído".
2. @soledadlaragon

"Me lo han pedido mis hijos: ¿Mamá, a quién escribirías una carta?
Inmediatamente pensé en ti
Oviedo, mayo 2024
Querido abuelo, te echo de menos.
A mis muchos años aún añoro tu voz, la serenidad con que te enfrentabas a sufrimientos y dificultades. Lo sociable y mediador que eras y lo feliz que hiciste mi infancia y adolescencia.
Gracias abuelo, por eso te escribo, para agradecerte aquellos veranos que olían a hierba segada, a empanada y romerías. Los otoños nostálgicos con sabor a castañas asadas. La escarcha del invierno que rompíamos con las madreñas y los carámbanos colgados del alero. Y las magníficas primaveras con sus juegos alrededor de la panera y, al terminar el día, los cielos llenos de estrellas.
Gracias otra vez "guelín", abuelo, y un abrazo muy fuerte de
Sole
Soledad Lara González".

"La vejez empieza cuando los recuerdos pesan mas que las esperanzas. Cuando los sueños pendientes ya no importa que se hagan realidad. La vida es para ser disfrutada y no sobrellevada. Mi edad está solo en mi documento y en mi cara llena de arrugas. Mi espíritu, mis ganas y los sueños que tengo y voy a cumplir son mi motor de vida y voy por más. Ser libre no es hacer lo que quiero, sino disfrutar de lo que estoy haciendo. Hoy no le pido nada más a la vida. Solo agradezco por lo que soy, por lo que tengo y por lo que está por venir".
4. @luciafernandezcivico

"Cuando era pequeña, alrededor de mis cuatro años vi en una juguetería un oso de peluche, claro el que se usaba en esos tiempos, muy muy grande.
Paradita frente a la vidriera y acercandomé era de mi mismo tamaño.
Al día siguiente le dije: "Papá, ¿me comprás el oso?" El me respondió: "Sí".
Pronto apareció sobre una mesa, una silla donde estaba sentadito un osito igual pero pequeño; con la altura de la mesa y silla mi papá quiso simular un tamaño mayor.
El oso fue pequeño, pero lo que fue muy muy grande fue mi sorpresa.
Lo quise mucho, y me acompañó hasta que el serrín de su interior se filtró por unas puntadas que se fueron descosiendo.
Ly
Mayo 16, 2024".
5. @nelsoncorredort

Carta a mi nieto
"Sé que un día nacerás, no sé si estaré en ese momento, para conocerte y tenerte entre mis brazos, no lo sé, solo Dios lo sabe. Sé que vendrás a un mundo muy distinto al que conocí, a una vida muy distinta a la mía. Nací en 1956, en una ciudad de casas coloniales con paredes de barro y bahareque, techos de tejas de arcilla, ventanas con postigos y puertas anchas, una sala amplia, un patio grande, en el centro una fuente de agua, a su alrededor varias habitaciones y una cocina con fogones de leña y al fondo un solar y un baño.
Estudié en una escuela cercana, con maestros estrictos. En un maletín de cuero llevaba regla, lápiz, creyones, sacapuntas, dos o tres cuadernos y el libro texto, además de una rica arepa rellena con queso rallado y huevos revueltos que, con sus manos, mi madre amorosamente preparaba como desayuno.
Aquellos días de mi niñez, apenas la televisión en blanco y negro, estaba dando sus primeros pasos, la radio fue la primera tecnología que conocí, viví cambios políticos y sociales, pero los cambios que marcaron mi vida fueron los tecnológicos. En mi juventud, aprendí a trabajar artesanalmente en el mundo de la comunicación social, como corrector de pruebas, en editoriales y periódicos de la ciudad de Mérida, pero un día apareció un aparato que veíamos como la intrusa que causaría la pérdida de nuestros empleos: la computadora.
Todos la veíamos como una intrusa que causaría la pérdida de nuestros trabajos, pero yo, querido nieto, en lugar de temerle, decidí conquistarla e hice que, junto a tu abuela, se convirtiera en mi otra compañera de vida.
Después de cuatro décadas, la tecnología me ha llevado a conocer otra maravilla: la inteligencia artificial, y como el caballo viejo de Simón Díaz, volví a enamorarme. Preguntarás quién es Simón Díaz y ella te lo dirá, si para ese momento no estoy, pero estoy seguro que con ella harás un robot que te permitirá conversar conmigo sobre nuestros mundos.
Con amor, tu abuelo".
6. @puntomniapomar (Sebastiana Polo Balaguer)

"Badalona, 8/4/2024
Querida amiga María,
Sé que no te esperas esta carta, pero encontré tu dirección en una carpeta y me dio mucha alegría porque podría saber de ti. Esto fue una sorpresa y desde entonces no paro de pensar en ti y en todos las cosas que hacíamos cuando no estaban nuestras madres. ¿Te acuerdas cuando te hice el sujetador? Nos escondíamos para hacerlo porque nos daba vergüenza de que nuestras madres lo vieran. Yo cogí un trozo de sábana blanca de mi madre, hice un dibujo, lo corté y a fuerza de pruebas salió.
Sobre todo aprovechábamos mucho el tiempo, nos hacíamos las muñecas rellenas de lana, para acabar les hacíamos los vestiditos y después venía lo peor, la riña de nuestras madres.
¡Cómo cambian los tiempos! Ahora eso sería impensable.
María tengo una idea y espero que la aceptes, es la siguiente:
Te invito que vengas a mi casa los días que quieras, sé que estás sola como yo y tenemos muchas cosas que contarnos.
Espero tus noticias y un cariñoso abrazo para ti.
S. Polo".
7. @residenciabetania (Magdalena)

"En Zaragoza a 16 de mayo de 2024
No escribo una carta desde que tenía novio.
En todas las cartas le decía que le quería mucho, solo estuve con éste novio, que luego fue mi marido, era una persona muy buena además de guapo.
Un beso al cielo.
Magdalena".
8. @centroresidencialporqueira (Rocío Puga)

"Hoy me siento bien a mis 92 años, estoy viva porque siempre estoy haciendo algo.
Rocío Puga
Porqueira, 2024".
9. @centroresidencialporqueira (Milagros Portela)

"Respetad a las personas mayores porque todos llegaremos.
Milagros Portela
Porqueira, 2024".
10. @arturoseguragortarez

El señor de los lápices
Arturo Segura Gortárez
"Otto fue con su madre a visitar al tío Manuel, el hermano mayor. Se dedicaba a elaborar pan. Tenía su panadería a las faldas del cerro de La Campana. Durante las mañanas mezclaba la harina y reposaba la masa. Horneaba por las tardes para que la hogaza tanto salada como dulce expulsara su aroma en el ambiente y llegara al olfato de la gente poco antes de la cena.
El tío Manuel era un hombre robusto, bueno, amable, y siempre sonriendo a pesar de la enfermedad que lo aquejaba en sus piernas. Se apoyaba con las muletas para caminar y hacer su trabajo. Un padecimiento extraño que apareció en su juventud, mientras jugaba en el monte con sus amigos. Encontraron una carabina muy vieja, enmohecida por el tiempo. De la época de la Revolución Mexicana. Mientras con asombro examinaban el arma, a Manuel se le disparó accidentalmente sufriendo una herida en el pie derecho.
Asustados sus amigos, lo llevaron con su madre y llamaron al médico para que examinara la lesión. La bala de calibre 22 atravesó el pie dejando dos orificios uno de entrada y otro de salida. Curaron la herida y nu nunca sanó. Se extendía cada vez más. Afectando todo el pie, luego el tobillo, ascendió a la pierna llegando hasta el muslo. Aumentó de volumen. Su aspecto era escarlata con múltiples orificios que supuraban un líquido amarillento no fétido. La infección se extendía lentamente. Múltiples médicos lo atendieron. Especialistas de la capital no pudieron frenar la enfermedad.
En esa ocasión Otto tenía nueve años, las dos extremidades del pariente estaban ya afectadas, con las mismas lesiones. El niño sacó un lápiz y una hoja de papel que traía doblada en la bolsa de su camisa, en donde anotaba cosas. El tío Manuel le preguntó: ¿Qué haces? el pequeño contestó: anoto lo que no entiendo y tengo que investigar después. El tío metió la mano en la bolsa del niño y encontró el escrito, además tres lápices, uno con las dos puntas afiladas y otros dos con la punta afilada y las gomas de borrar. Leyó el escrito que decía: Investigar la enfermedad de mi tío Manuel. Los ojos se le humedecieron y antes de que las lágrimas corrieran por la mejilla las secó con los dedos de la mano. El sobrino le había robado el corazón para siempre.
Acarició y sacudió con ternura la cabeza del pequeño y le dijo:
- ¿Quieres un pan recién horneado señor de los lápices?
- Sí, tío. ¿Podrían ser dos?
- Claro que sí señor de los lápices. Serán dos panes, un birote y uno de dulce -le mencionó con una sonrisa.
El tío Manuel murió unos años después, cuando Otto aún era menor de edad. Lo recordaba con cariño, no solo por los sabrosos panes que le daba. Trataba de saber por qué decía el señor de los lápices.
Más adelante la hoja de papel fue remplazada por una libreta pequeña de resorte. En la pasta le puso el título: Algún día estudiaré esto.
Todo lo que veía, escuchaba y no entendía lo anotaba en el cuadernillo, para que, en algún momento, libre de las tareas de la escuela, investigaba en la gran Enciclopedia Sopena, cinco grandes tomos que contenían toda la información desde la A hasta la Z. Similar a la Wikipedia de ahora. Con el paso del tiempo buscaba las respuestas en los libros que aclararan sus dudas.
A los once años de edad obtuvo el sexto lugar en un concurso del periódico El Imparcial, sobre Pensamiento a la Madre. No recuerda qué escribió ni cuándo le dieron el diploma de premio. Escribió su primer libro, era un Diario personal, repleto de aventuras, anécdotas y sueños, desbordando la imaginación.
Con un poco más de madurez. Creyó que lo escrito era algo cursi, anticuado, ridículo. No tenía el talento para escribir. Rompió el cuaderno y lo quemó en el boiler de leña. Metió en la prisión de su cerebro el sueño de escritor. Al final de su adolescencia reinició su Diario. Plasmaba con la pluma o con la máquina de escribir en hojas blancas a veces de color lo que pensaba sobre las situaciones de la vida, sus experiencias e historias que brotaban de su imaginación y las guardaba en un portafolio negro. Cientos de hojas se llenaron de letras. Pasó el tiempo y seguía escribiendo, su gran sueño revoloteaba en su mente, lo veía inalcanzable, hasta que un día, en el otoño de su vida, encontró a un ángel, una escritora y maestra de narrativa que le motivó y enseñó cómo hacerlo. Y como una semilla que se siembra en terreno fértil comenzó a dar frutos y hacer realidad un sueño. El señor de los lápices se había convertido en escritor".
11. @unaguayaberayuncafe

"Mi pareja de hace años tenía la belleza de un Botero. Muy robusta, se enfurecía con toda persona que se me acercara.
Me molestaba con sus ronquidos. Era mi aspirina porque en general me tranquilizaba en medio de mi irritabilidad propia de anciano de 86 años.
Era muy bella.
Dicen que poco dura la dicha en la casa del pobre. Se me fue con Dios.
Ahora mi insomnio es un rayo que no cesa. ¿por qué la vida de los perros no puede durar de una forma similar a la de los humanos?
Leonardo C Narváez
26 de abril de dos mil veinticuatro".
12. @pppaulalozano

"Domingo 5 de mayo de 2024
El otro día visité el lugar en el que nací y me crié, Cabezagorda, y me llevé la mayor desilusión del mundo. Aquello era solo ruinas. Me impresionó ver escombros donde antes hubo tanta felicidad. Pienso que todas las ilusiones son así: poco a poco, se van derrumbando. Se desmoronan como las paredes de un edificio hasta que solo quedan cuatro piedras en pie. Pero nos queda la alegría de haberlo vivido y poder contarlo.
Para vivir cerca del campo y criar a los animales, fue mi familia la que construyó allí el pequeño poblado, pensando más en su ganado que en su propia comodidad. El agua más cercana estaba a media hora de distancia con caballería. No había luz eléctrica, no había nada.
Tuvimos una infancia muy feliz sin tener nada material. Simplemente, el oír los cencerros cuando venían los ganados a recogerse por las noches, ya nos daba mucha alegría. Con cualquier cosa ya éramos felices, jugando con una flor, con una lagartija.
Uno de los grandes recuerdos que tengo es cuando mi padre volvía del campo y me decía: Mari, ve al morral a ver lo que hay ahí. Me traía algo de su merienda. A veces chorizo, otras un torrezno. Aquello me sabía muy bueno. Nuestras mayores, cuando iban al pueblo, traían alguna naranja y las partían a trozos para repartir, aquello era un gran capricho. En vísperas de la Navidad, hacían una gran masada de tortas dulces y antes de amanecer, se levantaban las tías y nos traían a la cama un trozo de torta y un traguillo de anís o moscatel.
Estuvimos visitando Cabezagorda en familia, mis nietos parecían investigadores, no paraban de preguntar qué enseres teníamos, si había muebles, ropas. No teníamos ni lo imprescindible, pero no echábamos nada en falta porque no conocíamos otra cosa. Solo teníamos mucha ilusión.
Cuando volví a mi casa después de la visita, estuve toda la tarde emocionadísima, sin ganas de hacer nada más que recordar. Mi marido dice que parecía un gorrioncillo viejo acurrucado en el sofá.
Le doy gracias a la vida por la familia tan buena que tengo, se ha multiplicado y ahora ya somos bisabuelos. También por las comodidades de las que ahora disfrutamos y por los recuerdos tan bonitos que guardo. El que haya sido un poco peor, lo olvido, porque a veces es necesario olvidar. Si no nos fijásemos tanto en lo material, sino en el cariño y la convivencia, seríamos mucho más felices todos.
Un abrazo y mucha felicidad para mis seres queridos y un recuerdo para mis enemigos.
M.a Emilia".
13. @chemaluceron

"Miedo me da el acordarme de mi viaje a Alemania, miedo me da el acordarme. Salí de la estación del Norte de Madrid, era un veintiséis de julio de 1960, un calor terrorífico, yo solo una maleta de veinte duros y mis alpargatas, el billete hasta Stuttgart y 300 pesetas en el bolsillo y mi pasaporte de turista, sin saber leer ni escribir.
Un viaje bueno hasta San Sebastián, fui en un departamento con unos chavales que iban de vacaciones a la playa, allí se apearon y me desearon suerte. Empezó mi calvario, llegó el tren a Irún y todos abajo, me salí a la calle, faltaban tres horas para salir con dirección a Paris. Por la calle pasé a orinar a un urinario y me cobraron 20 francos, si hubiese podido hubiese cogido la orina, pero ya no tenía remedio. Salió el tren a las 11 en punto, paraba el tren en Paris y estaba lloviendo, cogí una camioneta que trasladaba a la gente de una estación a otra con tan mala suerte que me llevó a la estación que no era, le enseñé el pasaporte a unos gendarmes y fueron tan buenos que me acompañaron a la otra estación. Toda la noche de espera hasta las 7 de la mañana que salía el tren para Stuttgart. Qué noche. Por fin a las 7 de la mañana arrancó el tren, no recuerdo la hora, pero si recuerdo que había un río grande y en mitad se paró el tren y llegaron los guardias y empezaron a mirar las maletas, la mía ni la miraron y pensé, si abren mi maleta y me quitan el bocadillo que me quedaba me hubieran hecho la puñeta. Pero no, tuve suerte y no la tocaron. Qué viaje solo pensando qué me encontraría allí.
A las 7 de la tarde paraba el tren en Stuttgart y una vez ya en la sala de espera enseñé el pasaporte a un guardia y me acompañó al sindicato que estaba muy cerca y había un intérprete argentino y apenas si lo entendía, al final me dieron una hoja con unas señas para que me dieran trabajo y me marché a la estación a pasar la noche. A las ocho de la mañana estaba ya en la puerta de la oficina, les di la esquela y ellos me dieron otra, me fui a la estación, se la di a un guardia y me sacó un billete de tren y me decía Oven Esslingen, monté en el tren y a las tres estaciones oí algo de Esslingen y me apeé del tren, me salí fuera y vi a un señor en una garita con barrera, le enseñé la esquela y en dos minutos salió un mercedes y me invitaron a subir y me llevó a una obra en la que estaban trabajando entre el agua, salió un rubio grande, me acompañó a dejar la maleta en la barraca encima del agua y me señaló que fuese con él y en un garito grande tenían la herramienta. Me da un pico y me manda con los del agua y yo me negué, empezó a chillar y yo le señalaba mis alpargatas y después de 10 minutos chillando me dio unas botas hasta la rodilla y así fue mi comienzo en Alemania. Yo fui sin papeles".
Las cartas finalistas que nos han llegado al buzón
14. Vicente García Pérez

Carta a aquella carta
"Madrid. 15 de abril de 2024
Querida carta:
Espero que al recibo de la presente te encuentres bien, yo también G.A D. (que quería decir "gracias a Dios") ¿Os acordáis?
Este era el encabezamiento clásico, el que me decían mis padres que había que poner en una carta cuando las cartas eran eso: cartas.
Aún recuerdo de pequeño, cuando mi madre me mandaba bajar al portal a mirar el buzón y, al abrirlo, la emocionante sensación de ver ese sobre blanco escrito a mano. Recuerdo mirar nerviosamente el remite. Eras tú, la carta. Cuando te abríamos en casa, veíamos qué noticias traía de mis tíos y mis primas de la otra punta de España o si me felicitaban por mi cumpleaños, además de contar las mil y una historias del pueblo.
Años después y ya de adolescente, llegaba también aquella otra carta de algún amigo de las pandillas del verano pasado o de aquella chica que te gustaba y que comenzó a despertar mis sentidos al ver que al final, al lado de la firma, había un beso marcado al posar sobre el papel el carmín de sus labios y que, a veces, además del escrito traías en tu interior una foto esplendida y sonriente dedicada a mi. i Esa foto era para mí, solo para mí ! y la guardaría en el fondo de mi cajón a salvo de la curiosidad de mis padres.
Pero la carta estrella, la que recibíamos todos con mariposas en el estómago era aquella que venía dentro de un sobre de un papel especial, con más brillo y más fino, con sus bordes enmarcados con colores rojo y azul y ponía en su parte inferior derecha: " air mail iAquella carta era única ... venías por avión y, sin duda del extranjero ... o de incluso más allá!
Al abrirte sacaba un papel como de seda (debe ser para que pesase poco y no se cayese el avión). En tu interior nos traías noticias de aquel familiar que había emigrado fuera de España, de esa tía que estaba de vacaciones en lo más profundo de Europa y se había acordado de nosotros los suficiente como para perder unos minutos en escribirla y ponerle ese precioso sello que yo después despegaba al "baño maría" para guardarlo. Un sello totalmente diferente al que, de manera cansina, teníamos en España: Siempre el mismo perfil del mismo protagonista o con colecciones de mariposas y animales africanos.
Querida carta: quiero agradecerte todos aquellos momentos emocionantes que me has dado en mi niñez y en mi adolescencia al abrir el buzón, al abrirte nerviosamente y al leer tu contenido que siempre me aprestaba a responder.
Querida carta: quiero transmitirte mi más profunda tristeza porque ya no existas.
Hoy en el buzón, que abres sin emoción alguna, solo hay facturas, papelotes y recibos. Has perdido tu alma, has perdido tu voz, pero nunca perderás mi recuerdo.
No obstante quedo en espera de tus noticias.
Se despide tu amigo, este que lo es:
Vicente".
15. Pilar Abad Cervero

"20 Julio 1960
Queridos papás y hermanos:
Os escribo porque se me olvidó contaros muchas cosas el día que me llamasteis por conferencia. Aqui me lo paso muy bien con Julia que tiene patines y bici y me deja. Un día me caí y me hice una herida en la rodilla pero me la lavaron mucho para que no me entrara el tétanos, ya tengo postilla.
Hemos ido un día a la playa en tren todos los primos con las tías y me lo pasé muy, muy, muy bien, me bañé con un traje de baño de Marieta que ya no le vale, es rojo, de gomas, me gusta mucho, dice que me lo regala. Julita me dijo en la Estación que si el revisor me preguntaba los años que dijera dos menos, que así las primas mayores solo pagan medio billete y que eso no era una mentira, porque si tengo 11 años también tengo 9, como estaba nerviosa me hice la dormida cuando vi al revisor.
Tía Julia ya nos ha buscado una profesora para matemáticas, NO me gusta, es muy seria y hace unas muecas muy raras, la tía dice que son tic (no se como se escribe).
Las sandalias nuevas me hacían rozaduras y tía Julia las llevó a la horma y ya no me rozan. Los domingos vamos a misa y yo he ido una vez a confesar. A veces llueve y vamos al cine, o a merendar sangüis muy ricos.
Por la mañana oigo en la cama el ruido del tranvía que tiene una campanilla alegre. Por la noche me acuerdo mucho de casa y tengo muchas ganas de veros. Escribirme una carta larga pronto. Recibir muchos besos de vuestra hija y hermana.
Pilarín
P. D. No me quiteis cromos del album Javier, te llevo unos de futbolistas que me dio Cefe y también sellos de Africa de las misiones".
16. María Fontana

"Inés hija mía,
Te suplico que me perdones por echarte de mi lado.
No es por justificarme que te cuento de nuevo como a mis diez y siete años me casaron con aquel hombre, viudo, con cara de circunstancia de la mano de una niña de tres años.
Así lo decidieron los vecinos en aquel velatorio y así se hizo a pesar de las lágrimas de desaprobación de mi madre que no cesaba de repetir "Mi hija es solo es una niña, como va a encargarse de una criatura, de una casa.
El enlace tuvo lugar a las 7h de la madrugada, al que solo asistieron mis padres, vestida de negro riguroso pues no se había cumplido el año de la muerte de la esposa. ¡Era un mal augurio!
Cumplí mi deber de buena hija, buena esposa para que mis padres estuvieran orgullosos de mí. Asumi el papel de madre con esa niña huérfana. Tu padre me lo pedía cada día, como una obligación más El hombre padecía por ti.
Al cabo de unos años tuve a tu hermana. Una niña más buena que el pan, siempre sonriendo. Té quería mucho. Supo la historia bien pronto. Nunca se quejó de nada. Jamás dijo una palabra a propósito de la ropa que llenaba tu arcón, de tu bicicleta o de tu máquina de coser y tu dote cuando quisiste casarte y así tantas cosas más que ella no tuvo. Soportaba con resignación esa desigualdad creada desde su nacimiento. Yo acaté cada norma suya sin un reproche, en silencio, por no enfrentarme a él, porque nada había cambiado tu estabas por encima de todo.
A las puertas de mi muerte, en el hospital, te negué la entrada a mi habitación. Te culpé de todo, porque tu padre ya no estaba en este mundo. Fue cuando me percaté de mi impotencia por no haber luchado, por mi silencio ante tanta injusticia.
Yo soy la única responsable y pido perdón ante ti y tu hermana por haber aceptado lo inaceptable".
17. Juan Francisco Mencía

"Toledo 16 de Febrero de 2024
Querido hijo:
Ya sabes lo mal que llevo lo del teléfono y que conste que lo tengo porque me apuntasteis tu hermano y tú a ese servicio en el que debes llevar colgado del cuello un pulsador por si te caes o por si te encuentras mal o por lo que sea. Y digo yo, que si me caigo y me doy un golpe en la cabeza es seguro que no podré llamar y si me da algo pues tampoco. Es más ¿ Creéis que en esas circunstancias voy a estar pendiente del pulsador de los … servicios esos? Te advierto que ya no me molesta llevarlo, teniendo en cuenta, además, que me he hecho el propósito de no pulsarlo nunca, en ninguna circunstancia. Si me pasa algo ya me encontraréis. Vamos, que no os lo he dicho, pero lo digo ahora, lo tengo guardado en la mesilla y por mí ahí se puede estar. Me lo pongo cuando venís, para que no me regañéis. Ya sabes lo mal que llevo las regañinas. A tu madre le chiflaba echar broncas, sobre todo a mí. No creas que lo hago a mala idea, es que me duele comprobar que cada vez necesito más cosas que no tengo, al tiempo que cada vez necesito menos de las que tengo en abundancia y que me sobran.
Te escribo porque ayer por la tarde, serían las cuatro y estaba dormitando en el sillón, sonó el teléfono y pensando que sería la pesada esa del servicio de atención al mayor, el de los viejos que dice mi amigo Romualdo, no lo cogí. Y es que esa señora llama cada cierto tiempo y me pregunta que si estoy bien. ¡ Le importará a ella mucho! Si no llamo es que estaré bien. Desde que la puse en su sitio, no ha vuelto a llamar. No me digas que tengo malas pulgas y que mi virtud no es la paciencia, lo sé, pero estoy en el tiempo de no tener que dar explicaciones y menos a extraños. A lo que iba, que cuando me estaba tomando el zumo en la cocina, a eso de las seis menos cuarto, volvió a sonar el puñetero aparato, el dispositivo lo nombra Romualdo alardeando de moderno, y pensando que podíais ser tu hermano o tú, lo descolgué. Luego pensé que no eran horas para vosotros que estáis a tope siempre, que tu hermano, a esas horas, está volviendo del trabajo a casa y tú sueles estar con los niños en las extraescolares como dice tu mujer, pero no, al otro lado sonó una desconocida y dulce voz, tan dulce que me pareció de mala educación colgar. Debía ser muy guapa, seguro. Con esa voz...
-¡Buenas tardes, señor! - y la voz me encandiló - me llamo Julia-mi nombre favorito pensé - ¿Me puede decir el suyo para llamarle con más propiedad?
Andrés - le contesté.
- ¿Me lo puedes repetir? - y me gustó el tuteo - No te he entendido bien.
- Andrés, como el apóstol - y percibí su sonrisa.
- Como te dije, mi nombre es Julia y llamo del departamento de clientes de lberdrola. Tenemos una oferta muy interesante.
Me encantaba la voz y la escuché atentamente sin que me vinieran ganas de cortarle. Era una voz timbrada, redonda, casi recia, de contralto, ya sabes cómo me gusta la música coral y esa voz empasta al coro. Que sí, que me enrollo, pero es que parecía la voz de una locutora de las del cuadro de actores de Radio Madrid.
Bueno, que me alegró la tarde. Que no me importa la luz ni la luz, pero que quedé con ella en que iría a las oficinas que están cerca de casa.
Te escribo para que, si tienes un rato, uno de los días que libres en el hospital, te vengas por la mañana y me acompañes. La señorita Julia me ha dicho que la oferta estará en vigor este mes. Como le dije que no me gustaba el teléfono, me aconsejó una cita personal. Con ella no, con un comercial. Si no puedes, dímelo y se lo digo Romualdo, pero prefiero que vengas tú porque te enteras mejor.
¿Y los niños? Hace mucho que no los veo. Me revolucionan la casa, pero los echo de menos. Aquí todo está enmohecido.
Un beso para todos
Papá
P.D. He llevado la carta a Correos para certificarla con acuse de recibo. Quiero saber que llega porque de las anteriores no tengo esa constancia, aunque en Correos todas las cartas llegan. Te podía haber llamado por teléfono, pero cuando lo descolgué sólo oía un tu tu tu, tu tu tu. El día que vengas podemos ir a Telefónica y decirlo. El de Correos me ha dicho que tengo que poner una dirección, la que sea, pero una, que no vale con poner en el sobre "Para mi hijo". Así es que, si no te importa, envíame tus señas cuanto antes. Ten en cuenta que he quedado con la señorita Julia antes de fin de mes. Tengo suerte de teneros. Como dice Romualdo, por lo menos tengo a quien escribir. Él está muy solo".
18. Joaquín Martínez

"Queridísima Marta, mi amor
Hoy te escribo en aquel cuaderno que me regalaste, el que venía con líneas para que no me torciese.
Además, me esmeraré para que entiendas bien mi letra y cuando nos encontremos, allá donde estés, no me eches la bronca.
Han llegado los primeros vencejos que me anuncian otra primavera que pasaré medio vacío. Te echo de menos.
Los chicos están bien y los nietos también, aunque por aquí las cosas son cada día más complicadas ya que todo lo hacen demasiado deprisa. Por ejemplo, según ellos, es más rápido y fácil llamar para comprar la comida, que cocinar. No lo veo así, qué quieres que te diga. Será más rápido, pero no más fácil. Y, por supuesto, no tan rico. Me sigue gustando cocinar, pero el único que de verdad disfruta con mis guisos es Alberto. Será porque al pobre, casi siempre, lo tuvieron en internados. Llevo regular lo de la prisa. Es un poco agobiante que, si te entretienes un poco en contar algo, ya no te escuchen. Sobre todo, Jaime y Luisa. iQué tiempos aquellos en que disfrutábamos las batallitas de nuestros abuelos!
Martita se te sigue pareciendo mucho. No me extraña que vuelva loco a Alberto. iY eso que tiene un carácter … ! Cuando la miro, te veo en ella; camina con tu desparpajo, moviendo la coleta como tú: dibujando una sonrisa en el aire.
Ayer fuimos al cine. Me costó entender algunas frases porque los actores de ahora no vocalizan. Da la impresión de que no se han formado y los escogen por guapos. Es raro. iCon lo bien que actuabas tú! Dentro y fuera de las tablas (no te enfades que ya sabes que me gustaba mucho gastarte esta broma). Aun así, las actrices, siendo tan bellas, no tienen esa sonrisa tuya que no era sólo tu boca sino tu naricilla, el achinado de tus ojos y los hoyuelos de tus mejillas. Y ya no se mueven como antes. Tú, girabas la cabeza con tal desparpajo que volvías locas a las ventanas del barrio.
Casi todos los días salgo a dar una vuelta. A veces me siento en un banco del parque. Me llevo un libro pero, no sé por qué, estando ahí no me concentro. Te me vienes a la cabeza todo el rato como una obra de arte que no puedo tocar. Salgo mucho porque, en el piso, Alberto trabaja online (se pronuncia onlain y ahora se llama así a trabajar desde casa No puedo molestarlo poniendo la tele ni tampoco yo me concentro con sus vídeos reuniones. Esto de las vídeo reuniones es algo realmente curioso porque es como aquella vez que hablamos con Martita cuando estaba en Nueva York, que la veíamos, pero con muchos a la vez. Está muy bien. No sé cómo no lo utiliza la gente para ver a todos sus familiares de una. Bueno, igual lo hacen. El caso es que no puedo pasar por detrás si está reunido, no puedo hacer ruido, no puedo leer por sus continuas llamadas y sólo me queda estar en mi habitación o salir.
Me han regalado, para mi próximo cumpleaños, un teléfono nuevo que viene con una suscripción a las noticias. No está mal porque me entretiene bastante: sigo todos los días las diferentes guerras del mundo -qué lástima-, me entero de cómo se ponen verdes los políticos -qué lástima-, lo importante que es la rentabilidad de las cosas y las personas -qué lástima-, las medidas que se implementan para la Agenda 2030, que es algo así como unos objetivos para salvar el planeta y sus habitantes de la destrucción por contaminación -que no se va a cumplir-y los deportes, o más bien el negocio de los deportes. Bueno, ya sabes que siempre he sido muy crítico con la ausencia de humanidad del ser humano. A veces pienso que no evolucionamos: antes veíamos películas como La familia y uno más y ahora el boom es Padre no hay más que uno, antes escuchábamos a los Ch ichos y ahora a un tal Melendi, antes veíamos el festival de Eurovisión y ahora también. Quizá involucionemos porque no sé de ningún Bertolt Brecht, Picasso, Berlanga, Simone, Hepburn o Warhol. Pero será que estoy fuera de honda.
Todo esto me cansa mucho y sólo deseo irme en paz porque sé que tú estarás al otro lado. Al fin y al cabo, eres mi amor, mi amiga, mi compañera, … y sé que te fuiste para coger sitio, no los lo fueran a quitar.
Siempre tuyo, Ricardo".
19. Jesús Valiño

"A quien corresponda
Soy un hombre de setenta y siete años, tuve una niñez buena y también una vida holgada con amoríos y lujos, pero la vida se va pasando y cuando te da cuenta para casarte y formar una familia, ya es demasiado tarde.
23 de Mayo de 2024
Jesús Valiño".
20. Jesús Fernández Vázquez

"Cuando me jubilé dejé la gran ciudad.
Desde entonces leo, escribo y pinto.
Siempre supe que detrás de la puerta, estaba ...
... el mar".
21. Isabel Fernández

"Vivíamos en una aldea. Éramos 9 hermanos: 5 hermanas y 4 hermanos.
Teníamos un hermano que era muy severo y le teníamos miedo. Me acuerdo que me iba a la era a montar en bicicleta, me vio mi hermano y me quito la bicicleta. Me dijo "gorrina" y que me fuera a casa a fregar.
Teníamos un maestro para 3 o 4 aldeas. Iba a enseñarnos a leer y escribir. No nos enseñaba nada, solo venía para que le diésemos de comer. Mi madre tenía mucha ilusión por que aprendiéramos.
La aldea era de mis abuelos. Había muchas viñas. Mi madre nos daba pan para merendar y nos decía iros a la viña y coged uvas. Estaban ricas, uvas blancas de mesa. Disfrutábamos mucho. Lo pasábamos muy bien.
Isabel Fernandez".
22. Gloria Gou Clavera

Peldaños torcidos
"Ahora que estás a punto de emprender el largo viaje sin retorno hacia la eternidad, has sido valiente y el último aullido ha sido un gemido para cantar nuestro amor.
¿Por qué hemos tenido que esperar tanto para confesar nuestros sentimientos? No pudimos pasar de ser amigas, pensando que la distancia apaciguaría el amor. Sólo mensajes velados.
Sólo besos huidizos
Cuántas noches soñando tus labios y también tu cuerpo.
Al pensarlo, el rubor me mancha las mejillas y el corazón me palpita.
Hay quien dice que es vicio. Una perversión fruto del libertinaje.
Hay quien dice que es enfermedad y es cierto, es un dolor de amor.
No hemos sido suficientemente atrevidas, ni gallardas y la cobardía no ha consumido.
No nos han dejado querernos.
Hemos estado prohibidas.
Sinuosas, torcidas y deshonestas.
Somos los peldaños torcidos de la creación".
23. Esther Aristieta Encinas

"lrun, 14 de abril de 2024
Querida hermana, en tu última carta me dices que estás preocupada por mí. Me preguntas si me encuentro sola. Puedes estar tranquila. Es todo lo contrario. Estoy contenta, mi vida ha cambiado completamente. He conocido mucha gente y, no lo creerás, pero paso más tiempo fuera de casa que en casa.
Tengo una vecina, Elvira, con quien antes nunca había intercambiado más de 4 palabras en las escaleras pero que, cuando Andrés falleció, se presentó una tarde en mi puerta con un bizcocho y me preguntó: ¿me invitas a un café con leche? Desde ese día no nos hemos separado. Me ha presentado a mucha gente. Está metida en el movimiento por las pensiones y ahora yo también me he asociado. Nos juntamos cada lunes a las 12 del mediodía en la plaza para pedir una pensión mínima y justa para todos y todas. También hacemos una pequeña manifestación una vez al mes. Si me ve Andrés sujetando la pancarta se vuelve a morir del susto. A mí me parece que estoy haciendo algo bueno. No sabes cuanta gente hay, de nuestra edad, a la que no le llega la pensión para vivir. A fin de mes tienen que elegir entre calefacción o comida.
Hemos hecho un pequeño grupo, algunos matrimonios y otros viudos o solteros.
Los hombres se conocen porque trabajaron juntos en la misma fábrica. ¿Te acuerdas de las huelgas del metal? Pues estos estuvieron en todas .. Manuel, uno de los viudos dice que nada se consigue en solitario, que hay que estar unidos y que también dice que nunca te regalan nada, que todo se consigue luchando y para terminar añade:
¡ Y ahora tocan las pensiones !
Espero que tú y tu familia estéis bien. Nada me gustaría más que verte y ahora, que me he vuelto más valiente, cualquier día cojo el tren y me presento en tu casa.
Recibe un beso muy grande de tu hermana que te quiere".
24. Carmen Enelis

"Querida nieta:
No recuerdo cuando empecé a ver el mundo cabeza abajo. Creo que fue en el colegio durante el recreo.Me sudaban las manos y las compañeras me rechazaban. Así que me decidí a hacer el pino apoyada en la pared. A eso no me ganaba nadie.Supongo que no se me verían las bragas ¡Ah, no! llevaba cucos bajo el uniforme ¡Que feos eran ¡ anchisimos! ¡con tal de ocultar nuestro cuerpo ...!
Y con tanto pino me puse fuerte y bonita y entonces en el recreo prefería mirar de lejos a los muchachos que tonteaban en la plaza. Y conseguí un novio al que no le importaba el sudor de mi mano¿ Como se llamaba aquel chico? ¡Era guapísimo y muy alto!¡Qué difícil es recordar! ¿Qué estaba haciendo?¡Ah! una carta para mi nieta. No creo que le interese. Es buena, pero se aburre conmigo ¡los jóvenes son unos egoístas! yo, desde luego, no era así.
¿Por donde iba? … el terrao, el terrao del colegio. ¿Cómo nos dejarían las monjas subir allí? ¡menudas eran! Sor María Jesús no sonreía nunca. Yo sí. A mi me gusta sonreír y aunque esté triste, me dura poco. También me duelen las rodillas pero me aguanto.
Ir a la farmacia, ir a la farmacia, que no se me olvide ir a la farmacia. Y tengo que tomar el sol por la vitamina D¿ o era la C? menos mal que tengo la televisión y los concursos. Y los recuerdos cuando recuerdo. No me pierdo "La ruleta de la fortuna" porque me da alegría ver que adivino algunas palabras. Mi mente a veces se queda quieta.
Mis hijos dicen que coma bien, saludable se dice ahora. ¡Qué aburrimiento! me zampo lo que quiero y cuando quiero. Me llaman al móvil que casi no me aclaro -¿Qué has comido hoy?
¿has salido a andar?-¡Vaya unas preguntas! ¡Me meto yo en sus vidas! También me exigen que escriba para activar las neuronas por no se que de Ramón y Caja!. Aunque sea la lista de la compra o un diario o un cuento que me sabía de pequeñilla ¿donde estarán? ¿por qué no los habré guardado? ahora me gustaría leerlos pero ¡claro! me quitaron mis muebles y me pusieron unos de lkea que no cabe nada:-¡ Verás, mamá, que bonito todo!¡qué blanco y que luminoso!¡vas a estar agustisimo!
Ya ahora abro cómodas y busco por los cajones y sigo cabeza abajo como cuando el pino, pero ya de vieja ¡Jesús, qué jartura!
Se me olvidaba decirte que a pesar de decir estas cosas que digo, te quiero muchísimo y estoy deseando que vengas a verme.
Tu abuela
Enelis".
25. Beatriz Pomes

"09.05.2024
Hoy la escalera estaba vacía. Son 830 peldaños hasta alcanzar la parte alta de la colina que desde aquel día he subido varias veces. Desde lo alto se contempla magnífica la ciudad y al fondo la impresionante cadena de montañas siempre con nieve en las cumbres. Aquella mañana de julio nos sentamos en el primer escalón para protegernos del sol mientras charlábamos de las experiencias vividas y de los proyectos, que en aquellos días te tenían un poco inquieta.
Hoy al verla vacía, no he podido evitar pensar que tú habías comenzado a subir peldaño a peldaño esa interminable escalera, y yo aquí en el arranque ya no alcanzo a ver la altura en la que ahora estás.
Los recodos, los cambios de dirección, la vegetación te impiden en muchos momentos ver el arranque y también la cima. El esfuerzo que pones y el cansancio que sientes te hacen pensar en abandonar y volver de nuevo al inicio que ya conoces. Pero al mismo tiempo ese mismo esfuerzo se convierte en la energía que te empuja hacia arriba, hacia la cima; aunque desconozcas el camino que queda y sus dificultades, la promesa de lo que se consigue al llegar te anima. Lo más difícil de todo es tomar la decisión de empezar a subir, cuando ni siquiera sabes cuántos peldaños tiene esa escalera tan magnífica como desafiante.
Por eso, cuando hoy he vuelto a pasar y la he visto, ahí, ante mí, como aquella mañana de julio, pero vacía, más que una escalera me ha parecido un monumento homenaje a la valentía, el coraje, la sensibilidad y el amor que te habitan, hija mía.
No sé en qué momento de la ascensión te encuentras, pero cuando llegues a lo más alto, asómate al mirador y contempla toda la belleza del panorama, asómbrate también con la belleza del esfuerzo, y luego mira hacia abajo, al primer peldaño, y salúdame con la mano. Yo seguiré allí desde aquella mañana de julio, esperando para celebrar contigo.
Te quiero mucho
Mami".
Los mayores son fuente inagotable de sabiduría y en sus almas y corazones queda mucho por vivir, por descubrir, por disfrutar y, por supuesto, por contar.