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“Si Dios es las flores y los árboles, entonces creo en él”, un poema de Fernando Pessoa

Creer en algo que trasciende a la razón, un ser superior, no tiene por qué encontrarse tan alejado de nosotros. Quizás, Dios está en la belleza de todo lo que nos rodea y así lo plantea el poeta en unos versos firmados con su heterónimo.

Into the wild
Fotograma de "Into the wild".

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Cómo podemos aprender a admirarla en su totalidad, de una forma mundana, sin pensar en un ente alejado de nosotros? Para el poeta Fernando Pessoa, Dios está en todo lo que nos rodea.

“Hay metafísica bastante en no pensar en nada”.

El caminante sobre el mar de nubes, David Friedrich Nebelmeer
El caminante sobre el mar de nubes, de David Friedrich Nebelmeer

Firmado como Alberto Caeiro, uno de sus más de 70 heterónimos, Pessoa lanza en su poema El guardador de rebaños un alegato a la contemplación como la puerta al entendimiento del universo, una oda a la naturaleza, a la belleza de lo que nos rodea, como si se tratase de una divinidad.

Este es un poema que nos anima a observar con atención el entorno, a valorarlo, a dejar la mente en blanco mientras nos llenamos los ojos de la divinidad más mundana.

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El alma de la rosa, de John William Waterhouse.

Os dejamos con los versos de Pessoa. Esperamos que os inspiren como a nosotros a ver el mundo con otros ojos.

El guardador de rebaños, por Fernando Pessoa

“No creo en Dios porque nunca lo vi.

Si él quisiera que yo creyera en él, 

sin duda vendría a hablar conmigo 

y entraría por mi puerta 

diciéndome, ¡Aquí estoy! 


(Esto es tal vez ridículo a los oídos 

de quien, por no saber qué es mirar las cosas, 

no comprende a quien habla de ellas 

con un modo de hablar que a reparar en ellas enseña).
 

Pero si Dios es las flores y los árboles 

y los montes y sol y la luz de luna, 

entonces creo en él, 

entonces creo en él a toda hora, 

y mi vida es toda una oración y una misa, 

y una comunión con los ojos y por los oídos.
 

Pero si Dios es los árboles y las flores 

y los montes y la luz de luna y el sol, 

¿Para qué llamarlo Dios? 


Lo llamo flores y árboles y montes y sol y luz de luna; 

porque si él se hizo, para que yo lo vea, 

sol y luz de luna y flores y árboles y montes, 

si él se me aparece como siendo árboles y montes 

y luz de luna y sol y flores, 

es que quiere que lo conozca 

como árboles y montes y flores y luz de luna y sol.
 

Y por eso yo le obedezco, 

(¿Qué más sé yo de Dios que Dios de sí mismo?), 

le obedezco viviendo, espontáneamente, 

como quien abre los ojos y ve, 

y lo llamo luz de luna y sol y flores y árboles y montes, 

y lo amo sin pensar en él, 

y lo pienso viendo y oyendo, 

y ando con él a toda hora.  


Pero si Dios es las flores y los árboles 

y los montes y sol y la luz de luna, 

entonces creo en él, 

entonces creo en él a toda hora, 

y mi vida es toda una oración y una misa, 

y una comunión con los ojos y por los oídos”.

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