Miles Davis: "El silencio es el ruido más fuerte"

Miles Davis: "El silencio es el ruido más fuerte"

28 años de la muerte del considerado el compositor y líder de grupo más innovador en la música jazz (falleció el 28 de septiembre de 1991), Miles Davis permanece hoy como un ícono, celebrado por millones de amantes del género y por músicos en general, con un legado imperecedero.

A diferencia de leyendas del jazz como Ella Fitzgerald o Louis Armstrong, quienes crecieron en medio de la pobreza y entregaron al mundo lo mejor de su arte después de torcerle el cuello a la desgracia, Miles Dewey Davis III, nacido el 26 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, tuvo una vida más privilegiada.

Hijo de un dentista que también era propietario de una granja y de una madre con formación musical, Miles creció en un entorno de clase media en East St. Louis, donde la educación ocupaba un lugar fundamental. Su padre quería que estudiara una carrera y su madre, que tocaba el violín, prefería que se acercara a la música clásica. Pero a los 13 años recibió una trompeta y comenzó a estudiar con el músico y profesor Elwood Buchanan, quien le enseñó a buscar un sonido limpio y a evitar el vibrato.

Muy pronto, aquella educación musical dejó de ser una afición para convertirse en una vocación. Mientras todavía estaba en el instituto comenzó a tocar profesionalmente en bandas locales de St. Louis y, con apenas 18 años, se trasladó a Nueva York para estudiar en la Juilliard School of Music. Sin embargo, la verdadera razón de aquel viaje estaba en otro lugar: quería encontrarse con Charlie Parker y Dizzy Gillespie, dos de los músicos que estaban transformando el jazz desde el corazón del bebop.

«Mi futuro empieza cuando me despierto todas las mañanas... Cada día encuentro algo creativo que hacer con mi vida».

Davis supo encarnar como pocos el espíritu frenético y vanguardista de Nueva York, una ciudad en la que vivió y triunfó como celebridad musical y como icono de estilo. Con su trompeta llegó a lugares muy profundos y abrió el camino a una nueva sensibilidad. Salvando las distancias, eso fue lo que hizo a lo largo del siglo XX: construir un lenguaje propio, reconocible y bello, capaz de partir de lo más íntimo para acabar llegando a un público universal.

Pero una parte esencial de su música estaba también en aquello que decidía no tocar. Davis entendía el silencio como parte de la música y utilizaba las pausas, las respiraciones y los espacios entre las notas para construir sus improvisaciones. En Kind of Blue, quizá uno de sus ejemplos más claros, sus frases aparecen, se detienen y dejan espacio para que los demás músicos respondan. También para que el oyente pueda escuchar de otra manera. El silencio no era un vacío, sino otro recurso expresivo, capaz incluso de hacer que la nota siguiente adquiriera más fuerza.

«El silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de todos los ruidos».

Davis demostró muchas veces que una pausa puede tener tanto peso como una nota y que saber cuándo no tocar puede ser tan importante como saber qué tocar.

Miles Davis.
Miles Davis durante una sesión de grabación de su emblemático álbum Kind of Blue en Nueva York, en 1959.

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