El empleo moderno no solo desgasta, sino que muchas veces es absurdo, funcionando como un mecanismo de control más que de producción.
En Bullshit Jobs, David Graeber analiza cómo gran parte de los trabajos actuales no solo son prescindibles, sino que generan insatisfacción y alienación.
El autor anarquista, acuñador de la frase "Somos el 99%" y fallecido en 2020, hablaba en 2015 sobre los "trabajos de mierda", nuestras vidas regidas por la burocracia, la obsesión por las tecnologías de control y pacificación del ser humano, la falta de adelantos que cambien nuestras vidas realmente y la importancia del juego.
Pero el libro de Graeber no sólo presenta la idiotez humana en su forma burocrática. Su principal propósito es liberarnos de una idea equivocada de la derecha sobre la burocracia. Desde que Ronald Reagan dijo: "Las palabras más aterradoras de la lengua inglesa son: Soy del gobierno y estoy aquí para ayudar", ha sido un lugar común asumir que burocracia significa gobierno.
Graeber sostiene que es un error. "Si vas a la tienda de Mac y alguien te dice: 'Lo siento, es obvio que lo que hay que hacer aquí es que necesitas una pantalla nueva, pero vas a tener que esperar una semana para hablar con el experto', no dices 'Oh, malditos burócratas', aunque eso es lo que es: el clásico procedimiento burocrático.
Nos han hecho creer que burocracia significa funcionarios. Se supone que el capitalismo no crea puestos sin sentido. Lo último que va a hacer una empresa con ánimo de lucro es desembolsar dinero para contratar a trabajadores que realmente no necesita. Aun así, de alguna manera, ocurre".
Graeber exploró la conexión entre capitalismo, burocracia y trabajo. En su libro Bullshit Jobs: A Theory, plantea que muchos empleos no aportan valor real, sino que refuerzan una estructura de control y disciplina social.
A pesar del avance tecnológico, trabajamos más que nunca en empleos cuya utilidad es cuestionable. Consultores sin propósito y burócratas redundantes sostienen una burocracia que ahoga la eficiencia con papeleo y reuniones sin sentido.
Graeber sostiene que esta situación es deliberada: mantener a la gente ocupada impide cuestionar el sistema y explorar alternativas creativas. Además, el mercado ha convertido el empleo en un símbolo de valor personal, estigmatizando a quienes quedan fuera de él.
El impacto psicológico es evidente: ansiedad, depresión y vacío existencial. En Bullshit Jobs, Graeber documenta testimonios de personas bien remuneradas que sienten que su trabajo no deja huella.
Graeber sugiere que, en lugar de ser zánganos económicos que siguen las reglas del capitalismo, somos esencialmente juguetones.
El nivel más básico del ser es el juego en lugar de la economía, la diversión en lugar de las reglas, hacer el tonto en lugar de rellenar formularios. El propio Graeber parece divertirse más de lo que parece propio de un profesor respetado.
Como alternativa, propone la renta básica universal y repensar el trabajo más allá de la lógica del mercado. Si la automatización puede reemplazar tareas repetitivas, ¿por qué seguimos atrapados en jornadas interminables? Sus ideas siguen influyendo en el debate sobre el futuro del empleo y el capitalismo.
