Fargo: 20 años de obra maestra

Por Pedro Mateo

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Fargo, aunque es un sitio real, tiene el embrujo y la contundencia de la América profunda de David Lynch. Lumberton, Twin Peaks, es fácil incluir en la lista a este pueblo perdido en Dakota del Norte y que los Coen nos descubrieron allá por el noventa y seis. Aquí ocurre exactamente lo mismo que en Lynchland, bajo la superficie de este prototípico pueblo yanqui, bajo las gruesas capas de nieve, descubrimos el reverso tenebroso del American Way Of Life. Ambición, riqueza, avaricia, ira, aunque esto pueda parecer el principio de un capítulo de Crímenes Imperfectos, se trata de una descripción reduccionista de algunos de los rasgos necesarios para entender al ser humano, rasgos, que a través de una serie de acontecimientos, fueron expuestos como verídicos, ya desde el disclaimer inicial: “This is a true story, blablablá”, aunque de todos es sabido que cuanto ocurre forma parte de la fantástica e inagotable imaginación de sus creadores.

 

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Jerry Lundegaard, Lester Nygaard y Ed Blomquis son tres vecinos de Fargo, tres nerds que sobreviven con trabajos y sueldos normales en un intento fallido por convertirse en nuevos ricos. Pero mientras eso llega, no pueden parar de maquinar tramas que les permitan abandonar sus anodinas vidas de ciudadano medio para dar el salto a esa soñada vida de nuevo burgués. Este es uno de los nexos argumentales, tanto de la película como de la serie, pero no el único: los personajes, el clima, la música, los Coen crearon un universo propio, el universo Fargo. Un universo re-imaginado brillantemente por Noah Hawley, un tipo que ha conseguido capturar la esencia del film y añadirle nuevos hilos narrativos sin necesidad de pervertir o directamente arruinar la obra maestra de los Coen, incluso hay seriéfilos que opinan que la serie es superior a la peli, seriéfilos, en fin.

 

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Muy lejos de un discurso comparativo y competitivo que, en muchos casos, en este en concreto, es innecesario, estúpido y aburrido, Fargo va mucho más allá de todo esto. Es más, la historia del cine sería inconcebible sin películas como Fargo y sin directores como los Coen, quienes, junto a Tarantino, Fincher, P.T. Anderson, Wes Anderson, obviamente Lynch, y otros cuantos más entre los que no se encuentra Nolan, representan la última generación de padrinos del cine americano a la que será difícil, pero no imposible, sustituir. Me estoy poniendo solemne, y eso es algo que odio, voy a rebajar un poco el tono acordándome y recomendando, para quien no la haya visto, un título que forma parte del legado de Fargo, Kumico, The Treasure Hunter, de David Zellner, otro ejemplo más, otra víctima más, en el buen sentido, de los tentáculos de los Coen. La idea es magnífica, y algunas de sus secuencias absolutamente fascinantes, me debato entre el spoiler y el no spoiler, voy a optar por lo segundo.

 

Frances McDormand som Marge Gundersen i Fargo

 

Fargo se estrenó en Estados Unidos en Marzo de 1996, hace veinte años. Recuerdo perfectamente el día que fui a verla, nevaba... no, es coña, ojalá, pero no nevó. Al salir del cine, aunque suene a tópico, estaba en estado de shock, tuve que volver a verla, y poco tiempo después, tuve que volver a verla, y poco tiempo después... he perdido la cuenta. Recuerdo que una de las primeras cosas que me vinieron a la cabeza nada más salir del cine fue la manera en la que el crimen, o como decía al principio, el crimen como motor de búsqueda de esa nueva vida, no sólo la de Jerry, sino también la de Lester y la de Ed, se convierte en una chapuza que da paso a una comedia negra de horror y sangre, de situaciones esperpénticas y personajes extraños que bailan al son de la prodigiosa banda sonora de Cartel Burwell, re-interpretada para TV. de manera notable, por Jeff Ruso. Todo está plagado de imágenes-Hit: el rastrillo clavado en la nieve, la máquina trituradora de carne, Carl y Gaear, y por supuesto, Frances McDormand, quien recibió uno de los dos Oscar que se llevó la película, el otro fue para el guión de los Coen, aunque esto de los Oscar es algo que, ahora mismo, poco o nada importa, ¿quién se acuerda de eso?

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