Cuatro ángeles sujetan el busto con melena de oro de una de las figuras de la historia de la religión más controvertida.

Al sur de Francia, en la Basílica de Vézelay, en Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, se guardan los restos de María Magdalena, una de las discípulas de Jesús de Nazaret más conocidas.
Una de las muchas historias sobre los restos de la santa asegura que fue enterrada por el primer obispo de Aix en un sepulcro que fue más tarde abierto en 1279 por orden de Carlos II.
Se cuenta que dentro había polvo, un papiro y los restos intactos de María. Algunos historiadores defienden que al abrir el ataúd, donde se inscribe la frase “Aquí reposa el cuerpo bendito de María Magdalena”, se pudo respirar “un maravilloso olor a perfume”.


Dicho papiro especificaba que “el cuerpo de la querida y venerable Santa María Magdalena fue, por temor a dicha nación traicionera, trasladado desde su tumba de alabastro a la tumba de mármol, después de haber retirado el cuerpo de Sidonio, porque estaba más oculto”.
El cráneo de María Magdalena fue analizado en 1974 y, gracias al pelo que encontraron, se llegó a la conclusión de que la cabeza era de una mujer mediterránea que al fallecer contaba con 50 años de edad.


En la actualidad, se puede visitar el cráneo, que se mantiene dentro de un relicario de oro, encerrada en una máscara de cristal y decorada con una melena dorada sostenida por cuatro ángeles.
Este increíble relicario, construido en el siglo XIX, pesa unos 400 kilogramos y puede verse en la cripta, detrás de una vitrina a prueba de balas. Además, durante la semana del 22 de julio, fiesta oficial de María Magdalena, el relicario sale en procesión protegido por una máscara dorada.