Frank Oscar Larson nos dejó un legado inolvidable sobre la ciudad que nunca duerme.
Larson era banquero de profesión, pero su alma era la de un artista. Siendo joven consiguió un buen trabajo, pero no le daba la vida. Se podría decir que comía gracias a las auditorias, pero realmente se alimentaba de la fotografía.

Su cámara le acompañaba a todos lados. Desde su casa, en Flushing, caminaba en dirección a Chinatown, Hell's Kitchen, Times Square o Coney Island, y retrataba su presente, el Nueva York de la década de los 50, con el talento de un aficionado que sabe cómo mirar para encontrar los momentos inolvidables de lo cotidiano en mitad de la calle.

Frank murió a los 68 años, en 1964. Tuvieron que pasar 45 años hasta que todos aquellos fragmentos de realidad salieran a la luz. En 2009, la viuda de su hijo encontró los negativos en una caja de cartón y supo al instante que tenía en sus manos una parte de historia de la ciudad que John J. Fitz Gerald llamó “La Gran Manzana”. Dos años más tarde, una parte de la colección fotográfica ya se mostraba al público en el Museo de Queens y en la Perfect Exposure Gallery de Los Ángeles.
Gracias a las inquietudes personales de Frank Oscar Larson, podemos disfrutar de estas instantáneas que reflejan una época que se fue para no volver.























via Frank Oscar Larson Web