¿Qué puede llevar a alguien a vivir a un lugar? En las ciudades y, específicamente, en los edificios de apartamentos, esa respuesta está dominada por el azar.
Si bien las urbes tienden a establecer sus propios patrones e instaurar una división clara entre barrios de distinta clase social, a veces también bajo un criterio religioso o de actividad económica, lo cierto es que aun en esa dinámica se presenta la casualidad de aquel que, sin pertenecer a una zona residencial específica, se descubre de pronto ahí. La gentrificación hace que las clases sociales más desfavorecidas se vean de pronto rodeadas por barrios caros; también pasa que un joven se va a vivir a un suburbio donde abundan personas de la tercera edad. ¿Y quién puede decir qué reglas rigen ese flujo vivo y cambiante?
En una clara muestra de la diversidad que impera en los movimientos residenciales, el fotógrafo Bogdan Girbovan realizó el ejercicio visual de capturar el equivalente a la misma habitación en un edificio de 10 pisos, esto es, una suerte de paneo vertical y paralelo a través de las distintas capas habitacionales de un mismo punto. Girbovan mismo es vecino del edificio, residente del 10° piso.
10º piso
9º piso
8º piso
7º piso
6º piso
5º piso
4º piso
3er piso
2º piso
1er piso
El resultado es sorprendente, en un vistazo nos damos cuenta de las diferencias que pueden coexistir casi en el mismo punto, separadas apenas por unas paredes delgadas y un techo de pocos centímetros de grosor. El hombre que vive con lo mínimo indispensable, la anciana en su sobrio cuarto de estar, el profesional minimalista… todos viviendo su propia vida sin advertir que arriba o abajo se desarrolla otra que puede ser completamente distinta a la suya, o imprevisiblemente parecida…
via pijamasurf
