MALASAÑA PIVOT es un proyecto que nace por casualidad. Después de varios años haciendo fotos en diferentes calles de Malasaña, Alejandro Pivot se dio cuenta de que las personas al ser retratadas se involucran más cuando les transmites una idea y les ofreces libertad creativa.
La idea es el pivote y la libertad la pone cada uno expresando, representando o haciendo lo que quiera…Alejandro es una de esas personas que prefiere hablar con su cámara y que los demás le definan a él.
Transparente, próximo, rápido, callejero, Alejandro abre los ojos más aún que el diafragma de sus objetivos ultraluminosos. Si le observas trabajar, verás que sabe despejar todas las variables y centrarse en los detalles que suman. Es la forma en la que construye sus imágenes: acercándose a las expresiones naturales e intensas. Sin artificios. Y es que no todo el mundo puede permitirse la suprema soberbia de la humildad.
Alejandro consigue, con su frescura y entendimiento con el sujeto una evolución a partir de la calidad hacia un retrato real, vivo y bello; como la vida misma. Es un orgullo tenerle como colaborador en Duckout! Magazine donde ha realizado grandes reportajes. Si tuviera que expresar su fotografía con una frase le vendría al pelo la del fotógrafo Henry Cartier-Bresson: «No me interesa la fotografía si no la vida».

Cuando las calles se quedan vacías, resuenan bellas letras de Rosa Chacel o Emilia Pardo Bazán, que colmaba su casa de pensadores y artistas que enriquecían y animaban las pensiones con corazones jóvenes y universitarios. Romances de virtuosos, pasiones y episodios negros dignos de una novela de Georges Simenon. Hablamos del castizo barrio madrileño de Malasaña.
En definitiva, los barrios, al igual que las personas, van forjando su personalidad y condición a lo largo de su vida a través de los hechos que han acontecido en ellos, las gentes que han trasnochado y vivido en sus calles, de las historias sabidas y las historias clandestinas en cada una de sus rincones.
Todos los que pasamos por él vamos impregnado un poco más sus viejas piedras, decolorando sus alegres fachadas.
Continuas idas y venidas, pero el barrio siempre permanece vivo, testigo mudo de nuestras historias, de nuestros sueños y esperanzas, de nuestra mundana lucha por dejar alguna huella de nuestro paso, aunque sea pequeña. La de un pie pequeño de una persona pequeña.
Soñadores y nostálgicos de todo el mundo forjamos juntos un presente cargado de tradición y modernidad que hacen a Malasaña ser el corazón y el alma de Madrid. Y de Madrid ya se sabe, quizá al cielo…
Alejandro del Estal: Web










