Las acuarelas de Ali Cavanaugh son el reflejo de nuestra vulnerabilidad
Agua, humo y mucha verdad. Las obras de esta artista desnudan las emociones más profundas del ser humano, mientras nos invitan a bucear en nuestra psique.
Agua, humo y mucha verdad. Las obras de esta artista desnudan las emociones más profundas del ser humano, mientras nos invitan a bucear en nuestra psique.
Desde Cultura Inquieta no trabajamos conmovidos y emocionados por el arte. Nos mantenemos en movimiento y en la búsqueda continua de todo el arte consolidado, del emergente y del que está por llegar, ese que se está gestando en los corazones de nuestros jóvenes y niños.
Escapar de la rutina diaria es difícil. Solo las mentes despiertas consiguen huir de la aburrida cotidianidad haciendo uso de la herramienta más potente: el humor. La risa nos demuestra que nada es tan significativo como creíamos y eso nos facilita la existencia.
Ahora que nos sentimos aturdidos por la temperatura propia del invierno no podemos evitar pensar en los meses estivales. Ropa ligera, tiempo libre, despreocupación y hedonismo.
La vida no es de color de rosa, pero con sus claroscuros, es una experiencia plena donde siempre podemos encontrar un toque de humor aliñado con un pocoo de ironía.
Lo bonito del arte y todas sus disciplinas son las sinergias que surgen entre ellas, esas combinaciones que reconvierten el abstracto concepto original en meta arte. Como ocurre cuando se aúnan en un simple folio lo mejor de la ilustración y lo mejor de la moda.
La belleza total del mundo es imposible de percibir con el ojo humano. La inmensidad de cada rincón del planeta no podía ser procesada por nuestras mentes y nuestros corazones hasta ahora.
Natalie Fletcher es una artista de bodypainting que crea ilusiones ópticas en los cuerpos desnudos.
Hay algo que tenemos totalmente claro, la naturaleza y sus entornos lucen plenamente bellos cuando son intervenidos por la propia naturaleza y sus fenómenos.
La naturaleza está habitada y formada por una increíble gama de verdes frescos y olorosos que invitan a tumbarnos en sus suelos, cobijarnos en sus sombras o acariciar sus frondosas formas. Pero que no nos egañe el ojo.