El pintor mexicano Ricardo Fernández Ortega parece canalizar el Barroco de tal forma que podría hacer que personajes como El Bosco o Velázquez se sintieran orgullosos.
Riqueza, tonos oscuros, experta interpretación de la luz, movimiento, gestualidad y emoción. La capacidad de Ortega para plasmar los contornos con tanta pericia, es verdaderamente increíble, y pone a prueba la forma en que nos planteamos el trabajo moderno. Su obra refleja una apreciación de la historia, tanto en la técnica como en el contexto, al tiempo que denota el peso del arte que ha existido durante cientos de años.
Mediante el uso de un estilo histórico, Ortega reúne con autenticidad una extensa obra que se asemeja y continúa, en muchos sentidos, el legado de los antiguos maestros españoles. Sus curiosos temas pueden parecer contemporáneos, pero en general es difícil no retroceder en el tiempo mientras se disfruta de estas obras de arte hábilmente pintadas.


Intento acercarme al realismo para lograr un propósito visual específico. Ese propósito es ofrecer algo que conecte tanto conmigo como con el espectador de una manera muy particular, psicológicamente hablando. La gente responde a la pintura realista de forma muy diferente a la que responde a las obras abstractas o menos realistas. Quiero evocar la respuesta que la gente tiene a las imágenes muy realistas sin llegar a ser un pintor realista o fotorrealista. Simplemente quiero que la mente del espectador responda a mi obra de forma similar a como responde a la pintura fotorrealista e hiperrealista. Pero a partir de ahí, quiero lograr algo muy diferente a los fotorrealistas e hiperrealistas.













