20 de mayo de 1991, Ridley Scott se disponía a hacer historia en el Festival de Cannes estrenando una cinta que dinamitaba los estereotipos del drama, del cine de acción y de las road movies que se estaban realizando en aquella gloriosa década cinematográfica.
Las poderosas Susan Sarandon y Geena Davis se convertían en las protagonistas de la típica película que se hubiera hecho para hombres, pero que con ellas adquiría otro sentido, un sentido casi visionario. Sólo estas dos intérpretes mayúsculas podían darle el alma necesaria a Thelma & Louise.

Cuando palabras como sororidad, empoderamiento, feminismo y reivindicación todavía no sonaban con la fuerza que suenan actualmente, Ridley Scott firmaba este potente manifiesto que le costó Dios y ayuda sacar adelante. La historia estuvo a punto de no ver la luz, ya que un guion que un año después se llevó un premio Oscar, suscitaba una importante desconfianza entre un buen número de productores y directores. Los motivos eran varios:
- La temática que trataba no era del gusto de las productoras que sólo entendían el cine de acción con héroes masculinos de acción.
- La icónica escena final que es el cierre perfecto a una historia de amistad sin límites, no era el final feliz clásico que siempre buscaba Hollywood.
- Los primeros pases de la película causaron mucho revuelo y controversia por el hecho de que dos mujeres respondían con violencia ante el maltrato masculino.
Lo que prueba el mal olfato y la ranciedad de los grandes productores de la meca del cine de aquella época es que, contra todo pronóstico, una audiencia inteligente y ávida de emociones fuertes respondió con un total fervor ante la radical y necesaria propuesta de la cinta.


El guion de Callie Khouri llegó a manos de la productora Mimi Polk Gitlin que se entusiasmó con la idea de poder llevar a cabo un proyecto con dos mujeres en esos roles. Giltin aumentó el presupuesto hasta dieciséis millones de dólares y pensó en Michelle Pfeiffer y Jodie Foster para los papeles protagonistas.
A continuación, remitió el guion a Scott para intentar asociarlo como productor porque el realizador había mostrado gran interés por los papeles de mujeres fuertes en cintas como Alien y Blade Runner. Fue tal el entusiasmo del director por la historia de Khouri, que dejó aparcados sus proyectos para dirigir la que se convirtió en una de las obras maestras de su filmografía.

Thelma & Louise ha conseguido por derecho propio el status de película de culto. Pese a que en su momento no se la valoró tal y como se merecía, vista muchos años después, consigue que su historia de amistad, de complicidad y de hermandad adquiera nuevos matices y nuevos significados en nuestros tiempos convulsos. Además, el demoledor final sigue sintiéndose como el bastión de la dignidad y la libertad más absolutas.
Para homenajear el trigésimo quinto cumpleaños de la película, el Festival de Cannes ha convertido a estas dos heroínas míticas en las protagonistas del cartel de la edición del 2026, la número 79.

«Combatientes habituales que dieron un golpe en la mesa e hicieron saltar por los aires algunos estereotipos cinematográficos y políticos. Encarnaron la libertad absoluta y la amistad inquebrantable y mostraron la vía de la emancipación cuando se convierte en vital. Recordarlas ahora supone celebrar el camino recorrido sin ignorar lo que resta por hacer».
La organización del Festival de Cannes.
El cartel muestra a una Louise que desafía al espectador con la mirada, con un revólver en la espalda, mientras Thelma mira al horizonte tras unas gafas de sol. Ambas aparecen sentadas en un Ford Thunderbird de 1966 descapotable, en el que recorrieron las carreteras en una fuga para reinventar su propio futuro.

Treinta y cinco años han transcurrido desde que el público de todo el mundo disfrutara de una historia que muchas personas intentaron reducir a un simple panfleto feminista. Para muchas otras, entre las que me incluyo, siempre será el símbolo de una generación que necesita creer, hoy más que nunca, en su portentoso mensaje.