No buscábamos nada triste, nunca lo buscamos, todo lo contrario. Siempre hemos tratado de huir de la pena, de todo lo oscuro e intentamos compensarlo con la búsqueda de placer en todo lo que vivimos. Pero la vida nos inunda de paradojas y siempre volvemos a la vieja Lisboa, luminosa, anárquica y decadente, quizá como nosotros, a medio construir.
Lisboa es la ciudad donde vamos los que buscamos el mar, la luz, la vuelta a lo real, los costumbristas crónicos y universales, los que huimos del ruido, los que hallamos hogar en sus platos con sabor a océano y los que sin saberlo, necesitamos reconciliarnos con algo, quizá con nuestra saudade, esa que pasamos la vida intentando evitar...

¿Qué es la saudade?
El término "saudade" viene de la conjunción de "solidão" (soledad) y "saudar" (saludar), donde quien sufre es quien se queda aguardando el retorno de quien partió y no el individuo que partió, el cual siente nostalgia. El origen del vocablo está directamente ligado a la tradición marinera portuguesa. La palabra "saudade" solo existe en el idioma portugués o en derivados de él, como el caso del gallego y el criollo de base portugués, existiendo también en el esperanto.
Saudade es ese sentimiento de extrañamiento, de melancolía, que ocurre cuando uno se separa de algo/alguien amado y siente la necesidad de volver a verlo. El escritor portugués Manuel de Melo decía que es “un bien que se padece y un mal que se disfruta”. Como una tristeza feliz.

Así, en una de estas, llegamos a una tasca de la Alfama una noche de domingo y entre ginjas y quesos, la luz se volvió tenue mientras empezaron a afinar las guitarras y los camareros se apresuraban a servir las mesas antes de que Carolina, bajo la mirada profunda de Amália Rodrigues, rompiera el silencio con su voz quebrada. Tan bella y joven y con todo el peso de la nostalgia portuguesa en su mirada. En el movimiento de sus manos dejaba escapar al mundo todo el dolor y la rabia por lo perdido en las cantinas entre los marineros y los vecinos de la Mouraria. Con una emoción incontenida, nos adentramos en una profunda saudade.
O Fado nasceu um dia,
quando o vento mal bulia
e o céu o mar prolongava,
na amurada dum veleiro,
no peito dum marinheiro
que, estando triste, cantava,
que, estando triste, cantava.
Del fado es misterioso todo, hasta su origen, o morisco o proveniente de las colonias brasileñas incluso persas, no está claro, pero fue en el siglo XIX cuando se instituiría en los marginales corazones de las mujeres y de los marineros que buscaban consuelo en los brazos ajenos y en los acordes de las guitarras portuguesas o cítaras.

El Fado, se pierde en categorías a la vez que se hace rico y universal, (Fado menor, Fado Castiço, Fado Vadio o Vagabundo, aristócrata, corrido o pintadinho...). Un mundo de voces, rituales, acordes y letras tan exquisitas como el legado sentimental del país luso. Aristócratas, prostitutas, marineros, comerciantes... deciden sucumbir al devenir, al Fatum (destino) como el que sucumbe a una muerte dulce de vino de Oporto y se adentra lentamente en el mar.

Nosotros que siempre buscamos lo luminoso, lo alegre de la vida, llegamos por casualidad a esta cantina de la Alfama, un domingo de otoño y allí nos atrapó el fado y ha abierto una ventana emocional sin retorno. Buscábamos la luz de Lisboa, las postales desde sus miradores de azules losetas y, al encontrar la canción más triste del mundo, sin nosotros buscarla, sino todo lo contrario, no pudimos sentir más alegría.

Saudade de Fernando Pessoa
Eu amo tudo o que foi
Tudo o que já não é
A dor que já não me dói
A antiga e errônea fé
O ontem que a dor deixou
O que deixou alegria
Só porque foi e voou
E hoje é já outro dia.