¿Nos importa más sentir o fotografiar y mostrar nuestras experiencias? Enseñanzas de Italo Calvino

En un lúcido y brillante texto, en los años 70, Italo Calvino supo anticuparse a Instagram: La estupidez de vivir para hacer "fotografías increíbles"

 

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Italo Calvino dijo en “La aventura de un fotógrafo”: “Basta empezar a decir de algo: “¡Ah, que bonito, habría que fotografiarlo!” y ya estás en el terreno de quien piensa que todo lo que no se fotografía se pierde, es como si no hubiera existido, y por lo tanto para vivir verdaderamente hay que fotografiar todo lo que se pueda, y para fotografiarlo todo es preciso: o bien vivir de la manera más fotografiable posible, o bien considerar fotografiable cada momento de la propia vida. La primera vía lleva a la estupidez, la segunda a la locura”.

 ¿No es precisamente lo que veladamente nos propone Instagram? Compartir el instante (os recuerdo que aunque los Community Managers llevemos tiempo proponiéndolo se niegan a dejar programar las publicaciones precisamente porque quieren posicionarse en la idea de “fotografiar el instante”) Para más inri: embellecerlo con un filtro (al parecer la realidad no es suficientemente bella de por si) Y compartirlo instantáneamente y lo antes posible con nuestros contactos. 

 

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La publicación Brain Pickings rescata las ominosas palabras de Italo Calvino, quien parece anticiparse a la era de Instagram en su análisis del consumismo de la imagen. En un libro de relatos llamado Amores difíciles, el lúcido escritor italiano se adelanta a este simulacro de (ir)realidades que son aumentadas por el filtro de la imagen:

La línea entre la realidad que es fotografiada porque nos parece bella y la realidad que nos parece bella porque ha sido fotografiada es muy estrecha. En el minuto en el que dices algo como "Ah, ¡qué hermoso! Debemos fotografiarlo!" ya estás muy cerca de la visión de la persona que cree que todo lo que no es fotografiado se pierde, como si nunca existiera, y que, para realmente vivir, debes fotografiar lo más que puedas, y para fotografiar lo más que puedas, entonces, debes vivir de la forma más fotografiable posible, o de alguna forma considerar fotografiable cada momento de tu vida. Lo primero lleva a la estupidez; lo segundo lleva a la locura.

 

 

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A esto podemos añadir la frase de Susan Sontag en su tratado de fotografía, donde señala: "Necesitar confirmar la realidad y la experiencia aumentada es un consumismo estético al cual todos somos adictos actualmente". Esto fue escrito en 1977; no hay duda de que los artistas alcanzan a ver con anticipación.

 

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¿Acaso no te parece estúpido vivir para producir momentos fotografiables increíbles y no experimentar realmente estos momentos? En muchos casos la imagen tiene más atracción y fuerza que la realidad, dando, de hecho, imperio al simulacro, como creía Baudrillard. Esto en la época de Instagram, donde se ha creado una hueste de "self-made stars", que se inventan como personas fabulosas, modelos hermosas que llevan una vida esterotípicamente perfecta --pero que es completamente falsa y sin espíritu.

Una cierta naturalidad espontánea que es rota cuando nos movemos por la realidad cazando una imagen para mostrarla en nuestro perfil de social media. Según Calvino, este modo de fotografiar "aleja el presente" y hace que "la alegría huya en las alas del tiempo". Nos coloca en un modo de realidad conmemorativa --celebramos momentos que nunca vivimos realmente, que sólo fotografiamos.

via Pijama Surf  h/t brain picking

 

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