Las 30 finalistas del concurso de cartas manuscritas "Palabras mayores"

A mediados de marzo desde nuestra revista digital y redes de Cultura Inquieta animábamos a los mayores de 65 años a participar en nuestro concurso de escritura breve "Palabras mayores".

Desbordados por el gran volumen de cartas recibidas, tuvimos que ampliar varias semanas tanto el plazo de entrega de las mismas como el de la comunicación de las finalistas.

Tras intensas semanas de lectura y de emoción al formar parte de tantas vidas y recuerdos, hemos seleccionado 30 cartas finalistas para someterlas al veredicto popular. Seréis vosotros, los lectores de Cultura Inquieta y los lectores en general quienes a través de vuestras votaciones en este artículo decidáis quiénes serán los 10 ganadores.

El plazo de votación pública se cerrará el próximo 13 de junio, a las 16:00 h en horario de España peninsular. Con 1.700 euros en premios repartidos de la siguiente manera:

  • 500 euros para el escrito ganador.
  • 300 euros para el segundo puesto.
  • 200 euros para el tercer puesto.
  • 100 euros para los puestos del cuarto al décimo.

 

Un jurado integrado por los autores Adolfo Gilaberte, Juan Sobrino y del propio equipo editorial de Cultura Inquieta se encargaron de elegir las 30 cartas finalistas.

El estimulante concurso 'Palabras mayores' ha salido adelante gracias a la colaboración de Iberdrola.

La aventura del concurso “Palabras mayores” culminará con una exposición sobre ella en el Parque del Retiro de Madrid y la edición editorial de un libro.El estimulante concurso 'Palabras mayores' ha salido adelante gracias a la colaboración de Iberdrola.

La aventura del concurso “Palabras mayores” culminará con una exposición sobre ella en el Parque del Retiro de Madrid y la edición editorial de un libro.

 

palabras mayores cartas concurso
Algunas de las cartas recibidas.

 

Decía Henry Ward Beecher que la gratitud es la flor más bella que brota del alma y eso es lo que sentimos, gratitud y gra emoción por todas las historias, palabras y vidas enfrascadas en líneas escritas con la tinta del tiempo.

Se nos han caído lágrimas con vuestras cartas, nos hemos reído y sorprendido: detrás de los años, hay mucha vida, lucha, pérdidas y muhísimo amor. Nos duele no poder premiar cada carta recibida. Ha sido muy difícil preseleccionar 30 historias porque todas y cada una de ellas merecen ser compratidas con resto del mundo.

Gracias, de corazón, a los familiares que les han animado y les han dado aliento para compartir pedazos de sus vidas, a las residencias, centros de mayores y asociaciones, pero sobre todo, a nuestros mayores, os abrazamos muy fuerte y os mandamos un mensaje de que sois, habéis sido y seréis muy necesarios para un mundo más bello, mucho mejor.

Los mayores son fuente inagotable de sabiduría y en sus almas y corazones queda mucho por vivir, por descubrir y por disfrutar. Siempre es buen momento para tratar de devolverles una mínima de parte de lo que ellos y ellas arrojan al mundo con generosidad, con ilusión y con un amor inagotables. Queríamos empaparnos de sus historias y mirar a través de sus ojos y sentir con su pieles.

A continuación podéis votar todas las cartas que queráis pero solo un voto por carta.

Disfrutad la lectura de todas, que sin duda lo merecen:

 

1.

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"Se acerca el 11 de mayo que hará 50 años, que vino aquel joven que me invitó aquel bendito día a bailar con Micky y Los Tonyes, donde aquella mágica noche bajo la luz de la luna, sellamos nuestro amor, con el primer beso.

La vida puede haber transformado nuestro camino, por el paso de los años, apareciendo el pelo cano y las “arruguillas” por el rostro, pero lo que no ha dejado de florecer es el amor cada día sin descanso.

Aquella tarde no podía imaginar que mi vida iba a cambiar en todos los campos y niveles; un tic pensaba; pero no -diagnóstico Parkinson- Salimos del hospital desesperanzados, parecía que todas las paredes se cerraban a nuestro paso

Yo no conocía la enfermedad pero pronto la descubrí: Cuando vas a batir un huevo y no sabes. Cuando no puedes escribir, ni sujetar el bolígrafo. Cuando no puedes caminar porque estás bloqueada etc. Al despertar al día siguiente, me parecía estar soñando, pero no era realidad, pero a pesar de los reveses que la vida te asigna de vez en cuando tenía que intentar emerger con la misma fuerza, que me había caracterizado siempre.

Me empeñé... en batir el huevo, Me empeñe... en escribir como siempre o parecido y aquí está la prueba - Me empeñé... ante los bloqueos… bailar.

Hoy sigo de la mano de aquel joven, con ese amor incondicional, que cada instante ilumina mi vida".

2.

palabras mayores cartas 31

 

"Apreciada Sra. Masse,

He sabido a través de Gabriel, su agente inmobiliario, que está arrepentida de vender su casa y que no quiere seguir adelante con la transacción.

Es una noticia triste para mí. Cuando visité el piso que había usted puesto en venta me gustó tanto que decidí aceptar la oferta que me habían hecho por mi casa que es demasiado grande y tiene un jardín que ya no puedo cuidar.

Lo que más me gustó de la casa que ha decidido no vender es no solo que sentí que era un buen lugar para vivir, también pensé que era el mejor sitio para morir. Desde la terraza puedo ver la casa en la que yo nací, apenas a 100 metros en línea recta . Me parece que podría cerrar mi ciclo vital de la manera más armónica posible.

Esto lo digo porque dada mi edad soy consciente de que la casa que compre ahora será sin duda la última que habite en mi vida. Quiero que sepa que si llegamos a un acuerdo y acepta venderme la casa siempre podrá contar con ella, no solo porque yo estaría encantada de recibirla cuando quisiera pasar unos días de nuevo en esta ciudad, sin que como tengo intención de pasar algunas temporadas con mi hija, que vive en otro país, podría usted habitarla en esas mismas temporadas, a su conveniencia y, por supuesto, sin coste alguno.

Creo que si me vende la casa ganaremos las dos. Yo, porque seré feliz Usted, porque no la habrá perdido.

Reciba un cariñoso saludo"

3. 

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"Buenos Aires, 12 de abril, 2022

Queridos nietos:

Es tarde y estuve por aquí, como en aquellos días en que solíamos tomar chocolate con churros y competíamos para ver quién contaba la mejor mentira. En noches así recuerdo y extraño la manera en que intentaban engañarme para jugar con mis pequeños tesoros: esos juguetes viejos que rara vez les permití tocar.¡Qué sandez!

Los viejos solemos transformar las cosas, darles un valor emocional a objetos inútiles sin notar que ese valor está en ustedes. En esa pícara mirada que anhela los chiches prohibidos del abuelo.
Hace tiempo que no nos vemos, que solo recibimos algún mensajito por el teléfono, o una foto que luego guardo en la computadora. Nos alegra notarlos, tan grandes y desafiantes ante este mundo oscuro y pobre.

Hay un sano orgullo en verlos crecer. Recuerden que los sueños, los anhelos y las vocaciones son el motor que nos impulso, pero sin amor, sin familia o sin amigos, pueden transformarse en tristes muros de frustración y soledad.
Recuerden que no todo se logra. Aún aquello por lo que tanto trabajamos puede sernos esquivo. Sepan que a veces en el (acaso hay una pequeña puertita escondida que nos lleva a la felicidad. Solo es cuestión de estar atentos.

El viento está soplando fuerte ahora. Las copas de los árboles se balancean, resisten. Hay que ser flexibles. Yo he perdido mucho tiempo mirando la hora. He olvidado muchas cosas escribiendo en mi agenda. He enfermado...y me he curado, aunque mi cuerpo no se enteró. La curación vino como una revelación al mostrarme que somos ágiles criaturas balanceándose, como los árboles en la tormenta.
¿Fueron mis valores exagerados o erróneos? Seguramente algunos 4, pero otros me permitieron ser más humano hoy. Al desprenderse del lastre que me ataba he visto un mundo nuevo donde cabe un nuevo yo más amplio, más tolerante, menos soberbio. Y mucho de esto me lo han enseñado ustedes, observadores implacables del momento, criados en un ambiente maravilloso y simple. Algo que sus padres han logrado siguiendo su propia receta de la identidad.

Escribo esta carta mientras la tormenta me lleva. Como escribe el capitán de un barco en su bitácora: he creído conocer el rumbo, he ignorado la brújula; sin embargo la nave parece ir en el rumbo correcto, casi por su cuenta.Los tiempos cambian y la gente cambia. Yo también cambio y lo hago al recordar las viejas historias que tantas veces escuché. Cambio al darme cuenta que casi todas son solo fantasías, prejuicios, fábulas y otras tonterías. Pero no todas son así, y el secreto parece ser notan la diferencia: ustedes. Ustedes son esa diferencia, la verdad irrefutable que grita que existo, que aunque el viento me lleve con la tormenta, seguramente llegaré a ese sitio en el que fluye nuestra mejor esencia.

Los quiero tanto. Sean libres, sean felices. Lo demás no cuenta.

Lolo"

4.

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5.

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"Aún caminando con un tercer pie mi hermana se desplaza lenta con cojera y dolorosa, y ese tercer pie donde quiera que se apoye cae y batalla para levantarle.

Por la casa se desplaza, pero salir a la calle ya le cuesta y yo siendo mayor año y medio soy la que voy y vengo cuando de caminar y cruzar calles se trata. Mi andar es pesado, pero estable. La hago enojar diciendo “soy más joven que tú” al físicamente estar en mejores condiciones que ella. Me gusta vestir cómoda sin importar lo que diga la gente, ella viste elegante y zapato, yo de tenis a diario.

Estamos curso el último tercio de nuestras vidas, el más placentero, libres de obligaciones y presiones, contando con pensión mensual, pero el paso de los años la visa se tornará pesada sin poder alguno que nos libere de los achaques que día a día se irán sumando.

El futuro cercano atormenta al haber estado al lado de nuestros seres queridos en ese doloroso andar rumbo a la muerte por el que todos habremos de pasar.

Clamemos por la muerte asistida para evitar ese trago amargo.

María Teresa Arrioja Guerrero"

6.

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7.

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“Queridos amigos:

Voy a relatarles un sueño del que me acabo de despertar.  Aquel señor, payaso desconocido, entrado en años, estrafalario a primera vista, portaba vestimenta extravagante, casi irreal según estimación de mortales sorprendidos por sus exhibiciones sobre pasarela pública, a la vista de transeúntes, paseantes u ocupantes de bancos que según lenguas de doble filo, estaban destinados a personas de la cuarta edad o, en términos más tremendistas, galería de paso a otra dimensión.

Producía sorpresa aquel señor, llegado ¿de dónde?, encontrado, que vestía chaqueta, pantalón y zapatos a tono en colores, combinando con llamativas flores.

El seño en cuestión, totalmente desconocido hasta aquel momento, casi mágico, continuaba sorprendiendo a los innúmeros ciudadanos que disfrutaban y se sorprendían, a la vez por el desfile de pasarela, inesperado, efectista, llamativo para unos; provocativo e intrascendente para otros más habituados a espectáculos de tal naturaleza en distintos países y, como excepción, a veces, en el propio receptor de visitantes y turistas de todo el planeta.

Hasta aquí llega el relato porque el señor fantasmagórico hizo mutis por el foro y nunca más supimos de él. ¿Ampliará su actuación en el próximo sueño?”

8.

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9.

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"Cómo caerse en Velosillo
Este año no resulta sencillo
caminar por Velosillo
Pues sales tan tranquilo a andar
y en cualquier esquina te la puedes pegar.

Primero cayó la Encarna,
después siguió la Vitorina y a los
pocos días la Saturnina.
Y para no ser menos,
cayó un par de veces la Consuelo,
aunque ese día estaba más blando el suelo.

A los dos días también besó el suelo
la Lola, parece ser que ya estaba a la
cola.

Y cuando unos días
supimos que en Madrid llegó Matías.
Y esta es la historia de las caídas del verano en Velosillo.
Un pueblo muy llano pero con algún
Bachecillo.

Por eso aconsejo que si no quieres sufrir
algún coscorrón, lleves siempre un elegante
y sólido bastón".

10.

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"La Plata, 11 de abril de 2022.-

Pasaron tantos años y lo recuerdo como si fuera hoy. Faltaban seis días para el domingo que todos esperábamos con gran ansiedad. No era para menos, después del almuerzo mi madre abriría por fin esa lata de duraznos que estaba enfriándose en la heladera.

En aquellos tiempos a “ciertos gustos”, sólo accedían quienes tenían una capacidad económica holgada y, para mi familia, eran épocas realmente difíciles. Mi madre se había enviudado con cinco hijos: José 15, Raúl 14, Carlos de 10, Teresita de 2, y yo de ocho años. A fin de mes llegábamos con lo justo y con mucho sacrificio. Por eso fue llamativa la compra de esos duraznos. ¡Ojo con abrir esa lata, es para el domingo! Repetía constantemente cada vez que preguntábamos por ese postre tan deseado.

La lata de duraznos pasó a ser el centro de atención en la casa. Al desconfiar uno de otros abríamos la heladera varias veces por día para cerciorarnos de que continuara intacta en su lugar. El jueves comenzaron los ruegos para que abriera la lata, pero lamentablemente no logramos conmover a mi madre.

Y al fin llegó el día. Nos levantamos y concurrimos a misa sin probar bocado, respetando el ayuno de tres horas para poder comulgar. Pero antes de salir todos revisamos la heladera para comprobar que todo estaba en orden.

En el almuerzo, comimos polenta con salsa, menú frecuente por lo económico. La devoramos en un instante. Esperábamos ávidos el bendito postre. Mi madre recogió los platos y repartió unas compoteras de vidrio. Fue hasta la heladera y apoyó la lata sobre la mesa, ante nuestra atenta mirada. Fijó sus ojos con gesto de asombro durante unos segundos en el interior de la lata. Nos levantamos como resorte y nos amontonamos para ver qué sucedía... Fue devastador, los duraznos estaban achicharrados y secos.

Poco tardó ella en descubrir que el fondo de la lata tenía un considerable agujero. La cosa estaba clara. Alguien había perforado el fondo, se había tomado todo el jugo dejando los duraznos en estado deplorable. Se había cometido la profanación perfecta y lo peor sin culpables. Qué amargura!!

Unos meses después en una reunión familiar, fue mi abuela Anita quien contó la travesura, ante la risa de todos, mientras Raúl hacía ademanes desesperados para hacerla callar.
Por suerte la verdad había salido a la luz. Raúl con la cabeza gacha no se atrevía a mirarnos a la cara, mientras nosotros masticando rabia recordábamos ese triste domingo sin postre.

Mario Cajade"

11.

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"Para la juventud.

Esta carta va para las mujeres de ahora. Yo soy Esther, nací en 1944 en Valencia de Don Juan, España.

No era como es ahora. Cuando yo nací, las niñas estábamos con la preocupación de portarnos bien, de hacer caso a nuestros padres y de seguir siempre las normas.

Lo de irnos una noche con un hombre, a nadie se le ocurría. Si lo hacías, ya eras la fresca del pueblo. 

 En 1968 me quedé embarazada de un señor que estaba casado. Yo era muy jovencita, me dio miedo y se lo oculté. Nunca lo supo. Vine con mi madre a Asturias y tuve a mi hija como madre soltera, en pleno franquismo.

La crié dándole doble amor. Nunca necesité a ese hombre, aunque en algún momento llegué a pensar que sí. 

Ahora que está tan de moda el feminismo, quiero decirle a las jóvenes que ellas pueden hacer cualquier cosa, como hice yo. 

Estoy con vosotras, aunque no vaya a esas manisfestaciones,  porque hay mucho jaleo y se me cansan las piernas. 

Esther, 14 de abril del 22, Asturias". 

12.

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13.

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"Mi amor de ayer,

Necesito escribirte con urgencia, porque las palabras se me escapan todos los días. No solo las difíciles, sino también las palabras cotidianas. Solo mi mano las recuerda escribir.

Tengo prisa antes de que se me olvide con todo el cuerpo lo que quiero decirte. La memoria de lo que sentí está por ahora, intacta, pero sé que en el futuro ni siquiera eso estará.

Fuiste mi último amor, mi amor si puedo llamar a ese sentimiento egoísta, al menos el mío, donde los sentidos, el placer y la culpa fueron los ingredientes que nos incendiaron.

Hoy me miro en el espejo y no refleja la imagen que recuerdo de mí, pero también ese recuerdo se irá.

Pero ¿qué quería decirte? De hecho, solo quiero escribir para dar vida a esos sentires del pasado, hacerlos vivir a través de la escritura, escribir para que me recuerdes.

Todos alaban el primer amor y yo, porque es el primero que olvidaré, quiero hablar del último. Ese, último, inesperado, químico y vibrante a través del cual agarré la juventud ya perdida. Esa fue su importancia.

Fuiste el puente entre el yo final y el yo anterior.

Pero ahora ni siquiera lo necesito más. Solo llega el recuerdo y da calor a los días grises e iguales, tristes.

La añoranza ya no es de ti. Es de mí. De lo que fui, quien fui y que siento que huye aceleradamente.

Un día has de perdonar haberte usado para resistir el paso del tiempo y también preguntarte cómo y por qué de esta conexión.

Olvidé tu nombre, tus palabras susurradas o gritadas, las palabras tiernas o vulgares que intercambiamos. Pero recuerdo tu rostro, tu cuerpo, la furia con que nos desnudamos y el afán con que nos amábamos.

Ahora, en mi invierno, me preparo para la nada que me espera.

La vida convertida en una pizarra en blanco es el regalo de los dioses para poderme hundir en la inminencia de la desaparición sin nostalgia, ni tristeza.

Y aunque sé mi nombre, te agradezco la vida que me diste y me despido de eso.

María"

14.

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"Me dirijo a usted con el máximo respeto mis nietos me animaron para el concurso gracias por permitírmelo

Me llamo Amelia, hija de una familia numerosa éramos 8 hijos, dos varones y seis chicas una falleció en aquella (época) se pensaba que tener muchos hijos era una riqueza. No teníamos escuela y a los 8 o 9 años nos ponían a limpiar de piedras la tierra que después se araba para plantar tomateras.

Mi padre había montado un molino de viento para hacer gofio era el mejor alimento. Un sitio muy ventoso todavía lo es. Cuando mis hermanos fueron de cuartel yo trabajaba en el molino con mi padre estuve 5 años con tuberculosis yo llevaba mis libros y estudiaba. Conocí la guerra civil, las cartillas de racionamiento me habría gustado estudiar una carrera (pero) no se le permite a las chicas sino hacer la dote y cazar las jóvenes para aumentar la familia y si era con un primo, mejor, para unir la herencia.

Así fueron llegando los casorios. (La primera) se casó con 16 años, otras con 17, otra 18 y yo con 25 años casi una solterona que pensaba quedarme para vestir Santos.

De mi matrimonio nacieron 3 hijas. Los primeros (años fueron) económicamente difícil; yo tenía ilusión por tener comercio, entonces nuestra economía mejoró. A los 49 años fui abuela (de) una niña que recibimos con alegría. Siguieron aumentándolos hasta llegar a 6, 3 chicas y 3 chicos. 6 tesoros que los abuelos criamos con esmero. Ya había muerto el abuelo con 65 años pero a mí me esperaba una grata sorpresa. Me llegaron 3 bisnietos. Son 3 soles a los que por mi edad no he podido cuidar. Yo agradezco a los padres que hayan confiado sus hijos a los abuelos.

Yo solamente les (he) dado mi tiempo, pero ellos me han devuelto cariño y siguen hoy (haciendo) lo mismo.

Gracias por permitirme contar lo más hermoso de mi vida. Un cordial saludo.

Amelia (ilegible).

15.

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"Un viaje compartido

Él llegó de España a la Argentina con su valija marrón, y alquila a mi papa la casa de al lado donde yo vivía. En ese tiempo cruzábamos miradas, pero no nos hablábamos.

Un día yo tenía que ir a hacer unas compras al centro. Cuando subo al ómnibus veo que él también lo hace y se sienta junto a mí, porque eran asientos dobles. Me saluda por primera vez y en el camino empezamos a hablar, pero solo un par de palabras. Al bajarme, sin decirle que lo haría, también se baja y me dice ¿y si tomamos un helado?,(y a mí me encantan, casi de todos los sabores), le dije que sí.

Nos sentamos en una confitería (no recuerdo su nombre) y conversamos tanto que los helados se derritieron y no lo tomamos. Después, él pagó, nos despedimos y cada uno siguió a hacer lo suyo. Estaba tan emocionada, sentía un gran revuelo en mi cabeza, al punto que olvidé lo que tenía pensado ir a comprar.

A partir de ahí, seguimos saludándonos; muchas veces me veía en el hall de mi casa, lugar donde yo cocía, a metros de su ventana. Creo que ambos buscábamos momentos para vernos y con una sonrisa tímida, nos saludábamos. Hasta que un día pidió permiso a mi papá para venir a conversar conmigo. Nos sentábamos en el hall, donde había un silloncito que cabían dos personas, y pasaban las horas sin darnos cuenta. Al poco tiempo dijo de casarse. Tuvimos dos hijos hermosos, y así formamos nuestra familia.

Disfrutamos juntos esta historia sólo diez años, ya que me tocó despedir de este plano terrenal a aquel gran compañero que elegí ese día en la heladería".

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"Me llamo Eliquío y nací en Vallo, provincia de Lugo en el año 1936.

Receta de pan:

Se muele el centeno en el molino y luego se añade la levadura amasada de la hornada anterior.

Se calienta agua y se pone con la harina y con la levadura, se amasa todo junto y se deja reposar. Se calienta el horno de leña, se cuece el pan y se deja en el horno hasta el mes siguiente que se vuelve a cocer. 

Esta receta es de cuando tenía 19 años, ahora que tengo 87 años, compro el pan en Mercadona pero no sabe como antes, porque nada es como antes".

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"Mi querida amiga, aunque hace poco que nos hemos visto, no me resisto a contarte esta historia porque me parece muy interesante. Verás, cuando me conociste yo ya estaba casada y tenía mis hijos, sería por los 70… ¿Te acuerdas? Pero muchos años antes había vivido una relación muy hermosa y muy tierna con mi “primer novio”. Sería el año 58 y tendríamos 14 y 15 años.

En mi vida habré ido a tantas misas.

Todas las mañanas, a las 8, allí estábamos los dos, en la capilla, rodeados por un grupo de beatas en cuyos rostros leíamos si nos aprobaban (cuando íbamos a comulgar) o nos condenaban (si no íbamos, prueba indudable de la huella de “tocamientos impuros”).

Aquellos “tocamientos” me tenían mártir porque no me atrevía a confesarlos en mi pueblo (nunca se sabe), y me tenía que ir al vecino donde había un cura anciano que siempre me regalaba una estampita o un rosario para endulzar la penitencia.

Esta relación duró 5 años, hermosa y pura como nuestra edad… hasta que apareció el hombre maduro, 6 años más que yo, pisando la Tierra, el que tú has conocido hasta su fallecimiento.

Llegó la pandemia, y esto es lo sorprendente, recibí un guasap de aquel primer novio… y luego otro… y luego otro.

Yo le contesto, y así estamos toda la pandemia. Nos alegramos la vida, él me manda música de nuestros tiempos.

Tengo que acabar, querida, empieza a llover y tengo ropa tendida…

Ya te contaré. Un abrazo muy fuerte"

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"Memorias del pasado

Corría el año 1932. Y en febrero de ese mismo año, concretamente el día 10, amaneció un día lluvioso, desapacible y con mucho frío. Era miércoles de ceniza y por lo tanto empezaba la Cuaresma, era el día de Santa Escolástica como todos los años y por si era poco, mamá empezó con los dolores del parto.

Unos días después un periódico local difundía esta noticia: "La culta maestra nacional Doña Micaela Díaz Hernández y su marido Don José Romero Mellado, secretario de este Ayuntamiento de Huelva, han sido padres por primera vez. Han nacido dos preciosas muñequitas, nacidas del mismo parto y estos orgullosos padres quieren ponerle los nombres de Pepita de la Fuensanta y Lolita de San Blas el día que sean bautizadas. Damos nuestra enhorabuena a estos padres tan felices.”

Han pasado 90 años desde esta noticia, la que escribe es Pepita de la Fuensanta, ya no es la preciosa muñequita sino una pasa llena de arrugas, pero estoy lúcida, válida y con ganas de hacer algo en la vida. Estoy muy ilusionada en participar en este concurso y doy las gracias a los organizadores.

Huétor Vega (Granada) 11 de abril 2022.

J. Romero"

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“Querida Greta:

Estoy en Auschwitz. He venido pensando que quizás volver aquí, después de tantos, tantos años, me ayudaría a recordar. Ya sabes que no estoy bien y que cada día se me borran un poco más las cosas de la cabeza. Creí que sería como una bofetada, un fogonazo, como encender de nuevo la luz en un cuarto ya casi en la penumbra.

¿Cuántas veces os he contado “mis historias” del campo?¿Cuántas veces os he querido transmitir el frío, el hambre, el miedo…? Ahora ya casi no me queda nada. No puedo retener las imágenes, se me escapan… y se me va quedando la memoria vacía, como un cajón saqueado por ladrones, por ese ladrón que poco a poco se lleva a pedacitos mi pasado.

No ha habido fogonazo, ni luz, ni bofetada, solo tristeza, distancia, extrañamiento. No me ha importado adivinar si, en la montaña de zapatos que hay en una vitrina, estarían los míos. Me ha dado igual si la maleta con la que llegué, si es que llegué con una, será alguna de las que se muestran a los visitantes. ¿La trenza de mi madre estará entre los kilos de cabello que aún se pueden ver en otra habitación? No recuerdo si mi madre tenía el pelo largo. No recuerdo su pelo, ni siquiera su rostro.

Auschwitz me ha impresionado, claro, como a todo el mundo. Ir a Auschwitz duele pero no me ha devuelto mis recuerdos ni mi dolor, el mío, el viejo dolor de mi memoria que antes me acompañaba.

“Arbeit macht frei” “El trabajo hace libre”. Eso pone en la puerta. Quizá este viaje me ha liberado a mí. Ahora sé que mi dolor se ha do definitivamente, que mis recuerdos ya no van a volver. Estoy libre del peso de un tiempo oscuro que ha sido un saco de piedras en mi espalda. También sé que eso no importa. No es importante que lo recuerde yo. Es importante que lo recuerden tus padres, tú… Mis recuerdos se esconden, se confunden, se enmarañan en una manta opaca de niebla pero vosotros recordaréis por mí y, después, otros lo harán en vuestro lugar para que nada de lo que pasó se pierda para siempre.

Solo siento que perderé también los recuerdos más dulces. Todo se escapará, todo será un asombro, la cáscara hueca donde no quede nada a que aferrarse.

Si pudiera apresar una sola imagen, una sola palabra, la última, ten por seguro que sería tu nombre, Greta, mi niña. Tú no me olvides nunca.

Siempre te querrá tu abuelo: Fabi".

29.

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"La charca de El Toril, está o estaba, situada en la finca de labor que llevaba mi familia cuando yo era niño, que también se llamaba El Toril. Se encontraba al borde de la carretera, en una cañada. En Extremadura, cañada no es sólo una zona de paso para el ganado, sino también una tierra que durante el invierno está anegada de agua. Estaba pendiente; había sido escarbada por tres lados y el cuarto era una ranura por donde accedía el ganado a la charca para beber, que era la función principal que tenía la misma: servir de abrevadero durante el verano para todo el ganado.

Tenía poco más de dos metros de agua por la parte más honda, cuando estaba llena, pero duraba el agua todo el verano, porque recogía el agua de la lluvia además de la del propio manantial, que era el origen. De niño, cuando estaba en el campo, era donde más me gustaba jugar.

En el borde, en la parte más honda, con los pies colgando hacia el agua estábamos sentados el hijo del guardia y yo. Ahora, calculando fechas, tendríamos siete u ocho años. No nos conocíamos apenas, en el pueblo iba a una escuela distinta, y él no vivía con su padre en El Toril, sino con una tía que era el ama del cura. Estábamos entretenidos tirando “chinas” para espantar a las ranas que croaban gozosas entre los juncos de la orilla.

En un momento dado él me preguntó: “¿Tú no vives en la calle Regadera esquina de la Encina? “Sí, ahí vivo”, contesté yo. Pues ayer, por la mañana, hemos ido (su tío era el que portaba la liturgia en los entierros y él a veces le acompañaba), a esa casa, a un entierro, dijo. ¿Quién será el muerto?

Yo no supe qué contestar. A partir de esos comentarios se fueron aclarando cosas en mi cerebro: las ventas de mi casa corridas, los comentarios oídos en la penumbra del pasillo, mientras las mujeres entraban y salían angustiadas del cuarto que daba a la sala principal, etc. Este niño llevároslo de aquí. Que le lleven al Toril -dijo mi madre- y así fue como a pesar de ser día laborable, había dejado la escuela y me habían llevado al campo. Extrañado, ya que sólo iba al campo los domingos, cuando no había clase. De ese modo recibí, mejor, intuí yo la noticia de que se había muerto mi padre".

30.

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Os abrazamos fuerte, muy fuerte.

Con la colaboración de Iberdrola

 

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