Canarias, ese paraíso donde ir a buscar inspiración

Canarias, ese paraíso donde ir a buscar inspiración

Dos horas y media con el Atlántico bajo nuestros pies y la globoesfera sobre nuestras cabezas hasta pisar la tierra volcánica de Las Palmas de Gran Canarias.

Parte del equipo de Cultura Inquieta cogimos los ordenadores, el corazón hambriento e intacto, y las maletas cargadas de ganas de respirar naturaleza, sol y horizonte para empezar así, nuestra aventura canaria. 

Bego buscando desconexión e inspiración en Las Canteras 
Bego buscando desconexión e inspiración en Las Canteras.

Aterrizamos y los vientos alisios serían, a partir de entonces, uno de nuestros guías. Pusimos rumbo al que iba a ser nuestro hogar durante una semana. Una bonita casa que se asoma alegre, desde su terraza, a la Playa de las Canteras.

Playa que ha sido el escenario perfecto de nuestras charlas pendientes, de nuestros paseos tranquilos y el suelo perfecto para pisar la arena descalzos y para dejar volar, por unos minutos, nuestra imaginación derrumabada por la urgencia de los días.

Amaya bajo el sol del atardecer por Alexis Rodríguez
Amaya bajo el sol del atardecer por Alexis Rodríguez

Empezamos a descubrir Las Palmas a través del paladar. El peso de los siglos y de la tierra que queda en mitad del océano, se puede saborear en cada uno de sus platos. Mojo, papas, gofio escaldado y almogrote por mencionar algunas bondades, alegraban nuestras noches en bares que se mantienen intactos a través de las décadas. Buenas viandas regadas por los vinos de Gran Canaria, maridados con el paisaje de la isla y con el arte del saber vivir.

Como peregrinos en busca de la luz, cogimos la furgo camino a Agaete con la ilusión de dar con El Dedo de Dios, pero la noche se interpuso en nuestro camino y echó el telón a tan semejante belleza natural. Así que nos lanzamos a recorrer sus calles coloniales salpicadas de color y de historia hasta llegar a la playa iluminada por una luna en cuarto creciente. 

Amaya bajo la luna en cuarto creciente por Alexis Rodríguez

En nuestras ganas de explorar cabía otra visita que nos iba a emocionar. Otra vez carretera, montañas áridas y playas infinitas de fondo hasta llegar a Arucas, un precioso pueblo que se alza a 240 metros sobre el nivel de mar y que nos atraparía en las redes de los tiempos pasados y en sus edificios en obras y vestidos de modernismo. 

Allí sentimos la emoción, esa que llega sin avisar al asomarnos a un caserón que anda en trámites de reconciliación con el pasado, con el presente y con el futuro.

Hablamos de la Heredad de Aguas Arucas y Firgas, un edificio en proceso de resurección. Y es que tuvimos la suerte de asomarnos, por casualidad, y encontrarnos allí con Yerai Hernández, el actual presidente de la centenaria institución canaria y un verdadero apasionado de la historia, del edifcio y de los valores que ahora representa.

Agaete
Agaete

Acompañados por la pasión de Yerai, emprendimos un viaje al pasado sin esperarlo conforme íbamos atravesando cada una de las habitaciones del edificio.

Polvo, diarios de los años 40 amontonados en el olvido, escaleras de caracol sin miedo, relojes testigos del paso del tiempo, libros, actas y demás recuerdos de cientos de vidas, descansan con belleza pausada sobre los azulejos hidráulicos intactos y repletos de historias y de luz.

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Hemos sido nómadas digitales durante una semana. Agradecidos, tocados por el sol que asomaba tímido por las latitudes del Trópico de Cáncer, decidimos dejar nuestras pesadas mochilas para dejarnos caer por las dunas de la playa de Más Palomas, como plumas livianas sin rumbo fijo.

Como niños pequeños sin miedo a los golpes, con la inercia de sentirnos realmente vivos mientras veíamos caer el sol al ritmo de las cuerdas de una guitarra española que lo inundaba todo, que nos cortaba el aliento y que nos dejó una postal intacta en nuestra memoria para siempre.

Patri inmortalizando recuerdos
Patri inmortalizando recuerdos.

Nos quedamos con la belleza de las montañas inertes que se reconcilian con la vida en el mar.

Nos quedamos con los lugareños y con sus casas abiertas como las calles de un pueblo en una noche de verano. Con el sabor de los siglos en sus platos y en sus caldos.

También, con los hogares que huelen como los veranos de nuestra infancia, al salitre que se cuela por las ventanas y a comida casera, a reuniones en la azotea bajo la luna, a surf, a anfitriones de luz y a días infinitos de sol. 

Elena, Pat, Bego y Patri rodando y soñando por las dunas de Más Palomas.
Elena, Pat, Bego y Patri rodando y soñando por las dunas de Más Palomas.

Y como no, con la visión a distintos mundos a ambos lados del Atlántico. Con el centro de las Palmas y con su espíritu colonial. Con sus edificios modernistas en proceso de reconstrucción para abrir sus puertas a los exploradores perdidos. Heredades, guanches, tamaranes, nos quedamos con cada rayo de luz, con cada gota de lluvia y con cada suspiro de esta isla.

Juany Elena saborean el silencio del Centro Atlántico de Arte Moderno.
Juany Elena saborean el silencio del Centro Atlántico de Arte Moderno.

Gracias a Ponte Las Cholas Beach House: Instagram

A Amaya Hernández y a Alexis Rodríguez por hacer de esta isla, nuestro mágico hogar por unos días.

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