El diseñador Olly Gibbs visitó hace un tiempo el Rijksmuseum de Amsterdam, Holanda. Ahí, en medio de los serios retratos que adornan sus paredes, se dio cuenta que todo era muy lúgubre y que el espacio necesitaba luz.
Fue así que, móvil en mano, decidió darle un buen uso a la aplicación de moda: FaceApp. Si, esa inquietante que nos hace viejos, jóvenes o nos alegra la cara. Y es que, a veces, ir a un museo es poco más que un paseo entre almas en pena. ¡Hay que ver lo que hacen unos piñitos en una cara!
h/t: Demilked
