Dice mi psicóloga que actualmente hay una idea de éxito y de metas demasiado ambiciosa e irreal. Que debo prometerme cosas alcanzables que pueda cumplir a corto o medio plazo.
La verdad es que viviendo en una sociedad que va a velocidad scroll y que nos empuja a no parar de producir y de triunfar, es bien recibido cualquier consejo que me sirva para luchar contra la continua frustración de no ser quien los demás esperan que sea.

La sensación de no haber llegado a los objetivos, de no haber encajado en una sociedad macro idealizada y de no haber estado a la altura, siempre me aumenta a finales de diciembre cuando todos y todas presumen de triunfales balances anuales en sus escaparates virtuales.
La vida de cualquier persona me parece mejor que la mía en la pantalla del teléfono, vista desde la perspectiva de mi cama vacía.
Otro año en el que sigo sin cumplir algún sueño laboral. Otro verano en el que no he hecho reels en una isla paradisíaca. Otra temporada en la que no he conseguido entradas para ese concierto. Otro otoño en el que no he podido compartir peli y manta en compañía. Otra vez en la que sigo siendo la persona invisible que he sido otras veces.
Justo hace unos días, escuchaba una canción en la que decía «Hace tiempo que soy más feliz y menos productivo», una frase que me pareció totalmente reveladora. Pensé que igual la felicidad era eso: no hacer al nivel cuantitativo y cualitativo que me dictan.
De una manera casi inconsciente, llegué a la conclusión de que quizás mi felicidad esté en prometerme cosas más pequeñas que sí puedo llevar a cabo, en hacer reales sueños alcanzables que me hagan sentir pleno a mí y por qué no, que hagan sentirse plenos a los demás.

De cara a estrenar un nuevo año que siempre viene cargado de promesas, pensé en esas que sí podía cumplir. Estas son algunas de ellas:
El año que viene, prometo quererme y cuidarme por encima de todo. Querer y cuidar por encima de todo.
El año que viene, prometo decirle a los demás que los admiro para que se vean como yo los veo.
El año que viene, prometo comer mejor y hacer más deporte, pero no para encajar en los cánones.
El año que viene, prometo hablarme mejor. No insultarme.
El año que viene, prometo identificar mis pensamientos intrusivos como lo que son, simples pensamientos.
El año que viene, prometo ponerle palabras a aquello que no digo.

El año que viene, prometo mirarte a ti como siento que me miras tú.
El año que viene, prometo responder a las llamadas de auxilio con desayunos interminables de café con leche y tostadas de aceite.
El año que viene, prometo terminar los libros que tengo empezados y escribir más capítulos del libro de mi vida.
El año que viene, prometo que no habrá una comida o una cena en la que esté callado, mamá.
El año que viene, prometo seguir emocionándome con atardeceres y amaneceres.
El año que viene, prometo decir mucho menos que no puedo. Prometo decir más que no quiero.

El año que viene, prometo sonreír más y reírme de mí a carcajadas.
El año que viene, prometo seguir practicando eso de relativizar.
El año que viene, prometo decir más «hola» que «adiós».
El año que viene, me prometo más películas, más canciones y más series. Si son contigo, mejor.
El año que viene, prometo ser casa y refugio.

El año que viene, prometo hacer más veces la maleta y deshacer más veces mis rutinas.
El año que viene, prometo ofrecer mis brazos en las alegrías y mis hombros en las tristezas.
El año que viene, prometo seguir creyendo en estrellas fugaces y en mercurios retrógrados.
El año que viene, prometo seguir apoyando y comprendiendo a mi niño interno.
El año que viene, prometo abrazar mis miedos.
El año que viene, prometo seguir llorando con los anuncios de la Lotería y los telediarios.
El año que viene, prometo seguir intentando recordar cómo sonaba la voz de mi padre.
El año que viene, prometo seguir practicando la escucha como acto de consideración.

El año que viene, prometo seguir llamando a la puerta de mi vecina para saber si está todo en orden.
El año que viene, prometo agradecer que puedo dormir en una cama con sábanas limpias.
El año que viene, prometo seguir hablándole a los perros y a los gatos.

El año que viene, prometo seguir enfadándome ante las injusticias.
El año que viene, prometo intentar estar siempre en el lado bueno de la historia.
El año que viene, prometo seguir teniendo curiosidad y ganas de aprender.
El año que viene, prometo ser feliz o al menos intentarlo.
El año que viene, prometo seguir prometiéndome aquello que sí puedo cumplir. Prometo seguir escuchando a mi psicóloga.
Por Luiki Alonso.