En 1959 el bioquímico escribió un ensayo sobre la creatividad que nunca vio la luz. 'MIT Technology Review' recupera un ensayo inédito sobre la creatividad que Isaac Asimov escribió en 1959 tras cancelar su colaboración en un proyecto de diseño de armas nucleares
¿Cómo pudo Asimov escribir más de 500 libros en su vida? En nuestra época de grandes proyectos pero pocas realizaciones, la suya parece una labor titánica, inalcanzable.

Concentración, amor, curiosidad insaciable son algunos de los rasgos de personalidad que, cultivados en hábitos específicos, hicieron de Asimov este autor desbordado e inteligente.
1. Nunca dejar de aprender
El campo de intereses de Isaac Asimov fue sumamente amplio y así se reflejó en su obra: la historia de Roma, la historia de la química, literatura, mitología, religión, astronomía y varios ámbitos de conocimiento más. Él mismo no fue sólo un escritor (por más que esto, en su caso, es por sí mismo admirable) sino también doctor en bioquímica por la Universidad de Columbia. Esa curiosidad insaciable es, sin duda, uno de los elementos decisivos para tener siempre algo qué decir y, además, para decirlo a partir de una amplitud de horizontes: con riqueza, creatividad, sentido crítico. Por último, es un claro ejemplo de que la instrucción escolarizada no es la única posible. Al respecto de este rasgo de su personalidad, Asimov llegó a decir:
No habría podido escribir la variedad de libros que completé únicamente con el conocimiento que obtuve en la escuela. Tuve que mantener un programa autodidacta de educación. Mi biblioteca de libros de referencia creció y me di cuenta de que tendría que esforzarme en ellos por mi miedo constante de malentender un aspecto que para alguien experto en el tema le parecería una simpleza.
2. No te obsesiones con los posibles bloqueos
En los proyectos creativos puede ser más o menos normal o previsible que el flujo de trabajo llegue a un punto de bloqueo o de interrupción forzada. Con todo, la creatividad auténtica no se detiene realmente. En el caso de Asimov, la solución a esos bloqueos es simple: pasar a otro cosa.
No me quedo mirando las hojas en blanco. No paso mis días y mis noches acariciando una cabeza vacía de ideas. En vez de eso, simplemente dejo la novela y acudo a cualquiera de la docena de proyectos que tengo pendientes. Escribo una editorial, un ensayo, un cuento o trabajo en mis libros de no-ficción. Para cuando me canso de esto, mi mente es capaz de realizar su trabajo y recuperarse. Regreso a mi novela y me doy cuenta de que puedo escribir con facilidad.
3. No ignores tus temores, pero tampoco les brindes más atención de la que merecen
El trabajo creativo viene acompañado, con cierta frecuencia, de miedo. Hay quien teme fracasar, hay quien teme no ser tan bueno como sus predecesores, temor a la crítica, al rechazo, etc. Asimov llamó “resistencia” a este cúmulo de dudas al respecto de la creatividad propia. Con todo, si se desea hacer algo, es necesario vencer dicha resistencia, de lo contrario, nunca se emprenderá nada.
El escritor ordinario está destinado a ser asaltado por las inseguridades conforme escribe. ¿La frase que acaba de crear es sensata? ¿Está tan bien expresada como podría? ¿Sería mejor si estuviera escrita de forma diferente? El escritor ordinario está, por lo tanto, siempre revisando, siempre cortando y cambiando, siempre tratando de expresarse diferentes maneras y, por lo que sé, nunca está completamente satisfecho.
¿Quieres ser ordinario o extraordinario en lo que haces? ¿Quieres seguir soñando con algo perfecto, y nunca realizarlo, o hacer algo lo mejor posible, pero hacerlo?

4. Revisa tus estándares
En el sentido del punto anterior, es recomendable que pienses si los criterios y estándares desde los cuales consideras tu propio trabajo. Si eres el juez más terrible de tu propio labor, es posible que entonces nunca te permitas emprender o consumar algo, pues nunca estarás satisfecho con tus resultados. El consejo de Asimov es sencillo:
Un escritor puede sentarse y dudar de la calidad de su escritura. O puede amar su propia escritura. Yo la amo.
Aunque puede sonar un tanto abstracto o ambiguo, el amor es la mejor forma de aproximarnos a todo lo que hacemos. Por lo demás, como reza la frase, “Roma no se hizo en un día”, es decir, si es el caso que puedes realizar una obra maestra, la única manera de hacerlo es experimentando, practicando, equivocándote, aprendiendo de tus errores, aceptando tus limitaciones y creyendo en tus capacidades.
5. Haz más de lo que haces
Para el momento en que determinado libro se publica, el escritor no tiene mucho tiempo para preocuparse de cómo será recibido o si se venderá. Para entonces ya habrá vendido muchos otros y está trabajando en otros: eso es lo que le preocupa. Y eso intensifica la paz y la calma en su vida.
Paradójicamente, en nuestra época estamos habituados a “hacer mucho” pero, en última instancia, sentimos que en realidad no hacemos nada. Parece, sin embargo, que más que hacer mucho, tenemos divida nuestra atención en muchas cosas, con lo cual nos saboteamos a nosotros mismos, pues el multitasking que tanto se fomenta ahora se convierte, también, en angustia y estrés. Cuando Asimov nos insta a “hacer más” se refiere a obras sustanciales, de esas que realizamos con interés, empeño, gusto y entusiasmo –y no sólo a distraernos con Facebook mientras se supone que escribíamos.
6. El secreto final…
Una vez, un amigo, colega escritor, le preguntó a Asimov de dónde obtenía sus ideas; éste respondió:
Pienso y pienso y pienso hasta que estoy listo para matarme. ¿O creías que es fácil tener una buena idea?
La declaración suena un tanto radical, pero quizá nos parece así porque no estamos habituados a actuar con valentía, arrojo ni determinación; no creemos que en eso que de verdad deseamos y queremos hacer para nuestra vida debería estar puesto todo lo que somos, todas nuestras capacidades, todos nuestros conocimientos, nuestra energía, toda nuestra atención, pues sólo así es posible crear algo que no existe, que necesitamos construir por nosotros mismos, por la sencilla razón de que se trata de algo que cada uno de nosotros quiere, y que sólo encontraremos satisfactorio luego de esa realización paulatina, apasionada, ardua, profundamente personal.
via Pijama Surf
El ensayo perdido de Asimov sobre creatividad
Las 9 ideas para triunfar en el mundo de hoy que contiene el ensayo perdido de Asimov
El gobierno de Eisenhower tenía claro que por mucho que se gastara dinero en mejorar la tecnología existente esta seguiría siendo inadecuada: necesitaban a gente que tuviera ideas novedosas para adelantar a los rusos.
Cuando Obermayer recibió el encargo pensó en seguida en su amigo Isaac Asimov (también soviético, pero sólo de nacimiento). En aquella época el escritor era ya una figura, había publicado sus mejores novelas de ciencia ficción y se estaba dedicando por completo a la elaboración de ensayos de divulgación científica. Obermayer invitó a su amigo a varias reuniones, pero Asimov decidió abandonar el proyecto porque pensaba que el acceso a información clasificada limitaría su libertad de expresión. Pero antes de irse, escribió un ensayo para ayudar a los científicos del proyecto a ser más creativos.
El ensayo había permanecido oculto hasta la semana pasada, cuando Obermayer cedió el texto a Technology Review. No sabemos si el texto, que llevaba por título¿Cómo la gente tiene nuevas ideas?, sirvió a los investigadores para crear un buen sistema de defensa contra misiles, pero su carácter universal y premonitorio (como casi todo lo que escribió Asimov), bien puede ayudar a los profesionales y empresas de hoy en día para triunfar en un mundo lleno de incertidumbres.
El ensayo había permanecido oculto hasta la semana pasada, cuando Obermayer cedió el texto a la revista Technology Review, que lo ha publicado íntegro. Estas son sus nueve ideas más destacadas.
1. El proceso creativo es igual en todos los ámbitos
Como buen humanista, Asimov pensaba que la creatividad es necesaria en todos los campos del saber, y su funcionamiento no difiere en absoluto entre una u otra especialidad. No importa que persigamos alcanzar “la evolución de una forma de arte, un nuevo gadget o un nuevo principio científico, todos implican factores comunes”.
En el mundo actual tendemos a exigir creatividad en determinadas profesiones, y negárselas a otras. Pero el progreso requiere creatividad en todos los campos.
2. Para imaginar el futuro hay que conocer el pasado
Como todo buen escritor de ciencia ficción, Asimov sabía que para imaginar el futuro es necesario conocer el pasado. “Una forma de investigar el problema [el proceso creativo] es estudiar las grandes ideas del pasado para saber cómo fueron generadas”. El escritor reconoce que muchos de los grandes pensadores de la historia ni siquiera sabían cómo tuvieron sus ideas, pero cree que, en la mayoría de ocasiones, el secreto reside en conocer bien qué se ha investigado previamente sobre un asunto. Ya lo decía otro Isaac (Newton), citando a Bernardo de Chartres: “Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”.
3. Hay que saber ver conexiones entre cosas aparentemente desconectadas
Para Asimov, toda buena idea aparece cuando somos capaces de ver las cosas más allá de nuestra especialidad. Es por ello que los equipos y pensadores multidisciplinares son clave para generar buenas ideas.
El proceso creativo funciona siempre de forma similar. El escritor pone como ejemplo el advenimiento de una de las grandes ideas del siglo XIX, la teoría de la selección natural, a la que llegaron de forma independiente, pero muy similar, los naturalistas Charles Darwin y Alfred Wallace –según Asimov, una prueba de que el proceso creativo funciona siempre de forma similar–.
“Está claro que en la primera mitad del siglo XIX muchos naturalistas habían estudiado la forma en la que las especies se diferenciaban entre sí. También mucha gente había leído a Malthus. Y, quizás, algunas personas habían estudiado las especies y habían leído a Malthus. Pero lo que se necesitaba era a alguien que hubiera estudiado las especies, hubiera leído a Malthus y, además, tuviera la capacidad para conectar ambas ideas”. Y eso es lo que hicieron Darwin y Wallace casi al mismo tiempo.
4. Las mejores ideas son las que parecen irrealizables
Una vez que se conectan dos ideas, la asociación parece obvia, pero no lo era hasta entonces. “Una nueva idea sólo parece razonable bastante tiempo después de haberse pronunciado”, asegura Asimov. “Normalmente, al principio, parece irracional. Parecía el colmo de la sinrazón suponer que la tierra era redonda y no plana, que se movía alrededor del Sol o que los objetos requieren una fuerza para detenerse cuando están en movimiento en lugar de una fuerza para mantenerlos en movimiento”. Sólo el tiempo acaba dando la razón a quien la tenía.

