Cultura Inquieta ha visitado y vivido recientemente Malinas, una apacible y preciosa ciudad belga que late al son del arte, la historia y de sus 80.000 afortunados habitantes.
Atraídos por su historia, por sus tradiciones, por sus secretos escondidos en los viejos palacios de piedra y por la la 8ª Bienal de Arte en Movimiento, decidimos viajar hasta esta joya oculta que emerge en el corazón de Flandes. A escasos 20 kilómetros de Bruselas, Malinas (Mechelen) nos enamora a un golpe de vista. Lo tiene todo para ser una ciudad candidata a los premios "yo aquí podría vivir y ser feliz".
Es una ciudad cálida, elegante y joven de edificios flamencos. La expresión artística de sus calles transforma las viejas y calladas paredes en un lienzo infinito, en el que ni el mismísimo Rubens hubiera podido evitar dejar su impronta. Malinas rezuma primavera, magia y ganas de explorar.
Malinas, la ciudad tomada por las mujeres
Paseando por sus calles nos cuentan que Malinas es "la ciudad tomada por las mujeres" gracias a dos Margaritas. La primera, de York, instaló la corte en la ciudad, transformándola en un centro político y cultural. La segunda, Margarita de Austria, ejerció de regente de Holanda y Flandes desde Malinas. A ellas se las deben dos de los monumentos más importantes de la ciudad, aunque el Palacio de Margarita de Austria esté mejor preservado y adaptado a las visitas. Y aquí no queda la cosa con las féminas, la ciudad belga puede presumir de tener dos Beaterios:
El "Beguinaje menor", un encantador oasis de tranquilidad en el centro de Malinas, se fundó en el S. XIII y fue el primer beaterio de la ciudad. Más tarde, se construyó un beguinaje fuera de las murallas al que no pudieron acceder las ancianas o aquellas que mujeres con dificultades para moverse. El "Beguinaje menor" fue restaurado hermosamente como primera zona de revaloración de Flandes.
Ambos nos engullen en sus entrañas, nos erizan la piel y nos impresionan por su belleza y extraña calma.
Malinas sabe a Flandes, a chocolate y a cebada. El pedaleo de las bicis, el mecanismo mágico de sus carrillones y el agua de los canales protagonizan su sonido. La ciudad huele a madera, a historias y a cerveza que han dejado un poso con nombre de mujer... Malinas es un regalo para experimentar con los 5 sentidos.
Todas las fotografías del artículo pertenecen a ©culturainquieta
Anticuarios callejeros en los que dejar volar nuestra imaginación, talleres de bicicletas cuyas paredes esconden asilos de plantas, cultura, iniciativa y sueños. Malinas, esa ciudad que no impone barreras a sus visitantes y siempre te recibe con los brazos abiertos.
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