"Besos de otros mundos": un afectivo poemario para celebrar el Día Internacional del Beso

En la frente, en la mejilla, en la oreja, en los labios, en las manos, en el cuello... no importa en qué parte del cuerpo nos den besos, sólo queremos más.

Como cada 13 de abril, celebramos el Día Internacional del Beso. Un día más, tan bueno como otros, para seguir besándose, y también propicio para traer besos de donde sea, como propone el libro Besos de otros mundos de José Félix Valdivieso, prologado por Luis Alberto de Cuenca e ilustrado por Miguel Panadero.

Portada del libro Besos de otros mundos

Este libro es especial. Trata del beso. Y un beso, ya se sabe, es capaz de todo, porque "con poco, poco, poco, hacen mucho, mucho, mucho". El beso es susceptible, como toda reacción nuclear, de producir reacciones en cadena de consecuencias imprevisibles. Un beso sirve tanto para reventar conceptos, como para reventar familias. Y también para hacer todo lo contrario. 

"He tenido muchos primeros besos, y todos de verdad, así que me di cuenta de que la verdad son muchas".

Kostia

En algunos de los párrafos del libro, José Felix Valdivieso dice:

"Pero si con todos los besos hay que tener sumo cuidado, con el primero más. No quiere esto decir que, por lo que respecta a otros besos, incluido el osculum infame (ese que las brujas daban al diablo en sus nefandas partes traseras), uno se pueda relajar. Es sólo que el primero es el primero, del mismo modo que ningún pecado iguala al primer pecado, al pecado original. El primer beso de un villano, lo hace más villano [...]

No se besa igual hoy en el cine, ni tampoco en el bar de la realidad. De eso, y de otras cosas, trata este Besos de otros mundos, que invoca a los dioses, para restablecer, quizás, un orden olvidado.

El libro está dividido en cuatro capítulos: La leyenda del besoLa ira de GeaLa lengua, los bárbaros y un cuarto con una encuesta, algo inusual para un libro de poesía, titulado Apuntes para una sociología del primer beso

Para esta última sección se han entrevistado a 250 personas sin distinción de género, sexo, o raza, representando los cinco continentes, con excepción del sexto, la Antártida, frío lugar para los besos y el amor, aunque todo puede ser.  En cualquier caso, cuidadito con los besos, porque no les gusta que los anden mareando.

Te dejamos con algunos de los poemas que encontrarás en esta obra dedicada a ese gesto que nos hace mejores gracias a la fuerza del amor, el afecto y el cariño.

Fotograma de Lo que el viento se llevó.
Fotograma de Lo que el viento se llevó.

Operación matemática

Es una operación matemática,

sin lógica,
sin prisa,
sin equivalencia.
Es tan sólo un resultado,
una emoción comprimida,
la suma de tu cuerpo,
un beso

Do not disturb

Nada
más
silencioso
que
un
beso.
Bésense, por favor

Ilustración Do Not Disturb de Miguel Panadero.

La Leyenda del Beso

(Y del silencio de los dioses. El verdadero mito de Babel).

Dicen que Lengua era la más hermosa de las diosas, y que, por el don del habla, tenía cautivos a los dioses, hasta que un día, la mortal soberbia hizo presa de ella, y ofendió a los dioses.

No se le ocurrió más que decir que sin ella, ninguno podría decir nada. Dictaminaron, de inmediato, la más severa de las penas, su muerte en la horca, y que hubiera muchas lenguas, para que la soberbia, no se adueñase de ninguna de ellas.

Por su condición de diosa, en el cadalso, le concedieron un último deseo. Ella, taimadamente, aprovechó esta divina prerrogativa, para dejar su soberbia impronta. Dejó dicho que deseaba que las lenguas se entremezclasen las unas con las otras.

De ahí nació el beso, su astuto, soberbio, e imperecedero invento. Los dioses han sido incapaces de castigar su memoria. Y desde entonces, dice la leyenda, que permanecen en silencio, y ni hablan, ni besan.

Es insoportable, su silencio

Fotograma de De aquí a la eternidad.
Fotograma de De aquí a la eternidad.

El beso de una vida

Es increíble cómo queremos llegar
a la vida, y cómo una vez en su balcón,
antes de tocar los labios de su barandilla,
ya nos vamos dando cuenta,
de que no es tan fácil llegar a ella,
pues sin saber cómo, ni por dónde,
van apareciendo barreras,
una tras otra, y la que ya parecía,
que tocábamos con la yema de los dedos,
desaparece, se agranda, y se multiplica.

Es todo un arte mantener la sed de llegar,
pues otra vez sin saber cómo, ni por dónde,
se va apagando el vuelo de las sensaciones,
y antes de que lleguemos a saciarnos, nos
volvemos a dar cuenta de que lo que va
quedando, no es, ni por asomo, lo que
andábamos buscando, y entonces, aquel
beso de la vida, que ansiábamos, estrangula
el aire, y da cuenta también del vuelo,
negándonos, incluso, haber volado

Ilustración El beso de una vida de Miguel Panadero.

Sexo de boca 

El primer grito quiso ser palabra, pero como tantas cosas, que quieren ser otra distinta, se quedó tan solo en grito. 
La lengua, inútil en el grito entonces, acabó mojando los labios, y cogiéndole el gusto al anudarse con otras lenguas.  
Hay quienes dicen que ese fue el primer beso, sin serlo. 

Alegan que como no hay beso sin palabras, no hubo conciencia del mismo.

Otros sostienen que desde que se juntan gritos y lenguas y bocas, estamos hablando de lo mismo, así que no compran ningún romanticismo, ninguna liturgia lingüística, ni religión que valga, y sumariamente, dictan que así se inventó el sexo de boca

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