Cómo desaparecer completamente [microrrelato]

Cómo desaparecer completamente [microrrelato]

Son muchos los niños, niñas y adolescentes que sufren bullying y acoso escolar. Para ellos y ellas levantarse cada día es un calvario que están sufriendo porque vivimos en una sociedad enferma con un sistema educativo que está fallando.

Este microrrelato sólo pretende ser el reflejo de esos sentimientos, una aproximación para concienciar sobre una lacra que debemos erradicar.

Cómo desaparecer completamente

«Otro día más suena el despertador y lo apago pensando que es el ruido más desagradable que conozco. Ni siquiera todo el ruido que hay en mi cabeza me produce tantas náuseas.

No quiero levantarme. Tiro del edredón con fuerza y giro mi cuerpo en bloque y con brusquedad intentando dejar mis preocupaciones al otro lado de la cama.

En la tranquilidad que me produce adoptar la posición fetal, vuelvo a convertir en un refugio el espacio que hay entre mi pecho y mis rodillas. Escucho en mis cascos How To Disappear Completely de Radiohead, mientras masajeo mi tripa para aliviar ese malestar que se siente como si alguien me clavara un cuchillo y lo moviera dentro.

Imagen, vía Unsplash.

Respiro hondo y se me viene a la cabeza la hostia que me dio mi hermano la semana pasada por haberme puesto su equipación de fútbol favorita. También recuerdo la cara que puso mi madre cuando me rapé la cabeza. No entiende que mi gusto es mi gusto y mi cuerpo es mi cuerpo. Ojalá haber nacido en otra casa.

En el instituto tampoco me va mejor. Desde que Darío se enteró de que me declaré a África, ha convencido a los demás de que soy una mierda. Me hacen el vacío en el patio y en el comedor. Me insultan en los pasillos. Me dejan comentarios dolorosos en las redes sociales. Inventan mentiras sobre mí, pero la única verdad es que yo no le hecho daño a nadie.

La primera luz de la mañana entra por la ventana disipando mis pensamientos intrusivos e indicándome que no puedo demorar más la hora de pasar otro día en una piel que no quiero habitar. Con un movimiento rápido me despojo de mi tranquilidad y paso delante del espejo evitando ver mi reflejo.

Imagen, vía Unsplash.

Miro la silla y ahí, otra vez, ha dejado mi madre mis cadenas perfectamente planchadas. La falda, la rebeca y las medias me miran amenazantes diciéndome quién tengo que ser. Qué equivocadas están.

Con resignación y miedo, me visto con ese atuendo que huele a incomprensión, dirijo una última y compasiva mirada a mi cama y ahora sí que me miro al espejo. Hago un recorrido minucioso por mi imagen intentando entender qué estoy viendo y pienso que con 14 años, nadie debería conocer el odio.

Vuelvo a darle al play a mi teléfono. Vuelve a empezar How To Disappear Completely de Radiohead; resonando con más fuerza y más sentido que nunca».

Con 14 años, nadie debería conocer el odio.

Con 14 años, nadie debería conocer el dolor.

Con 14 años, nadie debería conocer la vergüenza.

Con 14 años, nadie debería conocer el maltrato.

Con 14 años, nadie debería conocer la vejación.

Con 14 años, nadie debería conocer la tristeza.

Con 14 años, nadie debería conocer la soledad.

Con 14 años, nadie debería conocer el rechazo.

Con 14 años, nadie debería conocer la culpa.

Con 14 años, nadie debería querer desaparecer completamente.

Sandra Peña.

En memoria de Sandra Peña.

Por Luiki Alonso.

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