“Incluso la noche más oscura terminará y el sol volverá a salir”, así lo escribió Víctor Hugo en su novela Los Miserables.
Por Miranda Brave.

Guiado precisamente por esa luz que siempre vuelve a brillar, Juan Sobrino, bibliotecario de la Biblioteca Municipal de Soto del Real (Madrid) lleva, desde 2018, saltando los muros del Centro Penitenciario Madrid V con libros.
El pasado 20 de marzo organizó para los internos la I Fiesta de la Lectura en una prisión a nivel mundial.

Un evento que entrelazó opiniones y vidas, que despertó ganas, que renovó emociones y avivó aquella esperanza militante de la que hablaba Vázquez Montalbán.
Y fue así como unviento del Este, la última tarde del invierno, trajo a los participantes, especialmente a aquellos privados de libertad, no a Mary Poppins, pero sí la posibilidad de experimentar otras realidades, aunque solo fuese, al menos de momento, en los títulos de Vargas Llosa, Freud, Cela, James Clear o Stephen King.

Con los versos preparados, las tildes engalanadas y los párrafos narrativos expectantes, la fiesta comenzó puntualmente a las cinco de la tarde.
Sesenta y cinco internos de distintos módulos de este centro penitenciario, uno de los más grandes del país, concurrieron en el salón de actos con el resto de asistentes, entre los que se encontraban usuarios de la Biblioteca Municipal de Soto del Real, voluntarios de las distintas asociaciones colaborativas y trabajadores del centro penitenciario.

Casi un centenar de personas, dispuestas a leer en silencio para después compartir lo leído en pareja, con ganas de volar “cometas” a través de la imaginación, de los relatos, de sus impresiones y de sus deseos.
Cometas que llegaron tan alto que dibujaron una estela de recuerdos como lo expresaba uno de los reclusos: “las enseñanzas y reflexiones que han dejado los libros por el paso de mi vida, han sido edificantes para la misma, ya que el universo de posibilidades que nos abre, es tan grande, que para no perdernos a nosotros mismos debemos encontrarnos en la lectura”.

Una de las invitadas destacadas a la celebración de las letras fue la música, que subió al altar de la fantasía a través del piano de Iván Sangüesa y la voz de Paula Amazarray, una joven artista que supo tejer un tapiz de canciones, envolviendo a los participantes en un abrazo cálido y reconfortante.
Como ella misma reconoce, es amor lo que el mundo necesita, especialmente en aquellos escenarios de palabras silenciadas y atrapadas en laberintos de exclusión. “Acompañarnos a través del arte es lo que colorea la realidad. Esta fiesta nos recuerda cuál es el camino”, apuntó.
No es la primera vez que Sobrino abre su paraguas mágico lejos de las estanterías de la biblioteca de su municipio, para crear un mundo propio y libre, trascendiendo cualquier barrera física o emocional.
En colaboración permanente con el centro, el bibliotecario ha llevado a perros que acompañan lecturas, ha leído cuentos que hilan vidas, ha sido cartero de correspondencias, sin acuse y con recibo, ha descubierto versos anidando en el patio y ha sido arquitecto de bibliocasitas en las que encontrar y depositar tesoros. Ha demostrando una vez más, el valor que tienen los libros como herramienta para la transformación personal y social
“Fue muy emocionante observar en una misma sala a casi cien personas leyendo juntas cada una en silencio concentrada en su libro y, a continuación, contemplar cómo personas que no se conocían de nada hablaban de forma animada sobre libros. Fue uno de esos momentos de epifanía, en que realmente te das cuenta del poder de conexión emocional tan potente que supone la lectura y los vínculos que genera”.
Es un formato novedoso e innovador que surge en Nueva York después de la pandemia y que muy recientemente se está empezando a extender por otros lugares del mundo.
La fiesta de la lectura consiste en reunir a mucha gente para leer. Los participantes tienen que llevar el libro que están leyendo en el momento del evento y leen durante un tiempo estipulado, en torno a 30 minutos. Después de esta lectura individual en silencio, se empareja por sorteo a los participantes de dos en dos para que conversen sobre el libro que está leyendo cada uno durante otros 30 minutos.
Se pueden realizar varios intercambios y al final se establece una puesta en común sobre la experiencia.
Y si la palabra es el aliento de la vida, como afirmaba Neruda, la Fiesta de la lectura, se convirtió en el refugio de todos los que necesitan volver a ser vistos.