Hugo Mujica y Leonor Pataki: la poesía que aún resiste al ruido del mundo

Hugo Mujica y Leonor Pataki: la poesía que aún resiste al ruido del mundo

¿Qué tienen que ver los gatos con el silencio? ¿Y la luz con el espacio? Ayer lo entendí un poco mejor.

Ayer asistí a la entrega del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe en el Mandarin Oriental Ritz Madrid, ese lugar donde todo parece tener la delicadeza de los tiempos intacta.

Allí, con la ciudad latiendo al otro lado de las rejas, se reunían escritores, editores, lectores y amantes de las palabras. Pero sobre todo se reunía algo más raro y más frágil: el silencio atento que precede a la poesía.

La Fundación Loewe, presidida por Sheila Loewe, entregaba el XXXVIII premio de poesía. Un galardón que desde hace décadas protege algo que hoy parece casi clandestino: el tiempo lento de la palabra.

Más de tres mil manuscritos procedentes de cuarenta y cinco países habían llegado a esta convocatoria. De todos ellos, dos voces muy distintas, separadas por generaciones, geografías y tonos, terminaron encontrándose en el mismo escenario.

El poeta argentino Hugo Mujica.
El poeta argentino Hugo Mujica.

Por un lado, el poeta argentino Hugo Mujica, nacido en Buenos Aires en 1942, recibió el premio principal por su libro Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras.

Sus poemas invitan a una meditación serena, tendiendo puentes entre Oriente y Occidente, entre la intuición y la razón.

Escuchándolo, tenía la sensación de que la poesía puede ser también una forma de caminar despacio por dentro de uno mismo.

Hugo Mujica. Las hojas, la brisa, y la luz danza las sombras.

Por otro, la joven poeta mexicana Leonor Pataki, nacida en Oaxaca en 1995, obtuvo el Premio a la Creación Joven con Una madeja de estambre. Dos edades de la poesía. Dos formas de mirar el mundo.

La joven poeta mexicana Leonor Pataki.
La poeta mexicana Leonor Pataki.

Mujica escribe desde una quietud espiritual. Su poesía, como explicó la poeta María Ángeles Pérez López durante la presentación, parece hecha de respiración, de contemplación, de esa rara mezcla entre pensamiento y silencio. 

Pataki, en cambio, llega desde otra orilla. Su libro presentado por Jaime Siles,  gira alrededor de un símbolo inesperado: el gato.

Leonor Pataki. Una madeja de estambre.

Pero no el gato doméstico y anecdótico, sino el gato como figura del sigilo, del misterio, de todo aquello que no debe tocarse demasiado. Como en Charles Baudelaire o T. S. Eliot, el gato aparece como una criatura que habita el borde de las cosas: lo visible y lo invisible, lo dicho y lo insinuado.

Y entonces entendí la pregunta del principio. El gato tiene que ver con el silencio.
La luz tiene que ver con el espacio. Y la poesía tiene que ver con ambos.

Porque la poesía, cuando es verdadera, abre un lugar donde las palabras dejan de ser ruido y empiezan a respirar.

Mientras caía la tarde sobre el jardín del Ritz y alguien pasaba una página, pensé en lo extraño que resulta que todavía existan momentos así: un grupo de personas reunidas para escuchar poemas, como si el mundo no estuviera corriendo todo el tiempo hacia ninguna parte.

Lo dos libros premiados en el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe.

Tal vez por eso estos premios siguen siendo necesarios.

Porque en medio de la velocidad, de las pantallas y del ruido, alguien sigue recordándonos algo esencial: que las palabras pueden todavía detener el tiempo y unir mares, cielos y océanos.

Y que, a veces, basta un verso para que el mundo vuelva a tener espacio. 

Loewe Foundation: Web

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