La música también puede ser una forma de arquitectura. Un lenguaje capaz de dialogar con la piedra, la historia y la memoria colectiva. En ese territorio donde el pasado y el presente se encuentran a través del ritmo habita el trabajo de Michael Canitrot, DJ y productor francés que ha convertido monumentos históricos en escenarios vivos.
Lejos del club oscuro y del formato convencional, Canitrot propone una experiencia inmersiva en la que sonido, luz y espacio se entrelazan para resignificar lugares emblemáticos.
Su proyecto Monumental Tour no solo invita a bailar, sino a mirar de otra forma: a percibir cómo una fachada respira y cómo la música puede convertirse en un puente emocional entre generaciones, culturas y tiempos distintos.
Hemos tenido la oportunidad de charlar con él sobre su viaje vital a través de la música y el arte:
¿Cómo te introdujiste en la música?
Crecí rodeado de discos de vinilo. Mi padre era locutor de radio, y recuerdo verlo preparar sus programas cada fin de semana. Me fascinaba y, muy pronto, entendí que la música podía compartirse y que tenía el poder de transmitir emociones.
De forma natural, siempre que había una fiesta, los cumpleaños de mis amigos o mis primeros pequeños eventos en el sótano de la casa de mis padres… yo quería ser el DJ.
Todo cambió cuando descubrí la música electrónica con el primer álbum de Daft Punk. Fue una auténtica revelación, casi una adicción. Era como entrar en un territorio infinito donde las emociones podían mezclarse libremente.
¿Cómo ha sido tu evolución musical hasta hoy?
Empecé en clubes, donde estuve influenciado por el French Touch, pero también por la escena house estadounidense, con artistas como Masters at Work, Dennis Ferrer o Joe Claussell.
Con el tiempo, sentí la necesidad de ir más allá y desarrollar algo más personal, creando mi propio sonido y colaborando con voces increíbles como Ron Carroll y Duane Harden.
Esa evolución me llevó de manera natural a imaginar una forma diferente de presentar mi música, fuera del formato tradicional de club. Quería algo más inmersivo, donde la música pudiera encontrarse con la luz, la historia y la arquitectura. Así nació el Monumental Tour en 2019.
¿Cuáles son tus inspiraciones — musicales, artísticas y arquitectónicas?
Me inspiran artistas que trascienden géneros y épocas, desde la música electrónica hasta los compositores clásicos. También encuentro inspiración en las artes visuales, el cine y cualquier forma de expresión que juegue con el espacio y la percepción.
Arquitectónicamente, cada monumento tiene un alma. Sus líneas, ritmos y proporciones guían mi imaginación. Intento traducir ese lenguaje silencioso en música y visuales.
¿Cuál ha sido el set más memorable hasta ahora?
Ha habido muchos momentos muy intensos. Actuar en lo alto de la Torre Eiffel o frente a Notre Dame después del incendio fueron experiencias increíblemente emocionales y simbólicas.
El Castillo de Chambord, con su escala y simetría, o el Mont-Saint-Michel con su energía mística, también dejaron una huella profunda en mí.
¿Qué te motiva a continuar después de tanto tiempo en la industria?
La pasión. El deseo de ir más lejos, de reinventarme, de sorprenderme a mí mismo, de explorar cosas nuevas. La música es un arte vivo: cada proyecto, cada colaboración, cada etapa abre nuevas posibilidades. Y ver al público emocionarse con la experiencia sigue siendo la fuente de motivación más poderosa.
¿Cómo surgió la inspiración para unir el dinamismo de tu música con la quietud de la arquitectura?
Los monumentos hablan sin palabras. Cuando me coloco frente a uno, intento escuchar su ritmo silencioso. La música electrónica me pareció el medio perfecto para crear un puente entre el pasado y el presente. La arquitectura aporta quietud, la música aporta vibración; juntas forman un diálogo que parece casi vivo.
¿Qué determina la elección de los espacios que se intervienen?
Primero la emoción, luego la inspiración. Un monumento debe tener una historia que contar, una presencia capaz de conmover a la gente. Después viene el potencial arquitectónico: cómo la fachada, los volúmenes o las texturas pueden interactuar con el sonido y la luz. Y por último, la dimensión humana: las colaboraciones con instituciones locales y equipos de patrimonio para construir algo significativo juntos.
Muchas personas y artistas de distintas disciplinas participan en tus shows. ¿Cuál es el proceso creativo detrás del Monumental Tour?
Siempre empieza con una visión, un hilo narrativo inspirado en el propio monumento. Luego me concentro en la música, seguido del trabajo visual. Estructuro el show en escenas utilizando vídeo y/o iluminación, y colaboro con increíbles equipos de producción como artistas digitales, diseñadores de iluminación y equipos técnicos.
Cada uno aporta su propia experiencia. El Monumental Tour es realmente una obra colectiva.
¿Qué se siente al ver iconos arquitectónicos como la Torre Eiffel o Notre Dame moverse al ritmo de tu música?
Es una mezcla de orgullo, gratitud y humildad. Estos monumentos pertenecen a todo el mundo. Cuando parece que respiran con la música, la conexión va mucho más allá de la actuación. Se convierte en una emoción compartida y colectiva, aún más poderosa después de meses de trabajo.
¿Cuál ha sido tu lugar favorito?
Es difícil elegir solo uno, pero Zaragoza ocupa un lugar muy especial para mí. Tocar frente a la Basílica del Pilar con más de 45.000 personas fue inolvidable. La conexión con el público español fue increíblemente fuerte, y esa energía colectiva es exactamente de lo que trata el Monumental Tour.

¿Cuál es tu localización soñada?
Ya he tenido la oportunidad de tocar en algunos de los monumentos con los que soñaba, pero todavía hay muchos lugares increíbles en el mundo y muchos sueños por cumplir, incluidos Estados Unidos y América Latina.
¿Cómo ha evolucionado el Monumental Tour a lo largo de los años?
Todo empezó con una idea simple: reconectar a la gente con el patrimonio a través de la música electrónica y vivir momentos únicos juntos.
Con el tiempo, se ha convertido en un verdadero viaje artístico, combinando sonido, luz, tecnología y narración. En cada edición ampliamos los límites creativos manteniendo la misma esencia: celebrar la belleza, la historia y la transmisión, y concienciar sobre la preservación de nuestro patrimonio.
Cuando estás en un lugar con siglos de historia preparando tu set, ¿compones de forma diferente? ¿El monumento es un coartista?
Absolutamente. El monumento marca el tempo, la atmósfera y la emoción. Su arquitectura, su historia, su alma, sus vibraciones influyen en cada nota y cada imagen. En ese sentido, se convierte realmente en un coartista.
¿Qué lugar te ha supuesto el mayor desafío creativo y por qué?
El Castillo de Chambord fue especialmente desafiante. Su fachada de 150 metros, su simetría, su simbolismo… todo exigía precisión y audacia al mismo tiempo. Artística y técnicamente, llevó al límite lo que podíamos crear.
¿Qué podemos esperar de Michael Canitrot en el futuro?
Nueva música, nuevas colaboraciones artísticas y nuevos destinos del Monumental Tour, en Francia y en el extranjero. Quiero explorar formatos aún más inmersivos, seguir innovando y continuar construyendo puentes entre patrimonio, tecnología y emoción.
¿Qué consejo darías a los DJs o músicos aspirantes que te ven como una inspiración?
Mantente curioso. Sé paciente. Construye tu propia visión artística paso a paso. No sigas las tendencias: sigue tu intuición. Y rodéate de personas que te inspiren y te ayuden a crecer. La pasión y la autenticidad siempre encuentran a su público.
Con Monumental Tour, Michael Canitrot, crea experiencias sonoras memorables y propone una nueva manera de mirar y sentir los espacios históricos: como lugares vivos donde pasado y presente dialogan a través del ritmo, la luz y la arquitectura.
Su trayectoria es un recordatorio de que la música, en su forma más innovadora, puede ser también una herramienta para ampliar la percepción cultural y emocional de nuestro entorno.
En un mundo que avanza aceleradamente, Canitrot invita a detenerse ante la belleza de lo eterno.