Hay personas que nacen con un talento tan inconmensurable que acaban devorados por las consecuencias de haber sido únicos y prodigiosos. Esta es la historia de la última fotografía que Ian Curtis se tomó.
El 15 de mayo de 1980, Ian Curtis acudió a la tienda Woolworths en su ciudad natal, Macclesfield (Inglaterra) para tomarse una fotografía con la que actualizaría su pasaporte. Necesitaba tener toda su documentación en regla para embarcarse en la primera gira que su banda Joy Division iba a hacer por Estados Unidos.
Su representante Terry Mason lo acompañó ese día sin imaginar lo que iba a ocurrir tres días después. El mismo Terry declaró que Ian estaba de buen humor e incluso hablaba de sus planes personales y profesionales futuros.

Curtis le entregó dos copias firmadas de la fotografía para los trámites de la visa estadounidense y le regaló una tercera copia, comentando con una mezcla de ironía y melancolía que la guardara porque nunca se sabía cuándo podrías necesitarla.
Esta imagen es una de las pocas fotografías a color que existen de Ian Curtis, y hasta donde se sabe, fue la última tomada en vida. Tres días después, el 18 de mayo de 1980, Ian Curtis se quitó la vida a los 23 años destrozando a una legión de fans que encontraron luz y esperanza en una oscuridad que supo convertir en un puñado de canciones que marcaron a toda una generación e incluso sentaron las bases de un género: el post-punk.
Hay que reconocer que el sonido y las letras de la banda de Salford iban mucho más allá de la música: era todo una declaración de intenciones. Sus guitarras distorsionadas, sus letras fuertemente existencialistas y la decadencia de un concepto que siempre flirteaba con el nihilismo y la muerte, podrían haberse interpretado como indicios del terrible desenlace de Curtis.
Love Will Tear Us Apart de Joy Division
La personalidad retraída de Curtis se veía reflejada en la timidez de su mirada esquiva, pero la tristeza, el miedo y melancolía de sus ojos contrastaba con la peculiar forma con la que el cantante se expresaba sobre los escenarios. Sus eclécticos bailes (a veces, producidos por la epilepsia que sufría) fueron casi tan icónicos como esas canciones que fueron Disorder o Love Will Tear Us Apart y que revolucionaron el panorama musical de finales de los años 70.
El EP debut, An Ideal for Living, atrajo la atención de Tony Wilson, una personalidad de la televisión de Mánchester. Ese primer corta duración dio lugar al álbum de debut de Joy Division: Unknown Pleasures.
Fue lanzado en el sello discográfico de Wilson, Factory Records, y rápidamente fue aclamado por la crítica británica y venerado por un público que se sentía comprendido y reflejado en las letras de Ian. Curtis se vio afectado por la depresión y por problemas personales, incluyendo la disolución de su matrimonio y sus agudas crisis de epilepsia. El cantautor encontraba cada vez más difícil actuar en público ya que tenía convulsiones durante sus espectáculos.
En mayo de 1980, en la víspera de la primera gira de la banda por los Estados Unidos y abrumado por sus problemas y un éxito arrollador, Curtis se suicidó ahorcándose, a los veintitrés años.
Joy Division lanzó póstumamente su segundo álbum, titulado Closer (1980), y el sencillo Love Will Tear Us Apart fue el éxito más apabullante de la banda. La letra y el sonido de esta composición eran tan representativo del aura de desesperanza que derrochaba Ian, que el título de la canción más popular del grupo se convirtió en el epitafio de la tumba del cantante. Después de la muerte de Curtis, los miembros restantes de la banda formaron New Order.

El amor que sentimos por Ian y Joy División, jamás nos separará de mantener el recuerdo de uno de los artistas más talentosos y más únicos de la historia de la música reciente.