Paolo Conte: el autor del himno alternativo de Italia

Paolo Conte: el autor del himno alternativo de Italia

Si Italia tuviera una banda sonora secreta, una que sonara en las sobremesas donde el vino y el humo del cigarro se abrazan sin prisa, esa melodía la firmaría Paolo Conte. Muchos lo conocen como ese señor elegante, de voz áspera y presencia discreta, que parece haber salido de una viñeta en sepia.

Pero Paolo Conte es mucho más: es un creador de atmósferas, un observador minucioso del deseo y la melancolía, un músico que supo vestir el jazz con palabras y darle a la canción italiana un toque singular.

Nació en Asti, en el Piamonte, el 6 de enero de 1937, en el seno de una familia burguesa donde la música formaba parte de la vida cotidiana. Su padre, abogado y pianista aficionado, fue quien le introdujo en el jazz. Conte estudió Derecho, se licenció y ejerció como abogado durante años, mientras tocaba el piano y el vibráfono en pequeños grupos locales. Durante buena parte de su juventud, la música fue una práctica casi privada, que convivía con su profesión jurídica.

Paolo Conte sentado frente a un piano
Gracias a las partituras de contrabando compradas por su padre, Paolo Conte aprendió a tocar el piano durante su juventud.

Sus primeras incursiones en la música llegaron en los años sesenta, principalmente como compositor. Junto al letrista Vito Pallavicini escribió canciones para otros intérpretes, entre ellos Adriano Celentano, quien popularizó Azzurro en 1968, ese himno que todos los italianos llevan tatuado en la memoria. Cuando la canción se convirtió en un éxito masivo, Conte seguía trabajando como abogado y aún no contemplaba seriamente una carrera como cantante. Durante esa etapa, su actividad musical se desarrolló sobre todo en círculos profesionales y de estudio, escribiendo para terceros y explorando su propio lenguaje sin exposición pública.

Su carrera como solista comenzó relativamente tarde. Su primer álbum, Paolo Conte, se publicó en 1974, cuando estaba cerca de los cuarenta años. A partir de ahí ha construido una discografía coherente y personal, con títulos como Paris milonga, Aguaplano o Razmataz, discos en los que la escritura musical y literaria se desarrolla con un tempo propio, ajeno a modas o urgencias.

La voz de Conte es áspera, grave, poco convencional para los cánones de la canción melódica italiana. Precisamente por eso resulta tan reconocible. Esa voz sostiene relatos de noches largas y personajes que habitan los márgenes.

Temas como Via con me (sí, ese «It's wonderful, it's wonderful, good luck my baby») son casi un género propio: misteriosos, teatrales, construidos desde la sugerencia, con letras que remiten a escenas urbanas y arreglos que evocan el ambiente de los clubes de jazz europeos de mediados del siglo XX.

Conte concibe sus canciones de forma visual. Además de músico, es dibujante y pintor, y esa dimensión atraviesa su obra. A lo largo de los años, la crítica ha señalado afinidades entre su imaginario y el cine de Federico Fellini, especialmente en el gusto por los personajes excéntricos, el uso de la nostalgia como material creativo y la convivencia entre lo cotidiano y lo onírico. No se trata de una influencia directa, sino de una sensibilidad compartida dentro de una misma tradición cultural italiana.

Paralelamente a la música, ha desarrollado una obra pictórica constante, durante años mantenida en un segundo plano. Dibujos, pasteles y pinturas en los que reaparecen muchos de los personajes que habitan sus canciones: músicos, bailarinas, figuras nocturnas, escenas suspendidas en un tiempo impreciso. Hasta el 1 de marzo de  2026, el Palazzo Mazzetti de Asti acoge la exposición Paolo Conte. Original, la primera gran retrospectiva dedicada a su obra plástica, con 143 trabajos sobre papel realizados a lo largo de casi siete décadas.

Paolo Conte, Ardilla, Hombre-Circo (1974; tinta negra y rotuladores policromados sobre papel grueso
Paolo Conte, Ardilla, Hombre-Circo (1974; tinta negra y rotuladores policromados sobre papel grueso.

A pesar de su reconocimiento internacional, Paolo Conte siempre ha mantenido una relación distante con la exposición mediática. Concede pocas entrevistas y, aunque no se ha retirado de los escenarios, sus apariciones públicas y conciertos son cada vez más puntuales. Cuando actúa, lo hace acompañado de músicos de larga trayectoria, en formatos cuidados y dejando que el peso recaiga en la música y el texto.

«De vez en cuando saboreo breves momentos de serenidad. Son ligeros, pasan pronto, pero a veces logro alcanzarlos. Reconocerlos. Y entonces sí, algunas veces soy feliz».

Escuchar a Paolo Conte es disfrutar de una obra construida desde la paciencia, la observación y la fidelidad a un mundo propio.

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